En busca de El Dorado

Los directivos ya no pueden darse el lujo de actuar sólo por la aventura.
Carlos Malagón-Kamel

El nuevo entorno genera fórmulas diversas para prosperar o estancarse como profesional. Por ejemplo, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, el ejecutivo actual experimenta una mayor movilidad como resultado del boom de las fusiones y adquisiciones, reestructuraciones corporativas, alianzas estratégicas y demás transformaciones empresariales.

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Muchos directivos entraron a la dinámica del ir y venir por el mundo de la gerencia gracias a las asignaciones internacionales. Otros, también con la idea de progresar en sus carreras, apostaron a internet y realizaron su sueño de empresarios en los ciberarranques (startups) o firmas punto com.

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Sin embargo, y aquí un consejo, por ninguna razón el ejecutivo debe improvisar un cambio a otra compañía o aceptar una reubicación de manera automática. ¿Por qué? Simple, porque en cada movimiento o maniobra gerencial puede avanzar, retroceder o hasta perderse en el mundo corporativo.

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Y es que para nadie es un secreto que si el empleado es promovido en forma regular, al menos proyecta la imagen de ser una pieza importante en los resultados de la empresa. En contraste, cuando la persona lleva más de cinco años en el mismo puesto es imposible lograr una fama de gran productividad, sobre todo, si está en el escalafón de la gerencia media (middle management). Hay que subrayar que ese nivel debe ser sólo una etapa transitoria cuando existen las reales ambiciones de alcanzar un sitio en la alta dirección, incluido el título de director general.

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¿Pero cuáles son algunos de los momentos que definen el trayecto futuro? En términos generales, digamos que el ejecutivo experimentará las siguientes situaciones:

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  • Cambio de empresa por vez primera.
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  • La promoción después de varios años de no recibirla.
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  • Una urgente reubicación, o porque está fuera del mercado corporativo, o porque sufrirá un despido debido a la reestructura gerencial de su compañía.

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Desgraciadamente, los ejecutivos cometen errores tácticos, en mayor o menor grado, en aspectos relacionados con la movilidad gerencial, el ascenso corporativo y marketing personal.

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Entre las fallas más comunes:

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  • Profusa dependencia hacia su actual compañía. Es decir, permiten que su avance se estanque al dejarse convencer, ingenuamente, por vagas e inciertas promesas o expectativas de desarrollo.
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  • Exceso de permanencia en su empleo y organización actuales. Pierden tiempo valioso y dejan escapar oportunidades magníficas para trabajar en otras empresas.
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  • Mapas erróneos. Utilizan rutas de ascenso que no conducen a niveles directivos y que, además, techan su avance.
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  • Error de cálculo. Se reubican en empresas anticuadas, desconocidas (sin brand-name) o en descenso, cuando previamente habían trabajado para compañías Fortune 500 o, al menos, reconocidas en el ámbito internacional.

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En otras palabras, para evitar que su futuro gerencial se resuelva según los términos de terceros, el ejecutivo actual debe manejar la movilidad gerencial bajo sus propios términos y única conveniencia.

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Todo empleado tiene el derecho y la obligación de situarse, lo más pronto posible, en las rutas que lleven con mayor velocidad hacia el grupo de la alta dirección. Incluso, el puesto de Chief Executive Officer (CEO), dentro de alguna corporación global, no tiene que ser un sueño alejado de sus expectativas. Sin embargo, debe medir bien el tiempo idóneo para la reubicación.

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Un ejecutivo, pues, tiene que evitar y anticipar cualquier movimiento que pueda tomarlo por sorpresa. Aunque, eso sí, un cambio ascendente y acertado en una empresa de clase mundial toma tiempo, a veces más de lo usual. Serenidad y paciencia.

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