El vulnerable sector externo

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Alejandro Castillo

A medida que se da a conocer nueva información acerca del comportamiento del sector externo, se confirma la existencia de un ambiente muy distinto al que prevaleció hasta junio de 1997. Entonces, México podía colocar con relativa facilidad sus productos en el exterior, había gran disponibilidad de capitales en los mercados financieros internacionales y el tipo de cambio del peso contra el dólar permanecía relativamente estable. Sin embargo, ahora la situación se ha modificado y, por tanto, obliga a realizar ajustes en los equilibrios macroeconómicos.

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Como consecuencia de las turbulencias generadas por la crisis que afecta a algunos países asiáticos se prevé una reducción en los flujos de inversión hacia los mercados emergentes y un incremento de la competencia en el intercambio de bienes y servicios.

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Un reflejo de esa situación ya se presentó en el caso del petróleo. Lejos de aumentar la demanda, como había pronosticado la Agencia Internacional de Energía a finales de 1997, al comenzar este año se hizo evidente que se había equivocado pues no tomó en cuenta, entre otros factores, la disminución del consumo en los países asiáticos. Por esa razón y por las mejores condiciones climáticas, la sobreoferta y consiguiente caída en los precios del crudo no se hicieron esperar.

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Excluyendo lo que sucede con el petróleo, ya hay algunos indicios de que los capitales buscan destinos más seguros. También es probable que los inversionistas extranjeros comiencen a reconsiderar la realización de proyectos, dado que las condiciones de sobreoferta afectan no sólo a la industria petrolera, sino también a otras ramas industriales y de servicios. Por último, ya se observa una menor competitividad de las exportaciones mexicanas y, en especial, un aumento de la agresividad de los productores foráneos para ganar mercados.

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En el caso de la inversión extranjera, la cuenta de capitales de la balanza de pagos al primer trimestre creció 19.7% con respecto al mismo periodo del año pasado, para quedar en $2,041 millones de dólares. Aunque es un comienzo que supera considerablemente el registro que tuvo el país durante todo 1997 –cuando alcanzó la cifra récord de $12,478 millones de dólares–, será difícil que en este año la inversión directa se acelere para rebasar esa cifra al cierre de diciembre. No se debe olvidar que en 1997 esta inversión fue muy alta, sobre todo en el tercer trimestre, gracias a la venta de activos de empresas líderes como Cifra, Cigarrera La Moderna y Cervecería Modelo.

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En cuanto a la inversión foránea de cartera, ésta sumó $3,030 millones de dólares, de manera que creció 11.3%. Al desglosar su composición, se comprueba que no ha contribuido a mejorar las condiciones del crédito en el país y más bien tiene un fuerte contenido especulativo: los capitales que llegaron a la bolsa disminuyeron en 69%, de $793 a $243 millones de dólares; en cambio, los que se dirigieron al mercado de dinero aumentaron 112%, hasta $792 millones. Si bien no se informa a qué plazos están esos recursos, es de suponer que una fracción importante se colocó al más corto.

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Por su parte, los valores emitidos por el gobierno cayeron 2%, pero los colocados por el sector privado bancario y no bancario aumentaron 83%, hasta llegar a $1,012 millones de dólares. Tomando en cuenta la turbulencia que prevalece todavía en los mercados y que en los primeros días de junio ya llevó al tipo de cambio a niveles cercanos a $9 pesos por dólar, la emisión de valores –que puede ser un termómetro de la confianza en el país– representa un gran riesgo para la empresa emisora, ya que no tiene la seguridad de generar las divisas suficientes para darle servicio y, en su momento, liquidarla o renovarla.

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Ese comportamiento de la cuenta de capitales ya deja entrever que no será fácil generar los recursos que se requieren para satisfacer los compromisos que tiene el país.

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CRECE EL DÉFICIT
Paralelamente a lo anterior, las cifras correspondientes al periodo enero-abril muestran que mientras las exportaciones crecen a una tasa de sólo 10.7%, las importaciones lo hacen en 23%.

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La relación se modifica si se excluye el efecto que tuvo la fuerte caída en los precios del crudo –los ingresos por ventas petroleras cayeron 32%, $1,242 millones de dólares menos que en el primer cuatrimestre de 1997–, ya que en ese caso las exportaciones aumentan a un ritmo de 17% y se reduce la diferencia con respecto a la velocidad con que crecen las importaciones. De cualquier modo, éstas aumentan más rápido.

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El efecto de esas combinaciones conduce, de una u otra forma, a un crecimiento acelerado del déficit de la balanza comercial. Si se incluye el valor agregado por las maquiladoras, el saldo negativo fue de $2,141 millones de dólares; sin considerar a las maquiladoras, el déficit pasó de $928 millones de dólares a $5,318 millones; de ese déficit, sólo 23% se explica por la baja en el precio del petróleo.

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Ese comportamiento, en que las importaciones crecen más rápido que las exportaciones, se observa desde que comenzó el proceso de sobrevaluación del peso y, a estas alturas, ya se refleja en cualquiera de los desgloses que se quiera hacer, excluyendo a las maquiladoras. Así, mientras que las ventas al exterior de bienes manufacturados aumentaron a una tasa de 13.4%, las compras de bienes de consumo crecieron 39%, las de bienes intermedios 20% y las de bienes de capital 28%.

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En esas condiciones, a menos que se profundice el ajuste interno o se produzca una devaluación mayor, seguirán el deterioro de la balanza comercial y las dificultades para generar los recursos que permitan cubrir los compromisos financieros del país.

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Por lo pronto, todo indica que el deseo de las autoridades es propiciar ajustes equilibrados, que no descansen sólo en una contracción del crecimiento o en un deterioro de la balanza comercial. Eso llevaría a suponer que no ven con malos ojos el ajuste que registró el tipo de cambio en las últimas semanas y que, incluso, estarían dispuestas a asumir una inflación mayor a la meta de 12% al cierre del año. Por otra parte, se debe hacer notar que la depreciación del peso, que lo ha ubicado alrededor de $9 pesos por dólar, si bien reduce la sobrevaluación y la desventaja que tienen los fabricantes locales frente al exterior, no la elimina y todavía mantiene una sobrevaluación cercana a 10%.

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El autor es editor ejecutivo de Tendencias Económicas y Financieras (TEF), boletín semanal de análisis para la dirección de empresas publicado por el Grupo Editorial Expansión.

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