Entre riesgos y temores, hay esperanza

Al cierre de 2001, quienes se atreven a analizar la economía reconocen que se quedaron cortos al ad
Alejandro Castillo

Todos coinciden en señalar que se hicieron realidad los peligros que se advertían a finales de 2000; se concretaron y con creces: la desaceleración de la economía estadounidense se transformó en una contracción, en tanto que Japón entró en su tercera recesión en una década y Europa prevé bajas en su producción. Además, en las últimas semanas se confirmó el fracaso del régimen monetario argentino. En esas condiciones, Francisco Gutiérrez –director de Análisis Bursátil y Económico de Scotiabank-Inverlat– resume: "el año pasado se complicó mucho, ya que los riesgos que eran previsibles finalmente se materializaron, prácticamente todos, y el problema fue que algunos se agudizaron".

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Al caer la economía de la unión americana se afectó a la dinámica de la demanda mundial, lo que repercutió en una baja de las exportaciones mexicanas. Para revertir eso, la Reserva Federal y el gobierno del vecino país del norte actuaron con rapidez bajando las tasas de interés y los impuestos; pero ni así lograron evitar que continuara debilitándose la demanda, lo que causó una tendencia a la baja en los precios de todo tipo de bienes, desde materias primas como el petróleo, hasta productos de alta tecnología, de modo que en algunas naciones hasta se han observado señales de deflación.

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Como México no logró mantener el ritmo de las exportaciones, su economía se desaceleró y el PIB del país cayó 1.6% en el tercer trimestre, adelgazando la demanda local y las importaciones, que además se hicieron a menores precios. Eso y el ingreso de inversión extranjera –un alto porcentaje se destinó a la compra de activos como Banamex– propició que la demanda de dólares cayera más rápido que la oferta de esa divisa, lo que ha fortalecido al peso, contribuyendo a bajar la inflación.

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Ello ocurrió a pesar de que el precio del petróleo y los ingresos generados se han debilitado aceleradamente. Por esa razón, desde el 1 de enero la OPEP bajó su producción en 1.5 millones de barriles diarios, decisión que fue apoyada por productores independientes como México, que anunció una baja de 100,000 barriles en su plataforma de exportación, que quedó en 1.66 millones de barriles diarios.

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La estabilidad del tipo de cambio y la inflación tampoco se vieron afectadas por el retraso y las modificaciones que sufrió la propuesta fiscal del Ejecutivo en el frente interno. Aunque el esquema aprobado por el Congreso fue calificado como una miscelánea que tiene fallas, también dejó abierto el interés de las partes por mejorar la estructura.

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Así, por primera vez en mucho tiempo –dicen los analistas– el cambio de gobierno no coincidió con una crisis económica, ya que se mantuvo la estabilidad cambiaria, la inflación a la baja y tasas de interés en descenso. En opinión de Víctor Herrera –de Standard & Poor’s (S&P)– México vive los efectos de la desaceleración mundial, pero "por única ocasión en treinta años tenemos un ciclo de acuerdo con la economía internacional, no provocado internamente".

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Obviamente –como señala Héctor Chávez, responsable de Análisis Económico en Santander– "los sucesos de 2001 son la base sobre la cual se establecen los pronósticos y se desarrollan los distintos escenarios para el año 2002".

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En 2002, el factor externo

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Si bien cada consultoría establece matices en cuanto a las condiciones, momento y magnitud de la recuperación, hay una coincidencia casi general en señalar que ésta depende de la economía de la unión americana, la cual, estiman, se manifestará claramente hasta el segundo semestre de 2002. Otro aspecto en el que concuerdan es que, a pesar de una evolución positiva, al cierre del año el crecimiento en ese país será bajo.

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Por lo pronto, Víctor Herrera reconoce que "por las características de nuestra economía, la parte externa es la de mayor impacto para la recuperación y debido a ello se necesita saber cuándo va a mejorar la economía estadounidense y cuándo tendrá efectos en México. Por lo pronto –dice–, hay indicios, sobre todo el bajo nivel de inventarios, que apuntan que el rebote, cuando llegue, será muy fuerte. Además, si se prolonga, se podrá observar una mejora en los precios del petróleo."

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Claro, eso dependerá de que sean falsos los temores que permanecen respecto a la manufactura estadounidense. Pablo Álvarez Icaza –director de Análisis en Bursamétrica– menciona que, por ejemplo, "en las armadoras de autos se piensa que el boom de ventas de finales de 2001 –el cual se logró reduciendo márgenes y ofreciendo facilidades y descuentos importantes, lo que ayudó a bajar los inventarios– tendrá una repercusión negativa en las ventas del año, porque fueron compras anticipadas que ya no se harán en 2002".

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El consenso, ¿una dificultad?

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De cualquier modo, México debe buscar la forma de frenar el impacto del exterior. De acuerdo con Víctor Herrera, para ello habría sido bueno que se aprobara en su totalidad la reforma fiscal propuesta por el gobierno y, además, que se abriera el sector energético.

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Hoy que ya se sabe que el paquete hacendario aceptado por el Congreso no contiene la parte medular de la propuesta foxista –aplicar una tasa de 15% de IVA a alimentos y medicinas– se concreta uno de los riesgo que se percibían.

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Como apuntó Álvarez, "entre los inversionistas causa ruido que las reformas estructurales avancen lentamente, por la dificultad de alcanzar consensos en las cámaras".

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Obviamente, al evaluar la magnitud de la incertidumbre que podría reflejarse en volatilidad en los mercados, cada uno de los analistas tiene una posición.

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Por ejemplo, durante la discusión en el órgano legislativo, los departamentos de análisis de la banca daban gran importancia a la propuesta del Ejecutivo. Gutiérrez, de Scotiabank, consideró a la reforma como un parteaguas, porque "la situación de las fianzas públicas es muy precaria y la estabilidad macroeconómica no está asegurada; por eso la iniciativa del gobierno debía ser recaudatoria, a fin de dotar de recursos al sector público, con el propósito de aumentar el gasto social y en infraestructura, y reducir la deuda".

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Ahora que ya se conocen los cambios que hicieron los diputados, se observa que la reacción de los mercados no fue tan negativa. Fue más apegada a la percepción que tienen los institutos de investigación económica que no están integrados a la banca. Edgar Amador, de Stone & McCarthy Research Associates, opinó que al no aceptarse la propuesta fiscal, habrá comentarios desfavorables por parte de las calificadores internacionales, debido a que "la convirtieron en un requisito insoslayable" para mejorar el grado de inversión.

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Pero –apunta– "el riesgo de no contar con recursos hacendarios suficientes afecta más bien la estrategia de largo plazo, porque resta confianza en el país. De hecho, desde el punto de vista de los vencimientos de la deuda, no hay mucho problema en el corto plazo." Álvarez coincide con lo anterior y comenta que según el calendario de amortizaciones proporcionado por Hacienda, en 2002 los pagos de deuda suman $18,000 millones de dólares, de los cuales $11,218 son del sector privado. Así, la deuda pública está en términos muy manejables y en el sector privado muchos son refinanciamientos.

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Por eso, Amador aclara que no aceptar la reforma afectará principalmente las tasas de interés a futuro: "no tenía como objetivo ayudarnos a pasar 2002 o 2003, ya que en los próximos tres años la finanzas públicas estarán bien; las dificultades vendrán en un lapso más amplio".

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Paradójicamente, hay algunos analistas para quienes la decisión de no aprobar la iniciativa del Ejecutivo, además de dar mayor tiempo para su estudio, podría significar un respiro a la economía. Según Álvarez, "si se hubiese hecho tal como propuso el gobierno, en 2002 se padecería una recesión más profunda, muy fuerte". César Castro –de la consultora Capem-Oxford– está de acuerdo con lo anterior, pero le preocupa que los inversionistas acepten que en estos momentos es preferible ese retraso.

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De cualquier modo, Víctor Herrera, de S&P –una de las calificadoras más influyentes– reconoce que aun sin reforma México mantiene una buena calificación.

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¿Cómo será la recuperación?

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A partir de sus premisas, los analistas desarrollan distintos escenarios. Por ejemplo, Álvarez apunta que "el próximo año va a ser exactamente el reverso de la medalla. En 2001 aumentó el consumo, pero cayeron las exportaciones, la inversión y el producto. Ahora, en 2002, se espera que baje el consumo y aumenten la inversión y las exportaciones, así como la producción." Cabe apuntar que el consultor parte del supuesto de que "la recuperación de Estados Unidos será lenta en el primer semestre y va a mejorar en el año, incluso desde finales del primer trimestre, gracias a las políticas fiscal y monetaria expansivas que están aplicando". En la visión de Bursamétrica los sectores más beneficiados en México serán los vinculados a la exportación; en cambio baja el sector comercio, aunque mejora un poco el turismo receptivo. El que crece, como lo hizo en 2001, es el sector financiero, "gracias al aumento en los márgenes de intermediación", apunta Álvarez.

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Aunque hay algunas coincidencias en las expectativas acerca del comportamiento de los sectores, también hay diferencias. Por ejemplo, en el aspecto del consumo, la previsión de Bursamétrica está de acuerdo con el escenario que propone Héctor Chávez, de Santander, quien señala que "las condiciones de estabilidad cambiaria y menor inflación provocarán que las tasas de interés continúen bajas". Sin embargo, eso no significará que se libere el crédito, porque "los bancos van a empezar a prestar hasta que comprueben que la actividad se está recuperando". Aclara que dan crédito para el consumo, mas no hay financiamiento para inversión. Adicionalmente, advierte, "la cuesta de enero será más inclinada, porque si bien al cierre del 2001 se registró dinamismo en el consumo, eso fue debido al boom del crédito que propició un adelanto en las compras, lo que repercutirá en la actividad del primer trimestre". Por eso, "será después del primer semestre cuando podría haber una recuperación de la demanda".

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Otro factor que según Héctor Chávez afectará el crecimiento es el gasto público. "Pese a que hay la decisión de recalendarizar gastos, para que aumenten en la primera mitad del año, la capacidad del gobierno es limitada debido a la caída de los precios del petróleo y a una menor recaudación derivada de la debilidad de la economía." De ahí que, en coincidencia con Álvarez, Chávez sea enfático: "la verdad es que en los seis meses iniciales se ve bastante complicada la situación del empleo, las ventas y el crecimiento de la producción".

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En cambio, a raíz de la recesión, también se presentan visiones distintas acerca de la inserción de México en el mercado mundial y en particular en el estadounidense. Por ejemplo, aunque reconoce que no van a ser muy dinámicas las exportaciones, Chávez confía en que el país seguirá como proveedor de insumos y productos industrializados a la unión americana. "No hay marcha atrás en la integración que tiene México con Estados Unidos. No creo en una ruptura de las relaciones comerciales intraindustriales entre los productores mexicanos y los del vecino del norte; el grado de integración es muy elevado."

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Por su parte, Edgar Amador sí ve el riesgo de que México sea desplazado y enfatiza que "la posibilidad de aplicar una política deliberada de encadenamiento, aprovechando la expansión entre las dos economías y aplicando un tipo de cambio competitivo, se perdió en los 90" por eso, en su opinión, con la paridad actual no está garantizada la participación dinámica de los productos nacionales en la recuperación de Estados Unidos.

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Lo riesgos no desaparecen

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Desafortunadamente, persisten algunos de los factores que pueden afectar el desempeño de la economía. En ese sentido, Álvarez advierte tres riesgos externos: "En primer lugar, el comportamiento del resto del mundo puede tener un efecto negativo sobre Estados Unidos; en ese caso, la recuperación puede no ser profunda. Segundo, si la restauración del ingreso personal en la unión americana es modesta, la potencialidad para el crecimiento también lo será. En tercero, hay que recordar que los niveles de confianza del consumidor son muy bajos y esto va a limitar el motor del consumo." Con base en ello, el analista de Bursamétrica recomienda monitorear la evolución del crédito en la nación más poderosa del mundo, el hipotecario y el del consumidor, tanto como el comportamiento de la inversión –después de la sobreinversión en alta tecnología de los años anteriores– y revisar los resultados de las empresas.

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Además, persiste el peligro de que la recesión en Japón se convierta en una fuerte depresión y que la crisis de Argentina finalmente repercuta en el sistema financiero internacional y en México. Adicionalmente Brasil, que enfrenta elecciones presidenciales, tiene una cantidad de vencimientos importantes para el próximo año.

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Por todo lo anterior, no cabe duda que 2002 será un año muy difícil, pero quizá mejor que el que terminó. El riesgo, sin embargo, persiste y eso no se puede ignorar. Aunque los analistas como César Castro, de Capem Oxford, apuntan que "no se pueden tirar con todo lo negativo", se debe tener presente que las posibilidades no están todas a favor del crecimiento.

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