Expectativas devaluadas

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Los editores

Una vez más, los mexicanos entramos de lleno al reino de la incertidumbre económica. La violenta devaluación de la moneda que inició con un aumento en la banda de flotación cinco días antes de Nochebuena y que, ante la ola especulativa, fue entregada a las fuerzas de la oferta y la demanda para depreciarse, al cierre de esta edición, en más de 70% hizo añicos al resto de las variables macroeconómicas.

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En este momento no es posible aventurarse a realizar proyecciones. Lo único cierto es que 1995 será un año aciago, con una inflación significativamente superior a la estimada y un crecimiento económico muy inferior al esperado. Ni hablar ya de reservas financieras, tasas de interés, salarios y gasto público. El escenario ya no es el mismo. Como bien se explica en el artículo “Rectificaciones incompletas", que comienza en la página 17, el nuevo gobierno se vio obligado a reconocer que el análisis que habían realizado sus antecesores acerca de la evolución de las cuentas externas del país no era el correcto. El deterioro provocado por la ficción de bajar la inflación mediante importaciones financiadas con recursos externos a un tipo de cambio casi fijo, era más grave de lo que se había informado. Por eso el Banco de México se retiró del mercado cambiario, dejando a flotación el peso.

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La necesidad de la medida no está a discusión, pero las autoridades financieras cayeron en una serie de contradicciones que sólo empeoraron el de por sí grave problema. El hecho de que en los Criterios Generales de Política Económica se asegurara que la paridad seguiría con su deslizamiento habitual, y que el secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche, así lo confirmara ante inversionistas estadounidenses, a través de periódicos como The Wall Street Joumal, sólo para modificar abruptamente el camino unos días después, provocó un sentimiento generalizado de desconfianza. El dinero foráneo voló en cantidades multimillonarias a donde pudo respirar mayor seguridad.

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Para las empresas mexicanas se abre un lapso de incertidumbre, durante el cual la planeación será sustituida por estrategias de mera sobrevivencia. No hay que olvidar que el modelo de apertura comercial adoptado por el país hace casi una década forzó a buena parte de la planta industrial a recurrir a proveedores externos, tanto de insumos como de capital. Hoy enfrentan una dura realidad.

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Y en medio de esta realidad cobra especial relevancia la figura de Miguel Mancera Aguayo, gobernador del Banco de México, nombrado Hombre de EXPANSIÓN por el Consejo Editorial de esta revista escasos días antes de la tormenta financiera de fin de año. Incansable luchador por la estabilidad económica y el crecimiento sin disfraces, su nominación está más que justificada por su larga trayectoria y su experiencia, que nuevamente se pondrá a prueba en este turbulento 1995.

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Pese a todo, deseamos a nuestros lectores un año pleno de satisfacciones.

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