Eslabones de libertad

Quien domina la cadena de suministro, domina el mercado.
Gabriela Ruiz

Una densa neblina mañanera cubre la carretera entre Guadalajara y Silao. Apenas se entreven los plantíos de agave azul como borrones oscuros y alineados. Pese a la bruma, la camioneta va a más de 120 kilómetros por hora. Su conductor, Sergio Montiel, casi podría manejar en este camino con los ojos cerrados. Como encargado de mantenimiento de las unidades de transporte de Ryder de México, sabe que su labor es tan sólo un eslabón en la larga cadena de suministro… y si algo sale mal o fuera de tiempo, se arruina el resultado.

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Orquestar cada uno de los cientos, quizá miles de pasos que parten del abastecimiento de insumos hasta la conformidad del usuario final, exige una meticulosa metodología. La Universidad del Estado de Arizona, en su página electrónica, define así a la administración de cadena de suministro (ACS): “Se enfoca en las herramientas de administración de globalización e información que integran provisión, operación y logística desde la materia prima hasta la satisfacción del cliente.” Pero mejor echemos mano de ejemplos reales.

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Encadénate ya
En la navidad de 1999, Amazon.com recibió un gran número de pedidos para regalos. La capacidad de recibir órdenes era prácticamente ilimitada y prometía una época sin las molestas compras multitudinarias en centros comerciales. Lo que la firma no contempló fue que la distribución de los pedidos no era virtual. El servicio postal no se dio abasto para entregar las órdenes a tiempo. Millones quedaron sin regalo el 25 de diciembre. Los medios no criticaron al servicio de entrega, sino a Amazon.com.

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Humillaciones puede haber peores. La revista Business 2.0 publicó el pasado marzo que una productora de hardware, Cisco, tuvo brechas en sus sistemas de información. Esto condujo a la empresa a acumular componentes que nunca usó, con un valor de $ 2,200 millones de dólares en 2001. Una correcta administración habría evitado ese doloroso déficit.

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Erróneamente, la ACS suele asociarse con el transporte de bienes o servicios y, en el mejor de los casos, con la logística. Pero –según Germán Ortiz, socio de Deloitte Consulting (próximamente Braxton)– esta noción es incompleta. En realidad, empieza por pronosticar la demanda y tendencias del mercado antes de producir. Desde ahí parte un despliegue de procesos que deben funcionar como reloj. Según demostró un estudio realizado este año por Northeastern University de Boston en conjunto con Accenture, el valor agregado que ofrecen firmas competitivas surge de una gestión ideal.

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De la causa a los efectos
Una cerveza mexicana de marca Corona o Sol en un pub irlandés, por ejemplo, ha pasado por una incontable serie de procesos que el consumidor ignora: todos ocurren tras bambalinas. Y sin duda la rodaja de limón que flota en su interior también ha recorrido una ruta insospechada.

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La ACS radica en la orquestación tanto de la circulación de productos como de la información en todos los niveles. Roberto Reyes Verduzco, gerente de Operaciones en Ryder, compañía especializada en el ramo, explica: “La integración de la cadena incluye la coordinación de mover materia prima o artículos terminados de un punto a otro. Paralelamente, hay un flujo de información en todo momento sobre el estado de la mercancía, su localización, si ya se surtió, si ya se puede cobrar… Ésta se da al cliente a través de herramientas informáticas.”

El caso de una bien orquestada ACS, que marca la diferencia, tiene lugar en la corporación mexicana Bimbo. La principal promesa de tal organización es la frescura del producto al abrir un empaque en cualquier lugar donde se adquiera. Sin embargo, los secretos de esta ACS ejemplar son celosamente guardados por la firma misma, que según Ortiz da servicio incluso a sus competidores. Otra muestra: la menos recelosa British Airways decidió agilizar la relación con sus 30,000 proveedores a través de una aplicación electrónica basada en internet. El resultado: un ahorro anual de aproximadamente $260 millones de dólares.

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Subcontrata tu cadena
Armonizar a todos los protagonistas de la ACS no es cuestión de elección, sino de supervivencia. A medida que la competencia se incrementa, las agrupaciones tienen que concentrarse en hacer lo que les sale bien y buscar a terceros. La desaparición de fronteras comerciales ha resultado en la descentralización de muchos procesos de producción. Por ejemplo, cierta importante marca de computadoras, que no quiere ser identificada, contrata a Ryder con el fin de que administre la llegada de componentes de varias partes del mundo, su ensamble y la distribución del producto terminado. En ese sentido, la firma ya no se dedica a hacer computadoras, sino a la investigación y administración de su marca.

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El estudio realizado entre productores con presencia en la revista Fortune 500 reveló que 74% de las compañías participantes subcontrataron servicios de cadena de suministro en 2001. Se estima que el mercado anual para este renglón es de $50,000 millones de dólares.

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“Observamos que muchas corporaciones, en lugar de dedicar sus esfuerzos al diseño y venta del producto, están concentradas en cómo contratar el flete o en si invierten en un sistema computarizado para el control de inventarios”, asegura Eugenio Sevilla-Sacasa, vicepresidente de Ryder Latinoamérica. Para él, la ACS se encuentra en etapa de infancia. También señala la dificultad de cambiar la cultura del empresariado mexicano, que durante muchos años ha practicado ACS de manera empírica e ineficaz.

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La ACS es la diferencia
Importantes indicadores señalan que estos procedimientos de gestión llegaron para quedarse y perfeccionarse. El estudio de Accenture y Northeastern University concluye que los conglomerados de manufactura de Fortune 500 continuarán contratando los servicios de expertos en ACS en años por venir. “La comunidad empresarial local cada vez tiene mayor conciencia de la ACS. En México hay casos, como el de Cemex, en los que se tiene un conocimiento claro de lo que ésta es. Empero, existen muchos otros que no están al mismo nivel, sobre todo de empresas medianas y pequeñas”, asevera el directivo.

El problema es que estas compañías nunca descubren los costos escondidos en una ACS deficiente. Por ejemplo, que los productos se quedan en inventario y se hacen obsoletos. Esto impacta el precio de los artículos locales, lo que impide dar batalla a las agresivas exportaciones de países como China. Por otra parte, Sevilla-Sacasa indica que tal vez un camión puede costar 10% más que otro, pero si realiza menos viajes y el producto llega a tiempo, el cliente estará satisfecho y repetirá la compra. Para ponerlo en claro: si una mercancía no está en el anaquel del autoservicio, el consumidor elegirá a la competencia para ponerla en su carrito del supermercado.

En conclusión: si quieres ser global, ACS tendrás que usar.
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