Empresario por los cuatro costados

Salón del empresario 2003
Javier Peñalosa

CARLOS PRIETO
(1898-1993)
Fundidora de Monterrey

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Don Carlos Prieto y Fernández de la Llana era un hombre polifacético, a quien le interesaban muchas cosas –y cada una de ellas de manera particular–. Además de ser parte de una familia de empresarios, él mismo tenía una profunda vocación para los negocios que iba más allá de obtener buenos resultados, pues sus proyectos sociales, científicos y culturales fueron tan destacados como el crecimiento de la compañía a la que dedicó su vida.

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En 1923 su tío, don Adolfo Prieto, quien a la sazón era el presidente de la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, lo invitó a México en su calidad de abogado, para que realizara algunos contratos y arreglara asuntos legales de la firma. Venía por un mes, pero al poco tiempo se hizo cargo del departamento legal para, con el transcurso de los años, convertirse en presidente y director general de lo que hoy en día se conoce como Fundidora de Monterrey.

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Al tomar las riendas de la administración, en 1945, la organización producía 142,300 toneladas de acero. Al momento de su jubilación, rebasaba el millón de toneladas.

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Su visión llevó al corporativo a instalar una planta de acero plano que complementaba la oferta existente de rieles, perfiles estructurales y comerciales.

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Fue responsable de organizar más de 25 empresas en torno a la siderúrgica. Fundó negocios como la mina Hércules en Coahuila, y contribuyó al desarrollo del Cerro del Mercado en Durango. Impulsó la explotación del carbón mineral, caolines, manganeso, espato flúor y otros. Asimismo, estableció diversas firmas en el ramo de la construcción y los bienes raíces.

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A instancias suyas, Nippon Steel, Mitsui y Mitsubishi decidieron asociarse con la Fundidora y suscribir acuerdos de ampliación de capital. Fue uno de los fundadores del Instituto Latinoamericano del Fierro y el Acero.

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En su quehacer financiero destaca la creación del Banco Popular de Edificación y Ahorros, la Central Financiera y su participación como consejero del Banco de México y miembro del Comité Asesor Internacional del Chase Manhattan Bank.

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La otra faceta de don Carlos, la de la cultura, no fue menos fecunda ni rindió menos frutos que la económica. La música fue y es parte fundamental de la vida de los Prieto. Juan Luis Prieto recuerda cómo, desde los cuatro años, su familia y él tocaron centenares de veces los cuartetos de cuerdas de Beethoven. Carlos hijo, al igual que su padre, se dedicó a la actividad empresarial durante muchos años, pero finalmente optó por la música y es un virtuoso del violonchelo que ofrece actuaciones como solista en todo el mundo. De igual manera, su nieto Carlos Miguel es un reconocido director de orquesta.

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Juan Luis evoca a su padre como una persona profundamente interesada en la historia. Fue autor de dos libros sobre estas cuestiones: La minería en el Nuevo Mundo y El Océano Pacífico; navegantes españoles del siglo XVI. Para escribirlos, realizó un gran número de viajes de investigación.

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A mediados de los 40, un aterrizaje forzoso lo llevó a Gutiérrez Zamora, Veracruz. Se enamoró de la región y concluyó que podían cultivarse cítricos. Compró unas cuantas hectáreas de tierra y llevó arbolitos de Nuevo León. Su empeño contagió a mucha gente y al paso del tiempo se convirtió en una de las regiones citrícolas de mayor importancia.

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Seguramente esta semblanza resulta injusta, pues deja fuera muchas facetas importantes de la vida de un hombre a quien nunca se le vio perder un minuto. Y si tomamos en cuenta que don Carlos Prieto vivió casi un siglo, las omisiones ciertamente son enormes.

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