En la línea de golpeo

En un país con serias deficiencias educativas, las escuelas de negocios se esfuerzan por formar eje
Yolanda Ruiz

En 1929, el año del crack bursátil más profundo del siglo, un grupo de profesionistas del banco central decidió crear la primera institución educativa consagrada a los negocios en México: la Escuela Bancaria y Comercial (EBC). De entonces a la fecha, el panorama en este campo ha registrado enormes cambios; por principio, la EBC festeja sus 70 años rodeada de un gran número de escuelas también dedicadas a formar profesionales en la conducción de empresas.

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Pese a que su aparición es mucho más reciente, colegios como el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (IPADE) y el Instituto Autónomo de México (ITAM) están convertidos en las primeras opciones para un sector de la población al que el mundo corporativo, sobre todo en la última década, ha estado demandando nuevas habilidades. Con el paso del tiempo, por ejemplo, las especializaciones en los distintos niveles de posgrado han aumentado considerablemente; las nuevas tecnologías de información y su incorporación al trabajo cotidiano de las empresas han hecho necesaria la creación de más asignaturas.

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Pero no sólo son las necesidades empresariales las que obligan a los ejecutivos, o a quienes aspiran a serlo, a una mayor preparación. Ellos mismos suelen demandarla. Nadie quiere ver pasar los años instalado en el mismo cargo dentro de su compañía, y es de esperar que las escuelas les ayuden a evitarlo. El IPADE es uno de los más interesados en responder a ese llamado, al dirigir parte de su oferta a directivos en funciones. Los programa master (en dirección de empresas y en dirección para ejecutivos con experiencia) cuentan en sus filas con directores generales que “quieren mejorar”, explica Carlos Gutiérrez, director de Programas de Perfeccionamiento Directivo de este instituto.

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Otra de las preocupaciones del IPADE, asegura, es desarrollar en sus estudiantes las cualidades que debe tener un líder. Y lo define de esta manera: “Ser humanista, con capacidad de análisis y síntesis, tomar en cuenta a su equipo de trabajo (para tomar las mejores decisiones), mostrar y seleccionar un objetivo que sea bueno para los demás y para la empresa y tener una visión internacional.”

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“Debe ser internacionalista y multicultural”, explica a su vez Carlos Mendizábal, director de la división de negocios del ITESM, quien vaticina que “el jefe del próximo siglo será un facilitador, un promotor del trabajo en equipo.”

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Este instituto, uno de los centros universitarios más grandes del mundo, nació con el objetivo de formar empresarios, de ahí que en sus planes de estudios sean preponderantes las asignaturas relacionadas con los negocios. Específicamente, “los estudios del Tec se orientan a dos áreas de negocios: la oferta de egresados a la sociedad y la investigación aplicada a las empresas, es decir, la detección de oportunidades, asesorías y análisis”. En uno de sus cursos –master en administración– expiden un título conjunto con la Universidad de Texas. “Está pensado –señala Mendizábal– para directivos con mayores responsabilidades en la toma de decisiones, que manejan presupuestos grandes y con un crecimiento definido dentro de la empresa.”

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Verdes y virtuales
En consonancia con una de las preocupaciones sociales más generalizadas, pero también con el evidente rezago en la materia, el cuidado del medio ambiente cobra cada vez mayor importancia en la educación de los jóvenes ejecutivos y empresarios mexicanos; casi en su totalidad, las escuelas donde se preparan incluyen asignaturas para la gestión y mercadotecnia ambientales (cómo vender el mensaje de que el empresario protege la ecología), así como para propiciar la responsabilidad social.

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Es difícil no estar de acuerdo con posturas ambientalistas; sin embargo, algo que las escuelas de negocios deben transmitir es que traducir esas posturas en hechos tiene sus complicaciones. El obstáculo mayor es la asignación de recursos, dice Javier Chávez-Ruiz, del ITAM. “Si todo se invierte en control del medio ambiente –señala–, te matas.” Pero por otra parte, acepta, hay que ser responsables. “Al final, tenemos un peso que hay que asignar y la pregunta es: ¿Cómo lo haces de la forma más eficiente?” La resolución del dilema, a su juicio, tiene que ver con el crecimiento de la industria. “La responsabilidad está sujeta al presupuesto.”

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Una fórmula para atacar al presupuesto, esta vez el de las escuelas, es que no haya escuela, y el ITESM la está aplicando. Antes que ningún otro centro universitario, el Tec ofrece licenciaturas, posgrados, maestrías y diplomados a través de Internet. Si los empresarios tendrán que vérselas forzosamente con las tecnologías de información, por qué no comenzar desde ahora. La otra certeza es que esta nueva manera de actuar influirá en el rumbo de los negocios. El Tec imparte maestrías en administración de empresas, finanzas y negocios internacionales para Latinoamérica (ésta, de manera conjunta con la Universidad de Thunderbird, de Estados Unidos) a través de la red. Salvo el inconveniente de la carencia de contacto humano, este concepto tiene grandes ventajas, como la posibilidad de programar clases a distancia con profesores de universidades extranjeras, las cuales se pueden transmitir vía satélite a toda Latinoamérica. El inconveniente es la falta de reciprocidad en las discusiones.

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Antes del Tec, algunas escuelas de negocios han logrado otro tipo de “virtualidad”. Aprovechando que no son pocos los interesados en convertirse en empresarios, “están floreciendo los centros educativos que ofrecen  programas de titulación al vapor, despreocupados de la calidad”, advierte Emidgio Villalobos, director de la división de Educación Continua de la EBC. Afortunadamente, señala, hay formas de identificar a las que actúan con seriedad. Son aquellas que se preocupan por la excelencia de sus profesores, tienen convenios con empresas de primer nivel, dan a sus alumnos la posibilidad de estudiar en el extranjero, tienen programas de actualización para alta dirección, becas y bolsa de trabajo, y entre sus egresados es posible identificar a altos directivos de las empresas más importantes de México.

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Pequeños y medianos, lejos de la escuela
El precio de las colegiaturas también es, como en cualquier otro campo, un indicador que puede ayudar a diferenciar la calidad de los estudios de una universidad (ver cuadro); y, como en otros casos también, es una barrera para muchos aspirantes. Uno de los sectores no atendidos por las escuelas de negocios más renombradas es el de los ejecutivos de empresas medianas y pequeñas, no obstante que representan 95% del total en el país.

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Los programas especializados para quienes dirigen o aspiran a dirigir estos negocios son escasos, no obstante que es ahí donde hay más necesidades. “Hay falta de profesionalismo (en estas empresas)”, señala Lourdes Linares, del departamento de Administración y Contaduría Pública de la UIA, una de las pocas escuelas que, junto con el ITAM, ofrecen  cursos para este sector. Generalmente, añade, estas empresas son dirigidas por “personas no especializadas, un hombre orquesta que dirige todas las funciones empresariales”. Desde su percepción, señala, administrar un negocio es una forma de sobrevivir, pero no se consideran empresarios ni están pensando en cómo crecer.

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El interés por las empresas pequeñas y medianas surgió en el ITAM a raíz de una iniciativa presentada por la Unión Europea (UE), consistente en un donativo para la instalación de un eurocentro de información y gestión al servicio de este tipo de negocios. Además de los problemas tradicionales (crédito, regulación, etcétera), una de las debilidades de estas empresas es que no institucionalizan sus procesos, de reclutamiento y compras, por ejemplo, ni definen criterios de desempeño y decisión para descentralizar la toma de decisiones, dice Chávez-Ruiz, del ITAM.

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La Universidad Anáhuac tiene un enfoque adicional: procurar que estos pequeños y medianos empresarios logren conexiones con compañías internacionales. Para hacerlo, firmó una alianza con The Wharton Econometrics Forecasting Association (WEFA) y creó el Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac (IDEA), un centro de investigación económica que adicionalmente ofrece a sus clientes Carta Económica, una publicación de análisis macroeconómico y sectorial, pero que también aborda el contexto político y el entorno internacional.

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Pero quien ha llegado más lejos en la atención a este sector es la Universidad Intercontinental (UIC), ubicada en la capital del país. Mediante un convenio con la Asociación de Microempresarios de Tlalpan, imparte cursos para los cuales las prácticas en las empresas de los propios estudiantes son un componente fundamental. La intención es inculcar en los pequeños y medianos empresarios “una visión moderna –asegura Luis A. Oblitas, director de promoción y difusión universitaria– y potenciar las habilidades en administración, informática, mercadotecnia, finanzas y recursos humanos”.

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Las universidades públicas, prácticamente gratuitas, podrían ser la opción ideal para formar directivos de compañías modestas. Tanto la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tienen desde su fundación algunas licenciaturas vinculadas a los negocios, pero son escasas. Recientemente, sin embargo, a raíz de la firma de algunos convenios, han surgido alternativas. El diplomado en decisiones financieras, impartido por la UAM, es una de ellas. En colaboración con la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), el curso tiene como objetivo dar a los estudiantes una formación teórico-práctica que les permita “visualizar las expectativas del país y el mundo a mediano y largo plazo”, explica el coordinador Héctor Núñez. Se trata de dar respuesta, agrega, a una observación recurrente: la existencia de personas “muy improvisadas” en el campo de las inversiones financieras. No se equivoca: el diplomado ha tenido gran demanda desde su inicio, y ya preparan una maestría en gestión bancaria, esta vez gracias a un convenio con la Universidad Autónoma de Madrid.

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¿Es suficiente para 70 años de historia de las escuelas de negocios? No es un secreto que hay tarea por hacer. Mucha.

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