El tiempo que te quede libre

Nunca antes la frase:&#34Sabia virtud de conocer el tiempo&#34, tuvo una connotación tan literal.
María José Martínez Vial

A lo largo de las últimas décadas se observa cómo el mundo de los negocios se impone sobre cualquier otro. De hecho, sin duda alguna, el siglo XXI se dibuja como el de las corporaciones, los números y la información.

- En este esquema cobra protagonismo un elemento que, aunque no es del todo nuevo, tiende a condicionar, quizá sobremanera, la vida de los individuos: la competitividad. Al hombre le aterra la idea de aparecer como un perdedor. Productividad y eficacia, pues, son casi una experiencia religiosa; mientras que la frase, “el tiempo es dinero”, su credo.

- Para algunos resulta legítimo que, en la búsqueda de la tranquilidad económica, el ser humano haya decidido construir el mundo corporativo. También lo es (cada uno entiende el mundo a su manera) que una persona dedique todo su esfuerzo y tiempo a la superación profesional. Pero igual es cierto que, además de satisfacciones laborales, el modelo en el que nos sumergimos puede generar muchas frustraciones y graves problemas de salud. Piense usted en el estrés, por ejemplo.

- En determinados casos, la presión llega hasta un punto tal que la vida privada desaparece por completo. El trabajo de sol a sol se convierte en lo cotidiano. En una trampa: “Uno olvida sus placeres anteriores, se mete en una dinámica de trabajo constante y pierde cosas que, en realidad, son fundamentales para el ser humano. Por supuesto, antes o después, esa situación estalla, incluso, hasta provoca una fuerte depresión”, comenta un experto de Psicólogos Industriales Asociados, quien solicitó el anonimato.

- Y todo por el estrés
Mucho se habla del estrés pero, en realidad, ¿cómo debemos definirlo? ¿Cómo lo expondría usted? Probablemente, después de un tiempo de incómodas vacilaciones, arriesgaría una descripción ambigua e imprecisa que lo dejaría bastante insatisfecho. No se preocupe: a la medicina le ocurre lo mismo. Algunos doctores lo ilustran como “un síndrome general de adaptación”. Sin duda, la anterior es una idea que incluso ellos aceptan como incompleta, poco específica y demasiado general.

- La verdad es que, prácticamente, existe un número de definiciones para el estrés como personas hay en el mundo. Cada individuo lo sufre y llora de forma distinta. Y todas son íntimamente válidas. Aquí  lo importante es saber que el estrés es la suma de las tensiones mentales y físicas a las que nos somete cada una de las circunstancias (ya sea que representen hechos deseables y beneficiosos o indeseables y perjudiciales) de nuestra vida y que nos obligan, desde el nacimiento hasta la muerte, a reaccionar de alguna manera.

- Pero cuando las respuestas resultan insuficientes o inadecuadas, las fuerzas negativas que provocaron nuestra reacción no son completamente neutralizadas, dispersadas y se acumulan como un sedimento, como una verdadera sobrecarga que actúa negativamente y con distintos grados de intensidad e importancia sobre la salud orgánica y psíquica.

- Ahora, parafraseando un viejo refrán, aquel que dice: “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar echa las tuyas a remojar”, bien valdría la pena que, antes de morir por un paro cardiaco debido a la   carga laboral excesiva, usted conozca los problemas que están pasando los ejecutivos del Sol Naciente.

- Se dice que los japoneses son esclavos del trabajo y esa esclavitud lleva a la muerte a  10,000 nipones, por lo menos, cada año. Los decesos ocurren por el exceso de trabajo. Al fallecimiento por sobrecarga laboral se le conoce como Karoshi  y, para muchos, es la aberración de fin de siglo. Allá, decenas de trabajadores sociales dicen que millones de personas laboran para dejar de vivir.

- ¿Pero qué es el Karoshi? Es una reacción del cuerpo a la sobrecarga de esfuerzo. El cerebro sufre una hemorragia extrema, casi estalla y sobreviene una profunda insuficiencia respiratoria o cardiaca. Se puede decir que el Karoshi es el extremo del estrés. El trabajador siente fatiga extrema, su presión es totalmente anormal y venas y arterias se endurecen.

- La conclusión, dicen los expertos, es que el “milagro japonés” se ha transformado en una sobre explotación laboral. Es más, usted debe saber que la mayoría de los que mueren por Karoshi trabajan casi 80 horas semanales.

- Regálese un chance
El tema es tan de moda que en librerías y kioscos aparecen cada vez más publicaciones que invitan a “hacerse un espacio” en la agenda para satisfacer los caprichos. También existe un manual para no hacer nada: El placer de no trabajar, publicado por la editorial Gestión 2000. En él –claro, si tiene tiempo de leer– encontrará una gran cantidad de consejos para disfrutar de vida privada.

- ¿Recuerda la última vez que salió a cenar, sin prisa, con su pareja? ¿Hace cuánto que no juega baraja? ¿Sabía que su hija ya no es un bebé y está enamorada? Si recientemente llamó a su esposa por el nombre de su secretaria es recomendable que intente tomarse la vida con más calma (si sobrevive a tal error). Y  sí se puede, por lo menos, así lo demuestran los todavía pocos altos ejecutivos que han sabido superar la “neura del negocio” para dedicarse un poco más a sí mismos.

- Por ejemplo, en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) se imparten diplomados nocturnos de toda índole, y sorprenderá saber que en temas tan “poco actuales” como la literatura o la filosofía, abundan altos empresarios ávidos de cambiar de aire. Los alumnos son, en su mayoría, personas llenas de éxito y dinero que, al grito de “nunca es tarde si la dicha es buena”, se dan cuenta de la cantidad de cosas que no han hecho, por dedicar demasiado tiempo a la construcción de su imperio.

- Usted, amigo lector, intente cambiar sus costumbres y verá cómo se eleva su calidad de vida. Fije un horario de trabajo; al salir de la oficina apague el celular y redescubra el placer de tomarse una copa con los amigos sin que suene el teléfono. Quítese la corbata al llegar a casa y póngase cómodo; salga con sus hijos de vacaciones, búsquelos a la salida del colegio; lea, practique algún deporte. Haga eso que siempre quiso hacer y no pudo porque no tenía dinero. Ríase... regálese su espacio.

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