Explotar la maquila

La estructura política y económica, que está muy lejos del pragmatismo y el compromiso con el pa?
Alejandro Castillo

Ahora que la actual administración reconoce la incapacidad de los últimos gobiernos para aprovechar las ventajas que proporciona contar con la riqueza petrolera, conviene recordar que también se ha fallado en el aprovechamiento de otras actividades en las que no influyen factores como el tipo de propiedad o los problemas sociales –que en otros casos, como en el petróleo y la agricultura, se atribuyen como causa de fracasos–, sino que queda evidente la incapacidad de la estructura política y económica para promover el desarrollo. Ese es el caso de la industria maquiladora, que si bien ha crecido y es una fuente de empleos y divisas, en realidad permanece ajena al desarrollo del resto de la economía; a su vez, los beneficios que proporciona, si bien son irrenunciables, apenas representan una fracción de lo que se podría obtener de ella si se contara con una estrategia consistente de integración y asimilación, favorable a todos.

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Durante 1997 la industria maquiladora aportó un valor agregado de $8,833 millones de dólares. Para ello, importó materias primas por $36,332 millones de dólares y dio empleo durante el año a 898,785 personas, en promedio, en un total de 2,717 plantas.

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Esos datos tienen importancia relativa. Por ejemplo, el valor agregado por las maquiladoras sólo fue menor en $2,490 millones de dólares al total de las exportaciones petroleras en 1997.

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Gracias a las exportaciones de petróleo y al valor agregado por las maquiladoras, que sumaron $20,156 millones de dólares, se compensaron parcialmente las importaciones de bienes de consumo y bienes de capital, que durante el año pasado ascendieron a $24,442 millones de dólares. Es evidente que sin el aporte del energético y las maquiladoras, el país tendría un déficit mucho mayor.

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A pesar de que las maquiladoras instaladas en el país equivalen a 1% del total de establecimientos industriales censados en 1993, esta actividad tiene una gran importancia en la generación de empleo industrial. En 1997, los trabajadores ocupados por la maquiladora de exportación representaron más de 24% del total de asegurados permanentes por la industria manufacturera en el Instituto Mexicano del Seguro Social.

- -BENEFICIOS LIMITADOS
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Si bien es innegable la importancia que tiene la industria maquiladora de exportación para el país, como ocurre con el petróleo y con otras actividades, lo que se recibe en realidad es una mínima parte de lo que podría generar esa actividad.
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Entre los aspectos positivos sobresale la preferencia que, en años recientes, han demostrado estas empresas por instalarse en estados no fronterizos. La participación de las que se encuentran instaladas en la frontera, con respecto al total, pasó de 83.7% en 1988; después, con la sobrevaluación aumentaron su participación a 86% en 1994; sin embargo, con la devaluación posterior su participación bajó a 81% durante 1997. Ese comportamiento contribuye a derramar sus beneficios en cada vez más regiones del país.

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En contrapartida, las políticas gubernamentales y la práctica empresarial del país no han propiciado la asimilación, por parte del conjunto de la economía, de la tecnología de punta que utilizan las maquiladoras en algunos sectores y tampoco han generado la integración de cadenas productivas con empresas instaladas en el país. Como consecuencia de este comportamiento, el uso de insumos y empaques de origen nacional apenas equivale a 2% del total del valor de las materias primas consumidas por las maquiladoras.

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Evidentemente, esa falta de integración reduce el arraigo de las empresas maquiladoras en el país, que por cierto son muy sensibles al comportamiento del tipo de cambio. Históricamente, la instalación de maquiladoras se acelera durante los periodos en que el peso se encuentra subvaluado –cuando los salarios y servicios de origen nacional resultan más baratos– y reduce su ritmo en los periodos en que la moneda nacional está sobrevaluada. Como consecuencia de ese comportamiento, entre 1982 y 1988 su número creció a una tasa media anual de 15.6%, entre 1988 y 1994 ese ritmo se desaceleró a una tasa de 6.9% y en los últimos tres años se recuperó a 9.2%.

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Por supuesto, si no se modifica el porcentaje de integración, el valor agregado por las maquiladoras medido en dólares disminuye relativamente cuando se subvalúa el peso y a la inversa, aumenta cuando se sobrevalúa.

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Por otra parte, independientemente del comportamiento del tipo de cambio, se observa una tendencia por la cual, con algunos altibajos, es cada vez menor la participación de las maquiladoras que desarrollan manufacturas complejas de alta tecnología; en cambio hay un incremento en las que utilizan mano de obra de manera intensiva.

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Por ejemplo, la participación de las maquiladoras que ensamblan maquinaria y equipo eléctrico disminuyó de 10.9% en 1982, a 7.2% en 1988, 5.6% al término de 1994 y 5% el año pasado. La participación de las maquiladoras que manufacturan materiales y accesorios eléctricos y electrónicos bajó de 27% en 1982, a 22.3% en 1988, para ubicarse en 19.3% en 1994 y 16.2% en 1997.

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En cambio, en esos años el porcentaje de empresas dedicadas al ensamble de muebles pasó de 8.9%, a 12.4%, 13.3% y 12%. A su vez, la participación de las que fabrican prendas de vestir cayó de 18% a 14%, entre 1982 y 1988, pero después comenzó a crecer rápidamente a 19% en 1994 y 26% en 1997.

- -URGE ACTUAR
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Además de las limitaciones que ya se han observado en el desarrollo de las maquiladoras y que impiden aprovechar sus requerimientos de insumos, la evolución futura de esta actividad en México se enfrenta a nuevos retos.
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El efecto del Tratado de Libre Comercio (TLC), que fue un factor de arraigo, podría perder fuerza a medida que las ventajas comerciales obtenidas por México se generalizan.

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La competencia mundial que se observa en algunos giros, en particular los de tecnología avanzada, podría ser la causa de la desaceleración o incluso el retiro de algunas de esas inversiones. Este podría ser el caso, por ejemplo, de la fabricación de cinescopios, puesto que las maquiladoras instaladas en México ya tienen un peso importante en el mercado internacional.

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Aun considerando las ventajas que brinda el TLC y la cercanía geográfica con Estados Unidos, habrá algunas empresas que decidan invertir en Asia, para aprovechar la devaluación que sufrieron las monedas de esa región y para posicionarse cerca de mercados como el chino, que tienen un gran potencial de crecimiento.

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En ese contexto, urge aplicar el Programa de Política de Desarrollo Industrial y Comercio Exterior, y realizar más esfuerzos por lograr la integración de la industria nacional con las maquiladoras. No basta, como se ha señalado reiteradamente, con ofrecer créditos –que, por cierto, no hay–, sino que es urgente que los funcionarios de todos los niveles se comporten como servidores públicos y no sigan recetas; que los empresarios actúen como emprendedores –en coordinación con el gobierno, pero sin involucrarse en sus juegos políticos–, y que los trabajadores reconozcan que sólo con empresas competitivas podrán mejorar sus condiciones de vida. Ciertamente, se cuenta con poco margen para actuar, pero éste se podría potenciar si se unen los esfuerzos de todos los sectores.

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