Exterminador

No hay que dudarlo: los virus son la plaga del siglo. Por fortuna, hay quien cree que pueden elimin
Andrés Piedragil Gálvez

Para definir el carácter de Steve Chang bastan tres palabras: cordialidad, alegría y sencillez. Es una buena persona. Siempre muestra un excelente humor, aseguran quienes lo conocen. Pero todo hombre tiene su límite. Y los creadores de virus informáticos rebasaron la línea de este empresario de origen taiwanés: el 8 de noviembre de 1988 fundó Trend Micro, compañía que se dedica a crear soluciones antivirus y aplicaciones que filtran y depuran el contenido que viaja por internet. Aunque saben que la batalla aún no tiene un ganador definido, la comunidad internacional de hackers –especialistas técnicos que inventan programas para dañar sistemas de cómputo– debe reconocer que provocar a Chang no fue la mejor idea. El presidente y director ejecutivo (CEO) de Trend Micro se ha encargado desde hace 13 años de arruinar muchas fiestas de caos informático.

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La ira de Steve Chang también se tradujo en un negocio rentable. En 1994 el proveedor de software de seguridad generaba $10 millones de dólares en ventas. Seis años más tarde la cifra alcanzaba $208 millones de dólares. Para el primer semestre de 2001, la compañía reportó ventas por $103,500 millones de dólares –por arriba de los $76.7 millones de dólares obtenidos durante el mismo periodo del año pasado–. En términos de ingresos netos, los primeros seis meses de 2001 aportaron $24 millones de dólares, lo que representa un crecimiento de 1.1% con respecto al primer semestre de 2000 (momento en el que los ingresos fueron $23.7 millones de dólares). A pesar de la desaceleración de la economía mundial –factor que ha golpeado a la industria tecnológica y que refleja el mínimo aumento en el renglón de ingresos–, Trend Micro asegura que a finales de 2001 manifestará un crecimiento general de 60%.

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Al mismo tiempo, en el campo del software de seguridad, la organización que dirige Chang encabeza algunos segmentos del mercado. Por ejemplo, de acuerdo con una investigación de International Data Corporation (IDC), durante el periodo 1999-2000, la firma fue la proveedora de soluciones antivirus que registró el mayor crecimiento: 51%. Asimismo, según IDC, la empresa del taiwanés también superó a sus rivales en el rubro de incremento en ingresos: obtuvo un promedio de 24%; los competidores más importantes quedaron atrás: Network Associates con 6% y Symantec con 21%. En el nicho de protección para gateways de internet (sistemas para habilitar acceso a la Red; es decir, las puertas por las que se recibe y envía información vía web), asegura IDC, Trend Micro posee una participación de mercado de 54% (global).

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En una reciente visita a México, Expansión charló con Steve Chang, un hombre que le declaró la guerra a los males que amenazan el universo digital.

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Lo buscaron… y lo encontraron

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Taiwan, principios de la década de los 80: Steve Chang y los criminales informáticos se suben al cuadrilátero por primera vez. En ese momento, los virus digitales no figuraban en la agenda de combate. Con la ayuda de su esposa Jenny, el ejecutivo funda la empresa AsiaTek en 1984. La compañía desarrolla una aplicación de bases de datos en idioma chino y, poco tiempo después, crea el primer procesador de textos en dicho lenguaje. En menos de dos años las copias ilegales de sus programas inundaban el mercado asiático. Para evitar que el problema se tornara más grave, Steve Chang creó el equipo T-Lock: un dispositivo –que incluía un software especial diseñado por el taiwanés– que se conectaba al puerto de la impresora e impedía la reproducción no autorizada de una aplicación. El producto consiguió un éxito comercial moderado.

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El tema de la vulnerabilidad de los sistemas de cómputo empezó a despertar el interés de Chang. El ejecutivo regresó a Estados Unidos en 1986 y, a causa del avance tecnológico, el asunto que llamaba su atención se transformó en un factor de la mayor relevancia. En ese contexto nace Trend Micro. Para finales de los 80, el mundo sólo conocía cinco virus informáticos, que se usaban fundamentalmente para piratería de software. Hoy las cifras más conservadoras señalan que la población de virus alcanza 15,000. Otras fuentes dicen que el número real es 50,000.

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"Nunca imaginé que los virus producirían un mercado de $50,000 millones de dólares. La empresa, de hecho, se fundó con expectativas más modestas, casi por diversión. Incluso para mí, todo ha resultado muy sorpresivo. Actualmente, se generan a diario cinco nuevos virus. Las empresas del mundo usan antivirus y se preocupan por evitar los ataques: son ya una tecnología imprescindible", dice Chang.

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El entrevistado sabe que la situación sólo puede empeorar –para beneficio de su empresa–. En primer lugar, las infecciones ya no conocen límites. Los hackers pueden dañar a una gran cantidad de dispositivos de cómputo y comunicación: computadoras personales, asistentes digitales personales (como una Palm), teléfonos celulares, servidores de red, páginas de internet, etcétera. Nadie está a salvo. "El riesgo ya trasciende a la PC. Y el futuro será aún más peligroso. Habrá equipos que ofrecerán acceso a la Red desde cualquier lugar y en todo momento. Además, aumentará el número de redes empresariales basadas en el protocolo de internet [IP, por sus siglas en inglés]; en dichas plataformas de conectividad, es posible enlazar una diversidad de sistemas –máquinas de escritorio, servidores, mainframes– y no sólo PCs. Por otro lado, los hogares contarán con accesos de banda ancha; es decir, conexiones a internet siempre disponibles que representan un excelente punto de entrada para los virus. Al combinar estos tres factores, el resultado final es un entorno muy peligroso. Utilizando un celular, una persona podrá distribuir un virus por todos lados", apunta el taiwanés.

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Chang está consciente de que enfrenta a enemigos poderosos e incansables. Rivales que difícilmente arrojarán la toalla: no los inspira el dinero ni la fama. Según el CEO de Trend Micro, a un hacker sólo lo mueve el ego y el deseo de causar problemas. "Nunca pensé en contratar un hacker con el fin de contar con el talento necesario para destruir virus. Ni siquiera en los inicios de la compañía. En primer lugar, no siempre son los mejores especialistas técnicos; además son arrogantes e incontrolables. Los peores empleados que una empresa puede encontrar."

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La vocación por la destrucción, añade el ejecutivo, no es poca cosa: "El ego es un rasgo fundamental de los hackers. Dañan por placer, por demostrar su maldad y su capacidad destructiva. Si alguien dice que Java es un lenguaje de programación muy seguro, de inmediato sienten el impulso de demostrar lo contrario y así avergonzar al fabricante. Además, hay factores de competencia e imitación que incrementan el peligro –si tú puedes hacerlo, yo también–. Si una persona crea un virus que corrompe al sistema operativo de una plataforma, entonces alguien más decide desarrollar algo que inhabilite las capacidades de comunicación. Esto genera una gran diversidad de virus."

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El odio, apunta Chang, es un aspecto que nadie debe menospreciar: "Los equipos de Palm están de moda. Por esa sencilla razón, no faltará el hacker que desee afectarlos. Tampoco hay que olvidar al individuo que tiene resentimiento contra alguna compañía. ¿Por qué alguien puede aborrecer tanto a Microsoft? Simplemente detestan a la empresa y hacen hasta lo imposible para destruir sus productos. ¿Por qué Apple no sufre tantos ataques de virus? La razón no se encuentra en el hecho de que la tecnología sea más segura. En el fondo, todo se reduce a que la plataforma no es tan popular. Así de sencillo. Odiar al exitoso forma parte de la naturaleza humana."

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Sin embargo, para muchas personas, el crecimiento de la población de virus informáticos resulta sumamente sospechoso. Incluso se asegura que los proveedores de software de seguridad son los que realmente desarrollan las infecciones.

De esta forma, los fabricantes aseguran ganancias y mantienen cautivos a los consumidores. La percepción divierte a Chang: "Trend Micro es un doctor. Si alguien descubriera que un proveedor crea y distribuye un virus, el desprestigio sería enorme. Esa empresa estaría condenada al fracaso; perdería la confianza del usuario y acabaría por cerrar. Yo soy un médico. Si no existieran las enfermedades, un doctor estaría en problemas, pero no distribuiría un virus con el objetivo de captar más clientes."

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Steve Chang asegura que no hay territorio seguro. Cualquier región del orbe está sujeta a sufrir un ataque. De hecho, dice el entrevistado, los países de Latinoamérica –donde el acceso a internet todavía muestra cifras discretas– no están al margen del riesgo. Por ello considera que México es un mercado interesante, sobre todo en el mediano plazo.

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Cuidado, mucho cuidado

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"El interés por las soluciones de antivirus aún no es severo, pero eso pronto cambiará. En México ya se utiliza mucho el correo electrónico y hay una gran base instalada de redes empresariales. Conforme aumente el acceso inalámbrico, el número de personas en línea y las conexiones de alta velocidad –y eso ocurrirá sin remedio–, las compañías se preocuparán más por la infraestructura de protección. Hay mucho dinero en juego y ningún proveedor de servicio querrá arriesgar sus ganancias. Sin esquemas de seguridad, los ingresos no llegarán", afirma el taiwanés.

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Si la amenaza informática es ineludible, ¿cómo asegurar la integridad de las organizaciones? Chang recomienda invertir en software antivirus y sistemas firewall, tecnologías que resguardan a todos los bienes relacionados con el acceso a internet. No obstante, señala que instalar un antivirus en la PC ya no es protección suficiente. La rapidez con la que se generan nuevos virus desactualiza al mejor producto del mercado en cuestión de días. Por otro lado, la Red se ha convertido en el mejor caldo de cultivo para las infecciones. Por ejemplo: los virus más recientes –como Loveletter o Melissa– se propagaron a través del correo electrónico. El año pasado, el primero causó perdidas en el ámbito mundial por $11,000 millones de dólares. Según varias consultoras, actualmente un ataque de virus tiene un costo aproximado de $163 dólares por máquina infectada. En una compañía con más de 50 equipos, la multiplicación ya debe preocupar.

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En ese sentido, Trend Micro basa su modelo de negocio en un esquema específico: las soluciones antivirus como un servicio, y no como un producto de software. La compañía está enfocada en el segmento corporativo y apuesta por la venta de contratos de servicio donde incluye su paquetería. Para habilitar la estrategia, la firma creó un laboratorio de investigación que cuenta con la certificación ISO 9002. Ahí, especialistas técnicos estudian virus, vigilan la aparición de nuevas infecciones, monitorean las redes de los clientes, prueban archivos de patrones de virus, etcétera. Desde el centro (ubicado en Manila y que opera las 24 horas del día durante los 365 días del año), la compañía –por medio de la Red– realiza actualizaciones automáticas, lanza alarmas, entrega vacunas ante situaciones de emergencia, cuida las instalaciones de los usuarios y provee servicios generales de asistencia.

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Desde ahí se atiende a clientes como Banamex, Canon, Pepsi, SAP y General Electric, así como a proveedores de acceso a internet y operadores de telecomunicaciones de todo el mundo. Cuando surgió el virus Melissa, en las oficinas de Trend Micro se desarrolló una vacuna en menos de seis horas.

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"Los competidores están dedica- dos a las PC. La empresa cree que las soluciones antivirus deben funcionar como una especie de firma aseguradora. El proveedor debe cuidar la integridad de los usuarios y responder a las llamadas de auxilio. Hay quien piensa que una PC con antivirus tiene una protección suficiente. Eso funcionaba bien hace cinco años. Hoy resulta inadecuado. Vivimos la época de internet: la colaboración en línea, el intercambio de documentos y el comercio electrónico. Hay que proteger los puntos de enlace a internet. Se debe detener a los virus antes de que ingresen a la red de la empresa. Y eso sólo se logra contratando un servicio, no con una caja de software", comenta Chang.

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El CEO de Trend Micro confía en la solidez de la estrategia. Algunos datos de IDC avalan su visión: hacia 2005 el segmento de soluciones para servidor y el de servicios por suscripción representarán 70% del mercado de software antivirus. Sólo 30% corresponderá al nicho de programas para equipos de escritorio.

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Acertada o errónea, el ejecutivo sabe que la estrategia no evitará los retos; y tampoco los sustos. "Hace un par de años, una empresa financiera, que realizaba muchas transacciones electrónicas, fue atacada por un virus sumamente dañino y difícil de controlar. Crear la vacuna tomó un día. Mucho tiempo, sobre todo para el cliente", evoca Chang.

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La esposa del CEO, Jenny –directora de Mercadotecnia de Trend Micro–, rememora otro sobresalto: "En 1983, Microsoft intentó incluir software antivirus en todos sus productos. Eso nos preocupó. Sabíamos que la empresa tenía recursos y podría dañar nuestro negocio. El producto falló contundentemente –creo que se llamaba Central Point–. Después, Microsoft volvió a preocuparnos con Windows 95. El proveedor alardeaba que el sistema era a prueba de virus. Aunque el temor regresó, el tiempo demostró que la afirmación era falsa."

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