El TLC en su laberinto

México debe recorrer un camino largo y pedregoso para mantener su superávit comercial con Estados
César Martínez A.

A tres años de haber entrado en vigencia el Tratado des Libre Comercio de Norteamérica (TLC), México no puede congraciarse mucho de sus resultados, fundamentalmente en lo que concierne a sus exportaciones hacia Estados Unidos.

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Hace algún tiempo que en el avance exportador de México dentro de este convenio comercial se perciben ciertos elementos de incertidumbre. Ellos tienen que ver, sobre todo, con las contradicciones del gigante del norte, paradigma del libre comercio que, paradójicamente, teje una gruesa alfombra para proteger a sus productores presuntamente amenazados, en particular cuando, desde su óptica, el país exportador (en este caso México) se "pasa de la raya".

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Este "pasarse de la raya" por parte de los exportadores mexicanos parece tener un cierto asidero en la realidad. El auge de la venta de productos y bienes a su principal socio comercial compensó la caída del consumo interno, sobre todo desde la crisis de 1994. Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), las exportaciones a Estados Unidos medidas en dólares corrientes crecieron 20.3% en 1994, 28% en 1995 y 19.9% en enero–agosto de 1996 (último dato disponible al cierre de esta edición). Dichas ventas representaron 83.6% de las exportaciones totales de México en 1996 (84.1% en 1995), mientras que en 1982 significaban 50%, lo que revela la creciente dependencia comercial con ese país.

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En tanto, el saldo de la balanza comercial con Estados Unidos, que había sido deficitario entre 1989 y 1994, al año siguiente favoreció a México en $12,531 millones de dólares, según INEGI y, aunque su crecimiento se ha desacelerado, en los primeros 10 meses de 1996 acumuló un superávit de $14,020 millones de dólares, según el Departamento de Comercio estadounidense.

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Analistas de ambos países afirman que este abultado saldo favorable a México atiza las controversias respecto a los productos mexicanos en el mercado del norte. Entre estos destacan el jitomate, el atún, el aguacate, el autotransporte de carga, el acero, el cemento y las escobas de mijo. Muchas opiniones sobre estos conflictos han puesto en tela de juicio la voluntad de reciprocidad estadounidense respecto al libre comercio.

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Víctor Manuel Díaz Romero, presidente de la Confederación de Cámaras Industriales de México (Concamin), es directo: "Hay una actitud proteccionista de parte de Estados Unidos" en el campo comercial.

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Más neutral, Willard Beeson, presidente de la Cámara de Comercio México–Estados Unidos, sostiene que las controversias se deben interpretar como "ajustes al TLC", y que en ambos países, así como en Canadá, hay defensores y detractores del acuerdo tripartita.

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En su última edición internacional, de noviembre pasado, el semanario -Business Week argumenta que existe un nacionalismo económico creciente en Estados Unidos y que el elevado déficit de esa nación con Canadá y México conjuntamente, irritará a los proteccionistas del Congreso, en Washington.

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EL PORQUÉ DE LAS PRESIONES
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Según Luis Muñoz cano, director general de la exportadora mexicana de alimentos Del Monte, el origen de las controversias "es un problema de mercado y de competencia".

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Uno de los casos más sonados ha sido la acusación estadounidense contra el jitomate de invierno mexicano por presuntas prácticas -de dumping. Muñozcano sostiene que no puede haber dumping (vender a precios por debajo de los costos de producción) porque es muy difícil establecer el precio de este producto debido a su continua fluctuación. Lo que sí es cierto es que los productores sinaloenses reaccionaron mucho más rápido que sus pares de Florida (los dos que acaparan este rubro) a los cambios del mercado y, por lo tanto, son más competitivos.

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En el mismo sentido, Díaz Romero piensa que la verdadera razón de las disputas con el país del norte es en muchos casos la presión de grupos económicos regionales, que se ven perjudicados por la entrada de productos mexicanos más competitivos que los suyos.

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Y Beeson, a su vez, considera que la actitud de los proteccionistas estadounidenses en los conflictos comerciales se debe a la falsa creencia de que los mexicanos "les vamos a sacar chambas". Sin embargo, dice, no reparan en que, como ha dicho el propio embajador James Jones, el TLC ha creado en su país más de 300,000 empleos en los tres años de vigencia.

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Agrega que a Estados Unidos le conviene impulsar el TLC para evitar el ingreso de ilegales mexicanos, porque por cada $1,000 millones de dólares más que México exporte "puede crear tal vez cientos de miles de puestos de trabajo, evitando que crucen la frontera".

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Sin embargo, hay otros elementos que entreveran la baraja, como por ejemplo, el sistema político estadounidense. En la conferencia celebrada en Washington en septiembre de 1995, -El TLC y las elecciones en EU: una evaluación trinacional de progresos, perspectivas y riesgo, varios empresarios y académicos, entre ellos el presidente de la conferencia, Sydney Weintreaub, politólogo de la Universidad de Texas y experto en relaciones comerciales México–Estados Unidos, criticaron a su gobierno por postergar la resolución de los conflictos comerciales con su socio del sur debido a las elecciones de noviembre pasado.

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Ejemplo de ello es la demora que ha habido para eliminar las limitaciones al libre tránsito –violatorias del TLC y vigentes desde 1995– de los autotransportistas de carga mexicanos. Según Beeson, esto se debe a que la AFLCIO, la federación sindical más fuerte de Estados Unidos, aportó $60 millones de dólares para la campaña de Clinton, lo que presionó a diferir la solución del conflicto.

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Muñozcano afirma que "hay grupos económicos que gastan millones de dólares en hacer cabildeos en Washington" y que los legisladores deben, en contrapartida, defender sus posiciones. De este modo, tanto en el año electoral como en el anterior es casi imposible solucionar problemas comerciales.

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APRENDER A DEFENDERSE
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Las normas de conciliación de diferendos comerciales, así como las medidas contra las prácticas desleales, están previstas en el TLC (primero consultas y luego paneles de expertos). Pero, como dice -The New York Times en su editorial del 3 de diciembre pasado: "Los paneles judiciales sobre querellas comerciales trabajan siempre en favor de Estados Unidos".

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Sin embargo, el gobierno mexicano no se ha quedado cruzado de brazos. El 12 de diciembre incrementó algunos aranceles a la importación, en represalia por la medida de salvaguarda aplicada por su vecino a la importación de escobas de mijo. También denunció a este país ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), por violar sus reglas en el caso del jitomate. Además, la Unidad de Prácticas Comerciales Internacionales de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi) asiste a los exportadores locales en sus conflictos internacionales

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Muchos observadores mexicanos creen que ante estas acciones, en Washington no sienten ni cosquillas. Al respecto, Muñozcano aconseja "aprender a luchar con los mismos argumentos que ellos, sofisticándonos en la forma de atacar y defendernos".

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En todo caso, y pese a los escollos, los empresarios consultados están optimistas porque creen que las perspectivas de crecimiento exportador son auspiciosas. Pero admiten que subsiste una cuota de incertidumbre en el comercio con Estados Unidos.

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Para Beeson, las posibilidades comerciales de México son ahora mejores que nunca, en particular para las exportaciones agrícolas del sureste del país. Aunque indica que se van a hacer algunos ajustes al TLC: "¿Cuáles van a ser? Quién sabe, todavía".

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También para Díaz Romero las perspectivas son muy buenas, "a pesar de que el cambio abrupto de una economía cerrada a la apertura rápida y fuerte rompió cadenas productivas y descalabró la competitividad". Según él, las ramas con mayor futuro son la automotriz (y, genéricamente, la metalmecánica); metálica básica (como laminados de acero y tuberías de alta presión); minería; petroquímica; agroindustria; muebles y derivados de la madera; textil (en particular la de confección) y peletería.

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Muñozcano señala que mientras algunos sectores tienen muy buenas posibilidades de crecer en exportaciones, por su alta competitividad, otros enfrentan problemas de modernización y tecnología que retrasan su desarrollo. Aún así, estima que el futuro para México dentro del TLC es positivo, aunque "habrá muchas piedras en el camino".

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Cabe interrogarse si no sería conveniente aprender las lecciones del vecino del norte en cuanto a aplicar una política de libre comercio sin desarticular la industria nacional y a enfrentar las disputas en buenas condiciones.

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