Everardo Elizondo: No se presagia una cr

La lucha contra la inflación no es un dogma. En México no se persigue una meta de inflación sin
Samuel García

Con el incremento en el precio de la electricidad la inflación volvió a ser un tema relevante. ¿Cómo lograr las metas con este impacto?
- -Para el banco central la inflación no ha dejado de ser un tema. Ni el 6.5%, ni el 4.4% corresponden estrictamente a la definición de estabilidad. De hecho teníamos otros incrementos importantes de precios –como el Metro, autobuses urbanos, algunos bienes perecederos– y la preocupación sobre los aumentos salariales. En ese marco de referencia aparece el ascenso a las tarifas eléctricas. Sabemos que las variaciones de estos costos pueden traducirse en un cambio en las expectativas del sector privado y dar la idea de que el Banco de México adopta una actitud permisiva al respecto. Pensamos que es tiempo de decir con claridad que la institución seguirá una política monetaria suficientemente restrictiva para crear las condiciones que lleven a 4.5%.

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La preocupación sobre la inflación, ¿tiene origen en los precios del sector público?
- -Con dos aclaraciones importantes. Primero: que la reversión potencial de algunos importes del sector agropecuario tiene muy poco que ver con el sector público. Segundo: que el comportamiento ascendente de la mano de obra está determinado por el mercado. En ninguno de estos casos hay conexión directa con acciones específicas del gobierno. Es posible que las variaciones abruptas de algunos precios sensibles para el consumidor pudieran dar lugar a una actitud más demandante de los sindicatos, que se tradujera en presiones adicionales a la alza de los salarios en el futuro próximo.

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¿Son los sindicatos y el gobierno los actores más importantes para la expectativa de inflación?
- -Junto con las empresas privadas, desde luego. A un mercado que se caracterizó, en la fase expansiva de la economía, por una insuficiencia de mano de obra calificada, siguieron variaciones de salarios que estuvieron por encima de la inflación esperada y de los incrementos atendibles de la productividad, sobre todo en el sector manufacturero. El grueso de esas modificaciones no tiene mucho que ver con la influencia gubernamental. Al paso del tiempo, y con la presentación plena de la recesión, los mercados de trabajo se han venido aflojando; eso debe introducir un elemento de moderación automática en las negociaciones salariales.

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¿Está al alcance una inflación promedio mensual no mayor a 0.25% para el periodo marzo-diciembre?
- -En 2001 hubo incrementos de precios extremadamente bajos, que escaparon a las previsiones públicas y privadas, por una combinación muy afortunada de fenómenos de oferta y deceleración de demanda que se dio a finales del año, y que aún persisten. Existen toda suerte de conjeturas y análisis que indican que la economía estadounidense ya está exhibiendo algunos síntomas de recuperación. A nosotros esas manifestaciones nos van a llegar con rezago. Por lo pronto lo que tenemos son saltos en los precios, en un contexto en el que la demanda agregada es muy débil. El clima recesivo es favorable para que no se muestre una inflación generalizada. Aun así, previendo esos contagios, la Junta de Gobierno decidió hacer más restrictiva la política monetaria.

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¿Cuáles son los tres factores que impactarán más en los precios?
- -Que no ocurran más sorpresas en algunos rubros importantes del índice general de precios, que se mantenga el comportamiento ordenado en el importe de los bienes agropecuarios y que no haya sobresaltos en las variables financieras en general, lo que depende de la ausencia de choques externos.

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¿Es partidario de liberalizar los precios administrados o controlados por el Estado; la gasolina, por ejemplo?
- -El único problema en ello es que se produce por parte de entidades que no tienen competencia. Una liberalización allí no tiene mucho sentido. Para hacerla se necesitaría pasar primero por una reforma estructural, que está pendiente en el sector energético. El público en general no distingue muy bien si los precios de bienes y servicios producidos por una entidad gubernamental son producto de una modificación en las tarifas o de la aparición de un impuesto adicional. A mí me gustaría ver el mínimo de precios controlados; creo que el mercado sabe en general más que los burócratas y, en consecuencia, que los valores relativos correctos en una economía dependen básicamente de un entorno competitivo.

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¿La guerra contra la inflación debe ser sin cuartel?
- -En ningún caso es un dogma o una disposición doctrinal. La política económica no se hace en el vacío, se hace en un contexto en donde todas las circunstancias son tomadas en cuenta. El trabajo de desinflar una economía con variaciones muy pronunciadas y volátiles es terriblemente difícil. En los últimos años hemos adoptado una actitud que no es, en ningún caso, de choque. El ejemplo es lo que ocurrió en 1998, cuando vino la crisis rusa, la caída abrupta de los precios del petróleo y el preámbulo de la crisis brasileña; la posición de las autoridades monetarias no fue perseguir a toda costa el objetivo de inflación de ese año. Acomodamos el impacto y mandamos la señal de que nos importaba retomar la dirección a la estabilidad; y lo hicimos en 1999.

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¿La meta de 4.5% para el año atiende las consideraciones sociales y las situación del sistema productivo mexicano?
- -Sí. Supongo que la intención de la pregunta es plantear si la meta de inflación es razonable considerando la situación de recesión que atraviesa la economía. Una buena parte de esta recesión no tiene nada que ver con las variables internas, sino con el hecho de que la economía mexicana está inmersa en un proceso mundial.

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Se ha cuestionado la eficacia del corto en el logro de los objetivos del banco central. ¿Han visto resultados concretos?
- -Los efectos inmediatos que produce el corto son las variaciones de las tasas de interés que el banco considera congruentes con el control de la inflación. En ese sentido, aunque es un instrumento menos nítido que una tasa oficial de referencia, pasa la prueba del ácido por dos razones: la primera es que la inflación ha venido a la baja, y la segunda no tiene ninguna importancia. Esa es la prueba de la eficacia de un instrumento: las cosas han salido bien.

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¿Qué le diría a quienes afirman que el Banco de México es uno de los factores que inhiben la reactivación?
- -Antes de pasar a un juicio tan severo convendría revisar los hechos y ver si avalan una aseveración de esa naturaleza. Creo que no. Suponer que este nuevo apretón de la política monetaria disuadirá una recuperación, me parece asignarle al instrumento un potencial que no tiene. No hay detrás de esta afirmación un sustento en la realidad que justifique esa declaración.

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El tipo de cambio ¿es una preocupación?
- -Es una variable que el mercado determina. Ciertamente el nivel actual plantea retos muy importantes a los exportadores; seguramente es un elemento que intranquiliza a quienes piensan en el futuro de las ventas al exterior y a los que compiten con las importaciones. Claro que esta apreciación, que nadie imaginó, se ha convertido en un elemento que hay que vigilar con detenimiento. No hemos detectado ningún signo de que la paridad sea la variable que está determinando lo que sucede en las cuentas externas. El factor más importante en la evolución del comercio foráneo es la situación de la demanda en Estados Unidos. El tipo de cambio constituiría una variable inquietante si, como en el pasado, las autoridades nos hubiéramos empeñado en determinar su precio. Pero no es, ahora, indicativo de ninguna crisis por venir.

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