El TLC, a prueba

Recientemente el gobierno de Estados Unidos presentó una evaluación del TLC en sus primeros tres a
Alejandro Castillo

En los últimos años se ha aceptado la globalización como un hecho ineludible para la economía mundial. Los avances en comunicaciones y transportes, la creación de instrumentos financieros que han liberado importantes volúmenes de capital y la integración extrafronteras de las diversas actividades industriales –con plantas que disponen de una gran capacidad productiva– son, entre otros, los elementos que hacen obligada la operación de una economía global. En teoría, ésta debería llevar a un esquema mundial de libre intercambio. Sin embargo, los países como México no deben confiar en que así sucederá; más bien deben prepararse para un libre mercado plagado de restricciones ecológicas y sociales.

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El proceso de integración a la economía global no será sencillo y si bien como tendencia seguirá avanzando, cada vez encontrará más matices. Independientemente de las ventajas que atribuye la teoría al libre mercado, prevalecerá cada vez más el interés de los pueblos de los diferentes países –en especial de los desarrollados–, que desean obtener beneficios de sus acuerdos con otras naciones.

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Lo que ha sucedido en torno al TLC un ejemplo de ello. Recientemente, el gobierno de Estados Unidos presentó al Congreso de su país una evaluación acerca de los beneficios que produjo el acuerdo en sus primeros tres años de operación y, en términos generales, las conclusiones fueron favorables. Entre 1993 y 1996, el intercambio comercial entre los tres países integrantes pasó de $293,000 millones a $420,000 millones de dólares; también ha propiciado una mayor integración entre las tres economías y, seguramente, forma parte de las razones que explican la prolongación del auge económico de Estados Unidos.

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Pasos correctos, pero insuficientes
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A contrapelo de lo que afirman los críticos del Tratado y a pesar de que la crisis impidió un mayor incremento de las exportaciones estadounidenses al mercado mexicano, la participación de México sí brindó beneficios a Estados Unidos. Con la reducción de aranceles y la devaluación, los fabricantes mexicanos ingresaron al mercado del norte con mercancías competitivas. No es posible afirmar que esos productos compitieron con fabricantes estadounidenses, ya que los bienes que México podía vender básicamente compiten con los que Estados Unidos ya adquiría en otros países. El caso de la industria textil es ilustrativo de ese proceso, pues a partir del acuerdo comercial aumentó considerablemente sus exportaciones, hasta que se convirtió en el proveedor número uno, desplazando a los taiwaneses y coreanos. Los beneficiarios de los productos mexicanos fueron los consumidores estadounidenses.

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No obstante, esa evaluación no ha recibido la aprobación unánime de todos los sectores de la sociedad estadounidense, en donde todavía hay importantes grupos que impugnan el acuerdo –aunque con intereses encontrados–, ya que unos quisieran menos restricciones por parte de México y otros desearían más restricciones -estadounidenses. En la práctica, el efecto combinado de esas posiciones significa más presiones para que nuestro país otorgue más concesiones.

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No está de más señalar que las críticas que se han hecho al TLC en Estados Unidos podrían llegar a tener un gran peso si así conviene a la política interna de ese país, o si llega a entrar en una recesión. En ese caso sería muy difícil para México mantener su superávit comercial con el vecino del norte.

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Por cierto, las críticas que se expresaron en torno al TLC Estados Unidos son muy semejantes a las que hacen los europeos por los efectos que –en materia de empleo y bienestar– tiene el intercambio comercial con naciones con -parámetros ecológicos y sociales diferentes a ellos. De hecho, se advierte la tendencia de los países desarrollados de imponer cláusulas restrictivas al comercio con aquellas naciones en desarrollo que no cumplan con condiciones mínimas de seguridad social y protección al medio ambiente. No reniegan del “libre comercio”, pero sí lo condicionan de acuerdo con sus intereses.

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Si bien con las elecciones del 6 de julio México dio un paso en el sentido de eliminar eventuales restricciones –como la denominada cláusula democrática que impone la Unión Europea a las naciones que buscan comerciar con ese bloque– y tiene más autoridad -para negociar en el exterior, eso no es suficiente.

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Por otra parte, será muy difícil que en sus negociaciones con otros bloques México logre las ventajas que obtuvo en el TLC con el agravante de que éstas se podrían perder a medida que las concesiones que logró se generalicen a otros países.

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