Experiencias de la crisis

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La primera crisis de la economía mexicana en su modalidad de economía abierta, ha dejado importantes experiencias que deben ser estudiadas y aquilatadas.

- La crisis enseñó que una nación en desarrollo, con fuertes deficiencias estructurales, con un comercio exterior plenamente expuesto a la competencia, que financia sus desequilibrios comerciales con capitales internacionales de corto plazo atraídos por altas tasas de interés y un tipo de cambio fijo, es una economía muy vulnerable.

- En contrapartida, otra de las experiencias significativas de la evolución económica reciente, apunta a la posibilidad de que la mayor apertura económica, así como la existencia de sectores industriales con capacidad exportadora, propicia una mayor receptividad y capacidad de respuesta a los programas de ajuste. De ahí se explica la sorpresa de los economistas frente a la rápida reacción de la economía, que ha conseguido en sólo tres meses equilibrar su balanza comercial y de cuenta, corriente, así como revertir coyunturalmente las tendencias devaluatorias de la tasa de cambio y el crecimiento de las tasas de interés.

- Esto último ha motivado un cambio importante en el ánimo de las autoridades y de algunos agentes económicos, que han llegado a plantear que la crisis comienza a ceder, e incluso han incurrido en el exceso de postular el surgimiento de un nuevo "milagro mexicano" para 1996.

- Sin embargo, a estas alturas de la recesión no resulta prudente asumir posiciones triunfalistas, toda vez que, en el mercado interno se perciben señales negativas a raíz de la caída del consumo y sobre todo del cierre de un número importante de micro y pequeñas empresas y de la pérdida de puestos de trabajo.

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- El INEGI reporta que en los primeros tres meses de 1995 la tasa de desempleo abierto alcanzaba ya 5.3% de la población económicamente activa (PEA), que según el último Censo General ascendía a 32 millones de habitantes. Se estima que en este periodo entre 350,000 y 400,000 trabajadores industriales habían perdido su empleo y se teme que en el segundo semestre esta cifra aumente hasta totalizar dos millones de desempleados en 1995, con lo que la tasa de desempleo abierto podría ascender hasta 10% de la PEA.

- Un desempleo abierto de esta cuantía, combinado con otros millones de trabajadores subempleados y la pérdida del poder adquisitivo, representa a estas alturas un serio riesgo de conflictos sociales.

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