El superpeso

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Héctor Chávez

A principios de año, el tipo de cambio llegó a cotizarse en $9.90 pesos por dólar, mientras que actualmente está alrededor de los $9.40. Así como la debilidad del peso es siempre un tema de preocupación, la "excesiva" fortaleza también desata controversias. Para los exportadores el peso fuerte es un dolor de cabeza, mientras que para los consumidores es una bendición debido a que incrementa el poder de compra y contribuye a una baja inflación. Independientemente de la conveniencia o inconveniencia de tener una moneda fuerte, es importante entender sus causas para no sufrir desengaños.

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Durante el primer trimestre, los flujos de capital hacia los mercados financieros mexicanos fueron sorprendentemente altos. El principal factor fue el elevado nivel de las tasas de interés de México, que coincidió con una baja en las de Estados Unidos. Esta diferencia hizo mucho más atractiva la inversión en pesos que en dólares.

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Obviamente lo anterior no hubiera sido suficiente para atraer flujos de capital si no hubiera venido unido al efecto positivo que generó la percepción de que el presidente Fox "iba con todo" por una reforma fiscal que fortaleciera las finanzas del gobierno. Además de los efectos benéficos sobre el crecimiento, el saneamiento de las finanzas públicas debe provocar una baja en las tasas de interés. La expectativa de que el costo del dinero descendería en el segundo semestre del año incentivó aún más la entrada de capitales a los mercados financieros del país.

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El hecho de que otros países importantes de Latinoamérica, como Argentina y Brasil, estén presentando problemas, también provocó que algunos inversionistas eligieran a México como refugio para sus negocios.

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En consecuencia, la fortaleza de nuestra moneda es producto de la expectativa de una mejora en las finanzas públicas del país, en un entorno en el que otros países de la región están enfrentando dificultades fiscales. De ahí que la aprobación de la reforma impositiva antes de julio sea crucial para que México pueda seguir gozando de esa "inmunidad" a los eventos del resto de Latinoamérica. Independientemente de la nada trivial discusión sobre los instrumentos específicos que el cambio fiscal debe contener (incremento en el IVA, mecanismos de compensación, etcétera), el aspecto fundamental que no hay que olvidar es que debe incrementar la recaudación tributaria. Sólo de esa manera se podrá reducir la dependencia de los ingresos petroleros, disminuir el déficit público y contar con recursos adicionales que gradualmente permitan incrementar el gasto social.

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La reforma fiscal no es un capricho de los mercados, de los tecnócratas, ni del presidente Fox. Es un asunto de estabilidad macroeconómica y bienestar social.

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El autor es director de Análisis Económico de Banco Santander Mexicano.

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