En busca de su majestad... el cliente

El Servicio Postal Mexicano está afrontando la competencia de varias empresas de mensajería, nacio

De la llegada a tiempo del mensajero podían depender muchas cosas, como su propia vida o la del reino entero, de modo que no importaba cuántos caballos dejaran la suya en el camino. Era el Medioevo, según algunos, periodo de gestación del servicio de mensajería con tiempo límite de entrega que hoy conocemos.

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Desde entonces, el correo adquirió un carácter estratégico –que aún conserva– para sus usuarios regulares: los gobernantes. Pero después de salir de los castillos, con la adopción de los estados nacionales el correo quedó convertido en servicio público, primero administrado directamente por el gobierno, y luego como empresa descentralizada.

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Hoy existe una nueva reforma postal en el mundo, dice Luis Fernando Jiménez Thomas, director de Comercialización y Servicios de Servicio Postal Mexicano, organismo descentralizado del gobierno que, no obstante, dejó de ser subsidiado desde 1993.

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Gradualmente, las empresas privadas en el mundo han ido arrebatándole terreno a las oficinas postales de los gobiernos. Es una tendencia que avanza dispareja, pero Jiménez no descarta que llegue el día en que el correo llegue a ser un servicio privado en su totalidad.

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"En México estamos en el inicio de ese proceso de cambio", afirma Jiménez, lo que por ahora implica no la venta pero sí la modernización de su división comercial y buscar cambiar la imagen del servicio postal en su conjunto. Los funcionarios de la dependencia buscan la fórmula para asociar a Mexpost, su filial destinada a la paquetería, con empresas de capital privado.

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UN CORREO QUE NO SABE A DÓNDE IR
Lo cierto es que el servicio postal está acorralado en su propia pasividad, pero ante todo, por la tenacidad de las empresas privadas, que se han ido comiendo las mejores partes de un negocio cada vez más suculento, que la administración central no supo conservar en sus manos. La apertura comercial cambió el escenario a tal grado que ni la ley pudo mantenerlo a salvo. Hoy, los esfuerzos de Mexpost son para no perder participación de mercado, la que de acuerdo con el funcionario hasta hace dos años fue de entre 12 y 15%.

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En mensajería las cosas no son fáciles. Un número indeterminado de compañías chicas y en su mayoría informales se apropian de los servicios de reparto en pequeñas pero atractivas demarcaciones.

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Mediante el llamado Plan Rector, que contiene la estrategia del servicio postal de 1996 al año 2000, el gobierno busca poner al correo al día y corregir sus fallas.

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"Se busca salir de la estructura de monopolio y entrar a la de competencia", dice Jiménez. Mexpost tiene la ventaja de disponer de la red de distribución más grande del país (el sistema nacional de correos) y de estar incorporada a un sistema mundial de enlace formado por las oficinas postales gubernamentales de distintos países.

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En su división de correo, las grandes compañías que necesitan hacer repartos regulares y de forma masiva de documentos de cobro o reportes diversos a sus clientes, conforman un importante mercado para Seponie2. La codiciada Teléfonos de México, con envíos de ocho millones de piezas mensuales, es su principal cliente. En vista de su cobertura nacional, dice, Jiménez, un servicio por el que la dependencia cobra $2 pesos, con la competencia costaría $30.

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Pero nadie puede asegurar que en el futuro, cuando las grandes compañías hayan desarrollado una red nacional propia, éstas le den pelea en el terreno que le deja sus mejores dividendos.

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Por lo demás, los niveles de inversión de Sepomex son muy inferiores a los de sus competidores, en vista de un "siempre limitado" presupuesto y de que tiene la obligación de subsidiar la parte social del servicio postal: entrega de correspondencia incluso a las comunidades rurales más apartadas, a un precio estándar que en esos casos llega a ser 20 veces menor al costo real. Este servicio subsidiado representa 15% del total y está distribuido en alrededor de 150,000 comunidades pequeñas.

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También pesa sobre Sepomex la sentencia del mercado. Jaime Aparicio ya le ha puesto fecha al desenlace de la guerra entre la empresa gubernamental y las mensajerías privadas. "En cuatro o cinco años -dice- estaremos cubriendo todo el país a través de nuestro sistema de." Aparicio es dueño y directo r general de Sinisa Dealer, una empresa de mensajería con sede en Puebla, que se expande rápidamente y da servicio a bancos, universidades y tiendas departamentales en cinco estados del centro del país.

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Con apenas nueve años de haber sido creada, Simsa ya está pensando en cubrir todo el territorio nacional. En estos días pondrá a funcionar una nueva oficina en el Distrito Federal, una plaza por demás importante. Por el nivel de envíos, la delegación Cuauhtémoc, por ejemplo, tiene el mismo peso que la ciudad de Puebla.

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A decir de Aparicio, Simsa factura anualmente $7.5 millones de pesos y entrega alrededor de cinco millones de envíos. "Somos líderes en correspondencia", dice. Su principal cliente, Bancomer, tiene necesidades de envío de unos tres millones de piezas anuales. En 1997 la empresa aumentará a ocho sus oficinas en el país, con la incorporación de dos más en el Estado de México y Guerrero.

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Pero independientemente de los planes de Simsa, el mercado mexicano sigue estando en manos de empresas regionales que tienen el control de esta actividad en sus localidades o en parte de éstas. Son empresas "informales", algunas familiares, que reparten más de 40% de todos los envíos que se producen en el país y que impactan, precisamente, el segmento donde maniobra Sepomex, señala Jiménez.

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Son numerosas y de difícil clasificación, dice Aparicio, porque hay desde las que están bien estructuradas y ofrecen buen servicio, hasta las que cambian constantemente de nombre en un intento porque los clientes no las relacionen con el mal servicio que ofrecen. El gobierno está interesado en reglamentar este correo "paralelo", que significa una "competencia desleal".

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Pero en tanto diseña sus tácticas, manos privadas están arrebatándole a Sepomex un negocio que había estado bajo su control gracias a la Constitución y no a la preferencia de los clientes.

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Aparicio se dice tranquilo respecto de esos competidores, pues advierte que en cuanto logre darle a Simsa cobertura nacional, los clientes se encargarán de expulsar a quienes dan mal servicio, entre ellos, al "burocrático" correo. El día en que Telmex deje de utilizar el correo, está perdido, dice.

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Pero al margen de que se cumplan sus pronósticos, en México se abre paso la certeza de que, en servicios de envío, la soberanía tendrá que radicar en el cliente.

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