Europa y México

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Alan Stoga

Hace cinco años, México negoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y cambió su destino —para bien y para mal–. En contraste, el impacto del acuerdo comercial con Europa será mucho menor. Europa nunca será el socio comercial más importante de México, ni su fuente principal de inversión extranjera. Más aún, nunca será el motor de crecimiento del país ni absorberá su excedente de mano de obra. Una frontera de 3,000 kilómetros —y una economía más sana– significan que estos roles están reservados para Estados Unidos.

- Empero, lo que una relación más profunda con Europa puede hacer, es ayudar a que Estados Unidos deje de pensar que tiene a México en la bolsa. El tratado podría servir para recordarle a Washington que México es capaz de conducir una política exterior independiente.

- Es importante reconocer que la Europa con la que México ha negociado atraviesa por un pasaje difícil. 1999 vio nacer una moneda común europea, pero también fue testigo del fracaso de una respuesta común al genocidio en Yugoslavia. Resultó más fácil para los franceses y alemanes renunciar a sus francos y marcos que acceder a detener la matanza de civiles inocentes. Pese a su creciente poder económico y financiero, Europa necesitó el liderazgo y la intervención militar de Estados Unidos para superar su propia inercia.

- Este contraste entre la madurez económica y la inmadurez política se vuelve cada vez más evidente. La velocidad del cambio económico ha sido sorpresiva. Europa sería un competidor formidable para Estados Unidos si sus políticos se movieran al mismo paso que sus empresarios y financieros. La falta de imaginación de su liderazgo político queda en evidencia por el fracaso en abordar la sucesión de tragedias en los Balcanes, la lenta apertura a los países de Europa Oriental, la renuencia a tratar con Turquía, y la incapacidad de definir una nueva relación con Rusia.

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- ¿Qué puede esperar México de una Europa así?
La respuesta breve es: no mucho. Quizá un poco más de intercambio y de inversión. Aun si el comercio bilateral entre México y Europa se duplicara, sería inferior a una sexta parte del comercio con Estados Unidos. Y, en cualquier caso, en la economía global, no tiene mucho sentido que México se aleje de su relación con Estados Unidos, en la que tiene una ventaja incomparable, creada por la geografía y la historia.

- No obstante, una diplomacia mexicana hábil podría utilizar la nueva relación con Europa para conseguir lo que se necesita con desesperación tanto en la Ciudad de México como en Bruselas: que Washington las tome en serio. Y eso sería un logro importante.

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