En busca de la fortaleza

¿Quién está preparado para enfrentar los tiempos difíciles?
Alejandro Castillo

Nada es para siempre. No hace mucho, empresas que hoy están en problemas se ubicaban entre las más grandes, sólidas y admiradas de México. Savia, Cydsa, Dina y otras firmas debieron tomar medidas otrora impensables para mantenerse a flote, y no siempre lo lograron. Sus problemas no son nuevos, pero se han complicado con la desaceleración de la economía y la fortaleza del peso frente al dólar.

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A contrapelo de lo que auguraban corredurías y funcionarios gubernamentales, en el sentido de que la economía del país se recuperaría junto con la de Estados Unidos en la última parte de 2001, ahora ha quedado claro que ninguna levantará cabeza durante el resto del año, aunque si todo marcha bien mejorarán en 2002, pero muy lentamente.

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Analizar la situación que registran las organizaciones que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) permite sopesar su capacidad para sortear las dificultades que han impuesto, de manera progresiva, la menor demanda externa, el declive de la producción y la caída del consumo interno. Este es un ejercicio que se realiza a partir de la información que proporcionaron 136 empresas a la BMV.

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Las cifras revelan la menguada condición de estas compañías y demuestran que no es momento favorable para la actividad empresarial en general. Aunque en el primer semestre sus ventas registraron en conjunto un crecimiento de 6.5% respecto al año anterior –avance muy superior al del Producto Interno Bruto (PIB) en el mismo periodo, de sólo 0.9%–, no todas las emisoras tuvieron el mismo comportamiento. Hay sectores en donde se muestra una fuerte baja en la facturación; es lo que sucede en las industrias automotriz y de autopartes, construcción, entretenimiento, minería, papel y celulosa, química y petroquímica, siderurgia, vivienda y textil. Otros ámbitos tuvieron un desempeño pobre; es el caso de alimentos y comercio especializado. En contraste, algunos mejoraron su actividad: bebidas, cemento, turismo, comunicaciones y tiendas de autoservicio.

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Los de peor desenvolvimiento fueron los segmentos más vinculados a la demanda externa, en tanto que los relacionados con el mercado interno se pudieron beneficiar de la inercia del consumo de la primera parte de 2001.

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Al comparar las cifras del primer semestre de 2000 con las del mismo lapso del actual, se observa que el porcentaje de las empresas que mejoraron sus ventas pasó de 71% del total hace un año a sólo 40%. Asimismo, 72% de las compañías registraron entonces un incremento en sus exportaciones, mientras que 12 meses después sólo lo hicieron 30% de ellas. De enero a junio de 2000, 55% de las firmas robustecieron también sus inversiones, pero en 2001 el grueso se encogió y sólo 39% fortalecieron sus activos. Esto, no obstante, se reflejó en una baja en los pasivos de la mayoría.

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Costos y beneficios

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Como en otros periodos, las organizaciones se vieron obligadas a sacrificar su margen de operación con el fin de mantener su posición de mercado, aunque esa estrategia encuentra su límite en los requerimientos de la actividad misma. Así, el resultado operativo (ingresos menos costos y gastos) se redujo 1.6% y el margen (dicho resultado sobre ventas) bajó de 15.8% en el primer semestre de 2000, a 14.6% en igual lapso de 2001.

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Entre enero y junio pasados las empresas se beneficiaron de una disminución en el costo integral de financiamiento. La baja en las tasas de interés, tanto en el país como en el exterior, ha contribuido a reducir el costo de la deuda para las firmas que adoptaron medidas de reestructuración de pasivos y mejoraron su calendario de pagos. Esa circunstancia permitió elevar 11% el resultado neto del conjunto de emisoras.

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Las compañías desincorporaron algunas de sus filiales, de suerte que los activos totales del grupo cayeron 5.6%, aunque sus pasivos se redujeron sólo 1.3%. Las firmas no lograron impedir el deterioro en su posición financiera y el apalancamiento (pasivo total/activo total) aumentó de 50% a 53.7%.

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También se ha observado una baja en los precios de las acciones que cotizan en la Bolsa, y por consiguiente en el Índice de Precios y Cotizaciones (IPYyC). Eso ha contribuido a reducir la razón PU (precio de la acción sobre utilidad por acción) del grupo de emisoras. De acuerdo con información proporcionada por Vector, dicha relación pasó de 16 veces a mediados de 2000, a poco más de 11 en junio de 2001, en tanto que en el caso de las asociaciones altamente exportadoras, se redujo de 11.4 a 6.7 veces en el mismo periodo.

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La relación precio/utilidad de una acción permite calcular en cuánto tiempo se recuperará lo invertido en ella y medir la capacidad que tienen las empresas para generar utilidades. Al revisar el comportamiento de la PU en las distintas emisoras se observa una gran disparidad. Hay algunas en las que es superior a 20 veces, como Walmex, Modelo, Cintra, Televisa, Peñoles y CIE; si bien esa magnitud se podría justificar por la importancia que tienen tales corporativos en sus respectivos mercados, en las condiciones actuales de la economía parecen caras. Otras firmas muestran una PU mucho menor, por abajo de tres veces; es el caso de Grupo Industrial Durango (que ha mejorado sus procesos) o IMSA (que ha logrado consolidarse como importante siderúrgica), en cuyos casos se podría concluir que están baratas.

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Si algo puede preverse es que el mercado seguirá teniendo un carácter muy especulativo, de ahí que resulte tan pertinente analizar el comportamiento de los pasivos y la capacidad de pago de las firmas. En los cuadros de la página 101 puede apreciarse cuáles empresas son más sólidas ante movimientos cambiarios: aquellas que tienen una mayor proporción de sus pasivos en moneda nacional. En cambio, las más vulnerables son las que se han financiado con dólares en mayor proporción.

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