El tamaño sí es importante

Producir bienes de gran volumen en México puede ser la salvación ante la competencia de Oriente.

Las empresas del sector maquilador en la frontera norte de México están pensando en grande. Tan grande como les es posible. Estas firmas, que importan componentes, los ensamblan y venden al extranjero productos terminados, siempre han dependido de la mano de obra barata. Durante más de tres décadas, las concesiones fiscales les permitieron importar sin pagar los elevados impuestos de siempre, mientras la baja apreciación de los salarios les permitía vender menos caro que los fabricantes estadounidenses.

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Hoy están bajo la fuerte presión de los jugadores asiáticos, que ofrecen costos laborales drásticamente más bajos. La admisión de China en la Organización Mundial de Comercio (OMC) creó a un competidor casi invencible. Un cambio en el régimen fiscal hace dos años, bajo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, también requirió notables incrementos en papeleo, mientras las maquiladoras tuvieron que establecer con exactitud de dónde provenían todas sus importaciones. El año pasado fue testigo del declive de las exportaciones de México a la unión americana, después de más de una década de crecimiento consistente, en tanto que China le ha dado alcance como el mayor exportador a Estados Unidos después de Canadá.

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Barbie lo supo antes
En respuesta, el sector perdió más de 20% de sus empleos. Con una mano de obra que dejó de ser un factor decisivo, las compañías deben buscar nuevas ventajas competitivas y una de ellas es el tamaño. Cuanto más grande es el producto, más difícil es sustituir a Asia por México y sostener los importes de transporte al otro lado del Pacífico.

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Mattel, el fabricante más grande de juguetes, es un buen ejemplo. Con la excepción de una planta en Wisconsin, la empresa ya no tiene fábricas en Estados Unidos. Estas mercancías (un ejemplo clásico de baja tecnología y productos de mano de obra intensiva, ideal para maquilar) solían ser uno de los elementos vitales de la economía de Tijuana. Ahora la planta Mabamex, de Mattel, es la única importante que queda. La corporación tiene otra fábrica en Monterrey; todo el resto de su producción está en Asia, mayormente en China, en donde tiene cuatro instalaciones, y en Tailandia, Indonesia y Malasia.

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Mabamex (que emplea a 6,000 personas) no es una maquiladora tradicional. Lejos de depender de la mano de obra barata, los robots hacen buena parte del trabajo. Y los juguetes tampoco son los habituales. Las muñecas Barbie solían llenar las líneas de ensamble de Tijuana. Ahora, están reservadas para los juguetes más grandes, como las casas de muñecas hechas de moldes de plástico.

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“Sabemos que hay una fuerza de trabajo barata en China –dice Gabriel Macías, jefe de Relaciones Industriales en la planta–, pero esta fábrica produce juguetes más grandes.”

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Maquilas de la tercera ola
Mabamex podría ser un buen ejemplo de lo que Jorge Carrillo, experto en el tema y profesor en el Colegio de la Frontera Norte, en Tijuana, refiere como una “maquiladora de tercera generación”. Sugiere que, habiéndose desarrollado del modelo básico de la mano de obra barata, estas manufacturas ahora necesitan parecerse a las fábricas estadounidenses, si quieren mantener su posición. Actualmente sólo una tercera parte de las empresas de la frontera están en posición de hacerlo.

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Los productos electrónicos siguen siendo la mayor industria en Tijuana, con grupos japoneses como Sharp y Sony sosteniendo enormes instalaciones. Pero incluso aquí el énfasis se ha modificado hacia la economía de escala.

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El énfasis está cambiando a los televisores de pantalla plana y HDTV. Los aparatos más grandes, que requieren empaque especial antes de ser transportados, son mucho más difíciles de importar del otro lado del Pacífico. El margen tecnológico también les comprará unos cuantos años más antes de que China pueda competir.

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Todo en un mismo lugar
La concentración de productos en un sitio también podría ser una clave para sobrevivir. Las maquiladoras mexicanas ya se han congregado en diversos grupos regionales, como el de electrónicos en Tijuana, autopartes en Juárez y electrónicos de consumo más pequeños –como controles remotos y asistentes digitales personales– en Guadalajara. Dichos clusters crean una infraestructura a su alrededor que es difícil de igualar en Asia. Por ejemplo, Tuscarora, una empresa basada en Tijuana, originalmente puso en marcha su planta para hacer empaque a termopresión y de unicel para los televisores producidos por la planta cercana de Sony. Esta firma ya no es el cliente más grande de la compañía; su producción es para otras plantas en los alrededores y ha desarrollado sofisticados sistemas de logística con el fin de transportar voluminosas pero ligeras cargas a través de la ciudad y llegar justo cuando las plantas de televisores las necesitan.

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Totalmente distinta al modelo tradicional de una maquila, la planta de Tuscarora tiene más espacio para su inventario que para sus líneas de producción. Nadie en China puede siquiera competir, al menos mientras las grandes fábricas de aparatos de televisión permanezcan en México.

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Como resultado, otra ventaja de los núcleos industriales es que tienden a traer especialización y pericia. Eso a su vez permite otra estrategia en el sector maquilador: introducir diseño a la ecuación. Los ingenieros mexicanos, al igual que los trabajadores manuales, son más baratos que sus contrapartes en el norte de la frontera. Después de muchos años de examinar la producción, los ingenieros locales y gerentes de producción saben algo sobre el control de calidad.

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Todo esto está moviendo la industria muy lejos de sus raíces. Pero eso podría ser saludable. Como plantea Alfredo Thorne, jefe de economía en América Latina para JP Moran: “La reestructuración del sector manufacturero ha sido sorprendente. Es verdad que se han perdido empleos, ese es su lado negativo. Pero hoy sus costos unitarios de mano de obra, comparados con lo que solían ser en 2001, son 30 o 40% más bajos.”

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