Estrategia triunfadora

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Ricardo Medina Macías

Santiago, esto no puede seguir así.
-—Tiene razón, señor, no podemos segur viéndonos de esta manera. La gente empieza a murmurar. El otro día, Felipe...
-—No me refiero a eso, estoy hablando de los terribles resultados que hemos obtenido.
-—La crisis, señor, la crisis. He leído que la recesión económica afecta especialmente a los negocios de mostrador, ¿el nuestro es un negocio de mostrador?
-—No sé, Santiago, recuérdame que le pregunte a Guillermo. De cualquier forma, eso no importa. Lo importante es que perdemos terreno cada día, hoy fueron los estados de México y Coahuila, mañana ¿qué más?
-—¿Texas, señor?
-—No, Santiago, no. Tienes que escucharlo aunque suene terrible: ¡la capital, Santiago, la capital!
-—Bueno, señor, no hay que preocuparse en vano. Justamente unos amigos de Esteban, el nuevo muchacho que nos mandó, me dijeron que todo es cuestión de posicionar nuestra marca como garantía de solidez y experiencia.
-—Sí, Santiago, no deja de ser mala idea, pero creo que ha llegado la hora del relevo.
-—No.
-—Sí.
-—No puedo creerlo.
-—Más te vale. Quiero tu renuncia.
-—¿También yo?, ¿no bastó con Toño?
-—Son casos distintos. Tú no me obligarás a removerte.
-—No ¿para qué?, yo sí entiendo las indirectas, señor. Quisiera saber, sin embargo, qué me depara el destino...
-—Algo habrá en tu futuro, Santiago, no te preocupes.
-—Y ya aquí entre nos, señor, ¿por qué se fue Toño?
-—Porque se agotó su ciclo.
-—No, de veras...
-—Pos ¿por qué va a ser?, porque la regó.
-—Ah, lo de los huesitos fue un fracaso ¿no?
-—Eso y decenas de cosas más. Pablito lo embarcó a él y él nos embarcó a nosotros.
-—¿A nosotros?
-—Lo digo en plural mayestático.
-—Lo voy a buscar en el diccionario.
-—Hazlo, vas a tener tiempo de sobra.
-—Gracias, señor.
-—No hay de qué, Santiago.
-—Bueno, señor, ¿y quién me reemplazará?
-—Aún no lo decido, necesitamos a alguien que aplique una estrategia ganadora, que no se detenga ante nada, que no le tema al triunfo. Dicho sea sin ofender, Santiago.
-—No, para nada. Nunca he sido susceptible.
-—Bien, ¿algún nombre que se ajuste el desafío de 1997?
-—Pues, aunque es un poco bronco podría funcionar. Tiene empuje y es ocurrente, además tiene experiencia en los negocios: ¿qué le parece si escoge a Vicente?
-—Santiago, ese no puede ser. Está en la competencia.
-—Nos lo podríamos piratear, señor. Ya ve que los del equipo amarillo a cada rato nos andan quitando ejecutivos.
-—Puro material de desecho, Santiago.
-—Bueno, eso sí.

-

—Mira, Santiago. Lo que necesitamos es alguien con pensamiento propio, con independencia, con audacia y empuje, con inteligencia y sagacidad. Alguien con prestigio de ser un hombre persuasivo, cortés. Alguien con convicciones propias que nos levante las ventas y nos permita seguir siendo líderes en el mercado.
-—Bueno, no está tan difícil, con el presupuesto que traemos para el año próximo hasta yo podría sacar adelante el paquete.
-—Lo dudo, Santiago.
-—¿No estará pensando en contratar un agente libre que no pertenezca a la empresa?
-—Que la boca se te haga chicharrón, no digas disparates. Si de por sí nos critican porque no hemos hecho carrera desde abajo, dentro de la corporación...
-—Entonces, ¿quién?
-—Mira sólo tenemos un hombre con esas características. Sólido, inteligente, con ideas propias, con el porte que se espera de un líder de primera categoría.
-—¿Quién, señor?
-—Pues, Humberto, ¿quién más?
-—¿Humberto?, ¿el de la gesticulación triunfadora?, ¿el que maneja el área de aprobación automática?
-—Claro, él. Humberto.
-—Ay, señor, ahora sí que ni la burla perdona.

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El autor es director editorial de noticiarios de TV Azteca y colaborador de - El Economista.

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