En terapia intensiva

El paciente sufre de falta de uso y desconocimiento de la población. ¿Se puede recuperar?
Cuauhtémoc Valdiosera

Abundio Guillén es un tamalero tecnificado. Diseñó su página electrónica en la que detalla el precio del ciento de tamales de mole, verdes o rojos en hoja de plátano o de maíz. Elizabeth Carrillo es una vendedora de palanquetas de amaranto que también decidió subirse a la ola de la informática que el gobierno de Vicente Fox le ofreció.

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Ellos, al igual que otros microempresarios, crearon su página en el segundo piso del Palacio Postal, en donde se alberga uno de los 3,200 Centros Comunitarios Digitales (CCD) del Sistema Nacional e-México. Ahí, personas que nunca habían tenido contacto con una computadora, acuden a realizar, sin costo, proyectos personales o empresariales, con la asesoría personalizada de los promotores o encargados.

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A decir de Marisol Tejeda, coordinadora del CCD Palacio Postal –que tiene un año de dar servicio a unos 300 usuarios–, los proyectos desarrollados con el apoyo de nuevas tecnologías varían de acuerdo con las necesidades: hacer una página en internet para dar a conocer sus servicios, realizar su propio logotipo, armar bases de datos o escribir artículos sobre algún tema de interés.

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Este lugar es el único show case de los 3,200 CCD que existen en el país, porque en un recorrido realizado por esta publicación a otros centros localizados en el Distrito Federal el panorama era opuesto. O funcionan como café internet o como aulas de consulta en donde los promotores no brindan una asesoría personalizada y cobran por hora. Muchos de los usuarios que ahí estaban desconocían que las tres u ocho computadoras eran parte del proyecto e-México. Y se debe a que la mayoría de los lugares están ubicados dentro de instalaciones educativas, como es-cuelas, bibliotecas, centros de maestros o puntos de encuentro, plazas comunitarias y centros de desarrollo social.

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Gran promesa digital de Fox
El Sistema Nacional e-México es, sin duda, el tema tecnológico más álgido de la administración de Vicente Fox. Fue vendido como un proyecto ambicioso y de grandes alcances al que se le hizo mucho ruido y que se transformó en motivo de controversias y críticas durante su desarrollo. Vaya, hasta el momento sigue siendo una promesa por cumplir al no haber alcanzado los objetivos fundamentales para los cuales fue concebido: reducir la brecha digital y facilitar el acceso de las mayorías a las tecnologías de la información y comunicación.

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Asignado a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, su desarrollo fue dirigido fundamentalmente al concepto de conectividad de múltiples localidades del país, en una megared que al final del sexenio deberá abarcar 10,000 diferentes puntos del país.

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Para los especialistas, el Sistema debía ser contemplado como un tripié, conformado por la conectividad, los contenidos y la capacitación de los responsables de los centros.

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El hacer hincapié en la conectividad, descuidando los otros dos aspectos del Sistema, creó una situación semejante a la instalación de una gran red hidráulica, donde la tubería se instala para miles de usuarios, pero estos ignoran como operarla.

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Aunque se ha trabajado en el desarrollo de contenidos, los esfuerzos aún son muy raquíticos y la responsabilidad se ha diluido entre los diferentes subsectores del Sistema.

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Otro de los puntos a considerar del porqué este tema ha sido crítica constante a Pedro Cerisola, secretario de Comunicaciones y Transportes –nombrado por Vicente Fox como responsable del proyecto desde el 1 de diciembre de 2000–, es que su equipo no ha contemplado adecuadamente y de manera realista la diversidad de valores regionales y de idiosincrasia de los usuarios potenciales.

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No obstante, Cerisola hace un balance de su labor al frente de la secretaría y lo considera uno de sus logros. “Las tecnologías de la información rebasan la tendencia normal y de crecimiento de las áreas urbanas y se van a las zonas rurales. Hay una serie de contenidos desarrollados con las secretarías de Salud y Educación para que aporten sus conocimientos. Ésta es información muy rica que al gobierno le toca conceptuar, estructurar, coordinar para que se lleve a la realidad”.

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Cerisola admite que se ha puesto poco dinero en el proyecto, pues parte han sido aportaciones de Fundación Únete y de instituciones educativas como la Universidad Iberoamericana y la UNAM y lo excusa argumentando que “la idea es facilitar el uso, no tener remuneración porque el fenómeno social es lo más interesante.

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De igual manera, la capacitación de los responsables ha sido incipiente, sin el seguimiento y la actualización debida no interactúan con los usuarios a los cuales va dirigido principalmente el esfuerzo del proyecto, porque casos como el de Guillén y Carrillo son oasis en medio de un desierto de información.

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Mucho habrá que trabajarse aún para que el Sistema cumpla sus objetivos y no se convierta en un elefante blanco. Por ello, más que sumarnos a las decenas de críticas a Cerisola consultamos a dos académicos para obtener propuestas para una segunda oportunidad de e-México.

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Muchos recursos, poco uso
De los responsables de los centros depende, en gran medida, el éxito del proyecto, asegura Rosario Freixas, directora Académica del Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), “hemos capacitado a unas 3,131 personas provenientes de diferentes instituciones. El caso de las bibliotecas públicas  pertenece al acuerdo establecido entre el gobierno mexicano y la Fundación Bill y Melinda Gates”.

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El  ILCE ha trabajado una línea de contenidos de fomento a la cultura digital dirigida para aquellos a los que la tecnología aún les queda lejana. Estos contenidos buscan que el usuario pueda resolver problemas de su vida cotidiana a través de las tecnología, por lo que apela a las necesidades más recurrentes como buscar empleo, comprar y vender, entre otros.

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“También se han generado contenidos locales mediante la generación de páginas web de los propios Centros Comunitarios Digitales. En ellas, los promotores publican contenidos de su localidad, como costumbres, fiestas, geografía o sitios de interés.”

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Si volvemos al tripié es fácil notar que existe fortaleza en la conectividad y sobre ella están los contenidos, entonces ¿por qué este magno proyecto no ha detonado como el mismo presidente esperaba? Es evidente que en algunos de los centros visitados en el Distrito Federal y Estado de México la orientación de los responsables de los centros era deficiente, mucho más lo ha de ser en lugares rurales a los que difícilmente asistirá un campesino que está más preocupado por vender su cosecha de maíz que en asistir a un CCD para navegar en internet y conocer las diferentes tácticas de riego.

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Diagnóstico: crisis
e-México demanda cirugía mayor, asegura Octavio Islas, responsable de la cátedra de Cibercultura del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores.

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“El primer error radicó en ubicarlo dentro de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes porque el proyecto del nuevo aeropuerto para la Ciudad de México sencillamente lo opacó cuando podría haberse convertido en uno de los logros más estelares de la administración de Vicente Fox.”

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Desafortunadamente, para el catedrático otro de los principales factores de su poco brillo es la presencia del ex director de e-México, Julio César Margaín, al que nunca se le dieron los recursos necesarios para poner en marcha un proyecto tan ambicioso. “Muchas empresas estaban dispuestas a realizar grandes negocios con el Sistema Nacional e-México y llegaron a realizar algunas donaciones. Sin embargo todo cambiaba cuando descubrían que el doctor Margaín operaba con un presupuesto raquítico.”

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Cada año era posible advertir como se profundizaba la brecha entre objetivos y resultados. En un acto en el Palacio Postal de la Ciudad de México, el presidente Vicente Fox anunció que en 2004 el número de centros comunitarios digitales llegaría a 10,000. Además afirmó que en 2003 México había sido seleccionado como el gobierno que más avanzó en materia de gobierno digital entre todas las naciones del mundo. Seis meses después renunció Margaín. Resulta absurdo suponer que el ejecutivo aceptaría o solicitaría la renuncia del artífice del referido logro. ¿Qué ocurrió entonces? El idealismo chocó con la realidad y la tecnología fue insuficiente para resolver problemas políticos. En Japón, por ejemplo, en el 2003 arrancó la iniciativa “e-Japan II”, cuyo propósito es conducir a Japón a la llamada “Sociedad de la Ubicuidad” en el año 2010.

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Cerisola nombró a Javier Pérez Mazatán, quien se venía desempeñando como director adjunto del Sistema, para que le diera cause y quien, en junio de 2004, fuera comisionado por el secretario de comunicaciones para recibir el premio que el Foro de la Comunidad Independiente entregó a México como visionario del año, esto precisamente por los esfuerzos realizados para conectar a la red a 7,200 municipios.

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Islas insiste en que el Sistema Nacional e-México requiere una metamorfosis. “Es indispensable entender cuál es nuestra realidad y cuáles son nuestras posibilidades. Estoy convencido de que la educación debe ser el renglón prioritario del Sistema. En un país con tantas desigualdades, como México, la ruta que conduce a la supercarretera de la información necesariamente comienza por la escuela.”

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Carmen Gómez Mont, directora del Centro de Investigación en Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (CINTIC) de la UNAM, contempla un panorama optimista. Considera que el sistema es un buen esfuerzo por iniciar el desarrollo de una infraestructura de telecomunicaciones, que en sexenios anteriores se encontraba poco desarrollada, sobre todo por la tarea de lanzar una estrategia que apunta a interconectar a los municipios de todo el país.

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“El reto parte de la capacidad que pueda tener el e-México para establecer un balance entre regiones macro y micro. Es aquí donde radica el elemento innovador de las tecnologías digitales”.

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En primer lugar, propone que se analice el registro de los centros a fin de no duplicar esfuerzos. “Existen regiones donde hay un centro comunitario, una plaza comunitaria, un cibercafé y una biblioteca digital casi en la misma manzana de una determinada comunidad y otros espacios o regiones donde no se cuenta con energía eléctrica ni teléfono. Es importante, en este sentido, detectar primero necesidades por regiones, por localidades y hasta por comunidades y, en función de esto, distribuir acertadamente los recursos de acuerdo con las demandas de las mismas organizaciones civiles.”

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Una vez resuelto el problema de la infraestructura Gómez Mont sugiere formar equipos multidisciplinarios y representativos de la sociedad mexicana que participen en igualdad de condiciones en el diseño de políticas públicas referentes al desarrollo de los contenidos. “Cuando hablo de igualdad de condiciones, me refiero a la capacitación que deben tener –ante el complejo tema de la revolución tecnológica– quienes diseñan estas estrategias; desde secretarios hasta representantes sociales; habría que desarrollar programas piloto y evaluarlos.”

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Sólo entonces se habrá de llegar al tema más complejo, la generación de in- formación valiosa proveniente de la investigación que se traduzca en formatos digitales. Información que sea útil en la vida de un campesino que siembra acelga o de un ganadero. Que al acceder encuentren soluciones a sus problemas y, sobre todo, que la información esté en el lenguaje que manejan.

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e-México no puede medirse por el número de centros que acumulará para finales del sexenio, tampoco considerarse exitoso por el número de textos que albergue sobre agricultura. El punto es que antes de darle medicamentos al paciente jamás se le diagnosticó la enfermedad. Nadie se dio a la tarea de analizar cuáles serían las implicaciones que conllevaría la introducción de la tecnología en diferentes grupos sociales, menos crearon expectación en ellos porque hasta hoy, e-México es una diapositiva repleta de cifras en una presentación, pero en el campo es una computadora que pocos saben que existe y muchos ven como una intrusa.

–Con la colaboración de Dayna Mere.

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