Entrevista con Jaime Zabludovsky. Expect

El tratado &#34hay que verlo como un instrumento de largo plazo para tener una relación con Europa
María José Martínez Vial

Jaime Zabludovsky llegó a Bruselas en enero de 1999 como embajador de México ante la Unión Europea (UE) –cargo que aún mantiene–, para contribuir en la negociación con el mayor mercado del mundo. Antes había participado en el acuerdo con América del Norte. Cree que la apertura es un reto, no un inconveniente, y que los mexicanos deben aprender a vivir en competencia. Asegura que ante los europeos se atendieron los reclamos automotrices, textiles y del calzado, aunque reconoce que para el agro le “hubiera gustado” algo más.

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¿Qué significa para México la firma del acuerdo con la UE?
Lo que significa en pesos y centavos para los mexicanos es más oportunidades de empleo. El hecho de que una empresa mexicana o extranjera que decida establecerse en México tenga la oportunidad de entrar con sus productos al mercado de Canadá, Estados Unidos, Chile, Venezuela, Colombia, Bolivia, Costa Rica, Nicaragua, Israel y los 15 países de la UE, sin aranceles, eleva el atractivo de México para hacer negocios. (La entrevista se realizó antes de la firma del tratado con Honduras, El Salvador y Guatemala, y por esa razón Zabludovsky no cita estos países en su respuesta).

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Del mismo modo que hay ventajas, ¿existen inconvenientes?
Yo no creo que se pueda hablar de inconvenientes. Lo que hay son retos. Primero, el de vivir en un entorno más competitivo: el empresario que hoy haga negocios en México tiene que estar consciente de que sus productos deben competir no sólo en el mercado internacional, si exportan, sino también en el mercado mexicano, con los productos europeos, estadounidenses y canadienses.

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¿Los mexicanos están menos preparados que los trabajadores extranjeros?
Yo creo que las cifras hablan por sí solas. Lo que ha pasado en México en los últimos seis años, a raíz del TLC con América del Norte, es la mejor evidencia de que no sólo podemos competir, sino que además podemos ganar en muchos sectores.

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¿Y respecto del empleo?
Lo que hemos visto, no sólo en el norte del país sino también en Yucatán, Hidalgo, Puebla, y ahora incluso en estados tan relativamente atrasados como Oaxaca e incluso Chiapas, es la proliferación de empresas exportadoras, y eso, en buena medida, se debe al TLC con América del Norte. Las cifras de comercio exterior e inversión extranjera demuestran las bondades del acuerdo, y sobre todo los empleos que está generando en México.

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¿Qué se ha hecho para atacar los mercados europeos?
Bueno, el gobierno federal, en conjunto con el sector privado mexicano, está echando a andar una estrategia de promoción. Hemos trabajado con todos los embajadores, las secretarías de Relaciones Exteriores, Comercio, Agricultura y el Banco Nacional de Comercio Exterior, y estamos ya en una serie de seminarios en los diferentes Estados miembros (de la Unión Europea), donde damos a conocer los resultados del tratado. Lo estamos promoviendo también a través de las páginas de internet de los organismos del gobierno. Y ahora estamos empezando una campaña de promoción muy agresiva e importante, para dar a conocer este instrumento en Europa. Lo mismo se está haciendo en México y en otras partes del mundo.

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¿Cuál era la posición de los empresarios ante el acuerdo?
A través de COECE (Coordinadora de Organismos Empresariales de Comercio Exterior), que es el órgano consultor del sector privado que acompaña al gobierno en las negociaciones, tuvimos una participación muy importante (de los empresarios). Obviamente, en algunos temas siguieron con mucho interés la negociación, tanto los intereses ofensivos para entrar al mercado europeo, como los defensivos para proteger al mexicano.

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¿Cuáles eran los principales temores de los empresarios?
El sector automotriz; el no poder aprovechar el acuerdo por la regla de origen en el sector agrícola; el no tener acceso a algunos productos interesantes; en el sector textil, a que pudieran llegar productos de África y de las ex colonias a través de Europa. Había una serie de preocupaciones muy legítimas y muy puntuales de las que, si no todas, la gran mayoría fueron atendidas de una manera bastante satisfactoria, lo que hizo que este acuerdo tuviera un gran apoyo.

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Al principio algunos sectores sentían algo de miedo porque, a diferencia del mercado estadounidense, el europeo no es conocido, entonces sí había al comienzo cierta reticencia e ignorancia.

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¿Cuáles fueron los principales obstáculos para México durante la negociación?
Hay que recordar que al inicio de la negociación tuvimos una crisis en la Comisión Europea, la cual se vio obligada a dimitir. Yo creo que ese fue un reto adicional que tuvimos el año pasado en una negociación que de por sí era muy compleja porque, a diferencia de otras, esta vez estábamos negociando con una institución supranacional que representa no sólo a los comisarios de cada área, sino a 15 naciones. Pero creo que a pesar del cambio de Comisión, todos supimos ser lo suficientemente pragmáticos como para continuar con el proceso.

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Cerca de octubre de 1999 se comentó que la negociación había abortado. ¿Qué ocurrió?
En ningún momento se dijo que no iba a haber acuerdo pero, como suele ocurrir, al final quedan los temas más difíciles donde, si no se puede avanzar, pues no se puede llegar a un acuerdo. Los problemas más importantes que tenía México al final eran reglas de origen y un paquete de acceso agropecuario. En ambos casos México había dicho que no podía cerrar una negociación. Considerábamos que algunas reglas de origen en algunos puntos para nosotros importantes tenían que ser atendidas.

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¿Qué significa atendidas?
Bueno, cada una tiene su propia historia. En el caso automotriz necesitábamos que las reglas de origen fueran lo suficientemente flexibles para permitir que la industria establecida en México pudiera aprovechar el acuerdo. La reglas de origen de Europa eran muy estrictas, con niveles de contenido regional muy altos, y hubiera sido muy difícil lograr que México pudiera exportar con preferencias a la Unión Europea. Lo que conseguimos fue una regla de origen mucho más flexible, en donde, por ejemplo, para la elaboración de autopartes se prevé la posibilidad de traer el acero de fuera, o sea de Asia, Estados Unidos y de otras regiones.

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En el caso del calzado la historia era al revés. Había una gran preocupación en México porque la regla de origen que Europa planteaba era muy flexible y permitía que se pudiesen incorporar partes muy importantes de otras regiones –principalmente de Asia y África–, lo que podía implicar que íbamos a recibir exportaciones de productos que realmente no fuesen europeos. Ahí logramos que prevaleciera la regla mexicana, que es mucho más estricta porque exige que, para que un zapato sea un zapato para México y Europa, al amparo del tratado, debe ser confeccionado con insumos mexicanos o europeos. Y en el caso textil fue algo similar.

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¿Cuál era la situación del sector agropecuario?
En este sector quedaban algunos productos donde queríamos acceso y donde no se había logrado un acuerdo antes de la última ronda: el caso del jugo de naranja, aguacate, café, las flores o algunos casos de huevos industrializados, (pero) en las últimas semanas conseguimos un paquete que hizo que el acuerdo fuera aceptable.

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¿Cuáles son los puntos que no se lograron?
En el sector agropecuario, por ejemplo, nos hubiera gustado que algunas de las cuotas fueran más grandes, o incluso que no hubiera. Es el caso del jugo de naranja, cuya cuota es de 30,000 toneladas. Pero claramente llegamos a la conclusión de que el acceso que nos ofrecían a través de cuotas era bastante atractivo para empezar a entrar a este mercado, y que si uno seguía insistiendo por algunos productos era posible que perdiéramos el todo. También había una preocupación por defender algunos intereses muy sensibles en el sector agropecuario, ante la posibilidad de importaciones que vinieran de Europa en condiciones subsidiadas, como los cereales, los lácteos y los cárnicos. Al final pudimos excluir todos esos sectores de la negociación, por lo menos hasta que la UE no reforme su política agrícola común, y acabe con esas prácticas desleales de competencia en los mercados internacionales.

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México tiene ahora tratados con los dos grandes bloques mundiales: América del Norte y la Unión Europea. ¿Cuál es la diferencia entre ambos acuerdos?
Los acuerdos son bastante similares en términos de contenido. Ambos son bastante ambiciosos. De hecho, como dijo el comisario (de la UE) Lamy, este es el acuerdo de libre comercio más ambicioso que ha negociado Europa.

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Lo que permitirá esto es, efectivamente, poner a México en una posición estratégica privilegiada como el único país del mundo con acceso hacia América del Norte, América del  Sur y, ahora, hacia Europa.

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¿Es una casualidad que el acuerdo entre en vigor un día antes de las elecciones presidenciales del 2 de julio?
Yo creo que es una casualidad derivada de varias cosas. Primero, este acuerdo llevamos negociándolo desde el 95, y la negociación comercial duró más de un año. Ahora, es común que acaben las negociaciones y se escojan fechas para que entren en vigor; y aquí o entraba en vigor a principios de año o entraba en vigor a mediados de año. Esto hay que verlo como un instrumento básicamente de largo plazo, para tener una relación con Europa más cercana y más profunda, y no como propaganda electoral.

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¿Cuáles son las expectativas?
Que siga creciendo el comercio de México y particularmente el comercio con Europa. Estamos hablando de un mercado cercano a los $15,000 millones de dólares al año, cifra ridícula si uno tiene en cuenta que México tuvo el año pasado un comercio bilateral de cerca de $270,000 millones. Nosotros creemos que con este acuerdo puede pasar una cosa similar a lo que pasó con Estados Unidos y Canadá, es decir, que en los próximos cinco o siete años se duplique el comercio. También esperaríamos que los flujos de inversión extranjera hacia México crecieran en importancia. Y finalmente, pero no menos importante, que la relación política se profundice y que, lo que históricamente ha sido muy importante para México, que es la relación con Europa, adquiera realmente el nivel que se merece.

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