Electricidad de Francia. Una estatal ace

La firma europea basa sus esperanzas en las deficiencias eléctricas de México ... y tiene buenas r
David Shields

La primera apertura del sector eléctrico en México, aunque limitada, es aprovechada ampliamente por la estatal Electricité de France (EDF). Para principios de 2002 operará tres grandes centrales generadoras en el noreste de México, y cuanto más se abra el sector, más oportunidades habrá para la empresa.

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La complementación es perfecta: el sector necesita de mucho capital y los franceses lo tienen y lo quieren traer a México.

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Si bien la apertura es parcial en la generación de electricidad, ahora el gobierno de Vicente Fox propone una participación más amplia que, por cierto, no sería muy diferente a la del modelo eléctrico francés. La semejanza consiste en que el Estado mantendría el control de la red de transmisión, pero el resto –no sólo la generación, sino también la distribución y comercialización– se abriría a la inversión privada.

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Frente al cambio propuesto, la posición de EDF es clara. “Seguiremos invirtiendo en todos los nichos que abra el sector. Queremos continuar haciéndolo en generación, pero también en distribución. El capital está disponible, le toca al gobierno mexicano establecer sus prioridades”, establece Cintia Angulo de Leseigneur, representante de la firma francesa en México.

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La funcionaria considera que la industria eléctrica tiene que pasar por un periodo de transición, el cual implica que la red se mantenga en manos de la empresa pública (con lo cual el Estado controla la industria), el resto debe concesionarse. “No hablo de privatizar las centrales existentes –dice–, sino de crear un sistema en que poco a poco se retira la infraestructura obsoleta y se logran eficiencias.”

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En los próximos años la intención de EDF será consolidarse en América del Norte, y quiere empezar ese objetivo siendo líder en plantas productoras independientes (IPP) en México. La pretensión es ser uno de los tres primeros generadores IPP que construya, además de operar, las instalaciones que generen entre 3,000 y 4,000 megawatts (MW); es decir, el equivalente a 10% de la capacidad ya instalada en México. Tal estrategia de mediano plazo se basa en la planeación actual de licitaciones elaboradas por la Compañía Federal de Electricidad (CFE), cuya finalidad es generar 18,000 MW en los próximos 10 años.

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“Si las autoridades deciden que en lugar de 18,000 MW, serán 25,000, 30,000 o 40,000, tendríamos que aumentar nuestra participación (o sea, 10%) para mantener el liderazgo en la producción independiente en México. Por lo tanto, nuestra estrategia dependerá de las decisiones que tome el gobierno en los próximos meses. Veremos si continuarán las licitaciones de IPPS y por cuántos megawatts, o si se cambia la Constitución y se pasa a un esquema de mercado abierto”, plantea Angulo.

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En otras palabras: en la medida en que aumente el techo, EDF redefinirá su posicionamiento en México en términos de volumen de capital y construcción de capacidad de generación.

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Según Luis Téllez, secretario de Energía saliente, las licitaciones tipo IPP no son positivas para el país en periodos prolongados, debido a que los proyectos están garantizados con un contrato de largo plazo de compraventa de electricidad por parte de la CFE. Esta “deuda contingente”, en su opinión, ya llegó a un alto nivel de riesgo, es aceptado hasta ahora por el gobierno federal. Pero, avizora, la única opción real hacia delante es un mercado abierto de electricidad.

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La Comisión, en cambio, resalta la urgencia de iniciar el programa de licitaciones tipo IPP previsto para el año 2001, a fin de atender el suministro de energía a partir de 2005. Por lo pronto, sin el cambio constitucional que promovió primero Ernesto Zedillo y ahora Vicente Fox con miras a crear ese mercado, las licitaciones continúan como la única fórmula para atraer nueva inversión.

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Bajo esta tesis, empresas como Intergen, Unión Fenosa, Iberdrola, y desde luego EDF, se enfocan en proyectos IPP al tiempo que expresan su voluntad de seguir invirtiendo en México, ya sea bajo ese esquema o sujetas a las condiciones de un mercado abierto. Angulo señala no obstante que, en el caso de que se pase al segundo esquema, en el que el inversionista –y no el gobierno– asume todo el riesgo, repercutiría en un costo más alto de producción de la electricidad.

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En suelo mexicano

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En opinión de Eduardo Andrade Iturribarría, presidente de la Asociación Mexicana de Energía Eléctrica, EDF ha sido “una empresa muy competitiva y formadora de precios” para los proyectos IPP. A su vez, el esquema es “muy ingenioso y ha atraído ofertas y tasas competitivas, pero empieza a agotarse”. Lo anterior se observa en el hecho de que hay cada vez menos concursantes en las licitaciones y los precios ofrecidos se incrementan. Además, implica demasiados trámites, opina.

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Andrade aboga por un mercado eléctrico totalmente libre, que sería más diversificado, con más jugadores y compradores de energía. “Si se abre el mercado, espero que EDF siga participando y ayude a consolidarlo”, dice.

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“Es la empresa que ofrece los precios más bajo en los proyectos IPP, lo cual significa que reduce mucho su margen de beneficio a fin de posicionarse en el mercado local”, señala Víctor Rodríguez Padilla, investigador en energía de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Ingeniería, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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La empresa francesa “siente que el mercado mexicano tiene un gran potencial, por eso quiere estar dentro, y ya lo logró –dice Padilla–; tiene ventajas adicionales en caso de que el mercado se abra más. Posiblemente piensa que podrá convertir sus centrales tipo IPP (esquema en el que el gobierno asume los riesgos) a centrales de mercado (merchant plants), en las que la compañía los asume. Si así fuera, podría ser aceptable para EDF y otras empresas, porque sus ganancias serían mayores”, afirmó.

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En 1998 y 1999, la compañía francesa ganó las licitaciones públicas para la construcción de las centrales de ciclo combinado Saltillo, de 225 MW, y Anáhuac (Río Bravo ii), de 495 MW. Después, en abril de 2000, adquirió una participación mayoritaria de 51% en la sociedad Eléctrica Águila de Altamira, creada por el japonés Mitsubishi Corp., para el proyecto Altamira ii. Si bien Mitsubishi ganó la licitación de ese proyecto, EDF participará como asistente en la construcción del complejo y explotará la central de 496 MW.

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De esta manera, al tener las tres centrales en operación en mayo de 2002, los franceses contarán con una capacidad instalada de 1,250 MW. Las centrales implican inversiones por $650 millones de dólares ($220 millones en Anáhuac; $152 en Saltillo, y $278 millones en Altamira ii) y estarán listos entre 2001 y 2002. EDF recuperará la inversión a través de un contrato de 25 años con la CFE, que pagará los kilowatt-hora generados. Así, se obtendrán rendimientos financieros producto de las inversiones en las centrales y de la capacidad de explotación y operación de las mismas.

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Los proyectos ganados en México y en otros países desmentirían el concepto de que se trata de una ineficiente compañía estatal. Se le conoce como apta para ensamblar y operar de modo rentable al hacer adecuadas elecciones técnicas, organizacionales y bancarias, y el hecho de que hasta ahora haya obtenido, sin socios inversionistas, el financiamiento de sus proyectos mexicanos le presenta ventajas: participa como operador, constructor y ensamblador, asumiendo al mismo tiempo todo el montaje financiero.

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Que fluya la energía…

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Muy en su papel, la meta de EDF es que se permita la apertura al capital privado, además de la generación, a otros segmentos de la industria; la expectativa es que México necesitará capacidad para responder a incrementos anuales en la demanda de 6 o 7%, por lo que la empresa tendría oportunidades.

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A juicio de Angulo, “el problema no está sólo en la generación y en licitar tantos megawatts por año, sino en transportar esa energía para llevarla a los usuarios con un servicio de calidad, sin interrupciones, con tarifas adecuadas y competitivas. Aún hay grandes deficiencias en México en cuanto al transporte y la distribución de electricidad. Y estos problemas son quizá más importante que la misma generación”.

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Juzga que la transmisión es deficiente, frágil, debido a que o no existe una red suficiente o hay cuellos de botella que impiden la salida de la energía. Se explica: “Uno puede producir a tope en las centrales, pero si no se puede sacar la energía hay pérdidas que acaban encareciendo el costo del kilowatt-hora, las cuales perjudican al usuario doméstico e industrial.”

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Cuestiona la intención gubernamental de resolver parte del problema eléctrico con base únicamente en IPPs. Angulo formula: “¿De qué le servirá (al gobierno) tener 40,000 MW nuevos, cuando no pueden ser transportados eficientemente, sin pérdidas técnicas y económicas, para que puedan darse tarifas más competitivas?”

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Insiste en que a pesar de que se habla mucho de una crisis que se traduce en apagones, cortes y bajadas de switches en muchas empresas, la generación no es el principal lío. “Por eso vemos que los nichos para empresas como EDF son más amplios. Se necesitan inversiones en la red, en distribución y comercialización de la energía, y el gobierno de Fox deberá definir cuáles son las posibilidades de participar en esos otros segmentos.”

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Igual al francés

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La apertura propuesta por Fox admitiría el capital de riesgo en todos los segmentos de la industria eléctrica –excepto en la transmisión–, sin que ello implique la privatización de las empresas estatales. Incluso se abriría la comercialización de energía al usuario final, algo no previsto en la propuesta de Zedillo, y se aseguraría la debida participación de los generadores privados en el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), organismo encargado del despacho del fluído.

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Por lo mismo el modelo francés, con apertura total excepto en transmisión, se asemeja a la solución de mediano plazo, o sea, de transición que promueve Fox para resolver los problemas de la electricidad en México. “La diferencia entre Francia y México es que estamos en niveles diferentes, no comparables. Francia está sobre equipado en infraestructura y hay excedentes de electricidad, mientras que México es deficitario, con márgenes de reserva reducidos. En Francia, EDF tiene quizás el servicio de transmisión y distribución más eficiente del mundo, pero la Compañía de Luz y Fuerza y la CFE tienen una infraestructura vieja e insuficiente, por lo que están muy lejos de alcanzar esos parámetros”, señala Angulo.

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México, efectivamente, aún tiene que equiparse eléctricamente. La situación del país europeo es diferente debido a que, después de la Segunda Guerra Mundial, aprovechó sus grandes compañías públicas como punta de lanza para apoyar y orientar la industrialización, impulsando así muchas pequeñas y medianas empresas que prestaban sus servicios a las primeras. A diferencia de la Francia de entonces, que tenía los medios para que los entes estatales fueran puntales del desarrollo, hoy el Estado mexicano carece de las herramientas económicas para fortalecer y modernizar a sus empresas públicas.

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“Creo que un país es privilegiado cuando tiene las opciones para elegir, pero México, hoy, no las tiene –dice Angulo–. Necesita industrializarse y tener una planta productiva. Para ello, requiere insumos fundamentales como electricidad y gas, pero no puede desarrollar esa infraestructura con sus propios medios. Además, la prioridad del Estado es educación, salud, vivienda, no poseer y operar centrales eléctricas.”

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Nadie dijo que el diagnóstico sobre la situación del país que tiene EDF fuera agradable de oír. El hecho es que hay problemas cuya solución requiere de fuertes inversiones. La pelota está en la cancha del gobierno foxista; deberá decidir sobre los esquemas más expeditos y convenientes para crear un sistema de generación y distribución de electricidad que palíe los rezagos actuales. En la medida de que las soluciones se difieran, éstas tendrán que ser, quizá, más drásticas. 

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