Fábrica de microempresas

Los egresados de la UNAM, no pueden esperar a que el mercado de trabajo les abra las puertas. ¿Qué
Carlos Rivera Valles

Lanzados a procesos productivos y tecnológicos obsoletos, con un marco fiscal que inhibe su desarrollo, difícil acceso a fuentes de financiamiento y presa de una situación económica que aún es difícil, los egresados de la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tratan de romper el círculo perverso echando mano de creatividad –y optimismo–.

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Teniendo en cuenta que de cada 1,000 microempresas que se crean, 750 desaparecen en el corto plazo –de acuerdo a un análisis del Instituto de Proposiciones Estratégicas (IPE)–, debido al escaso desarrollo tecnológico nacional, esta facultad desarrolló el programa “Emprendedores”, el cual intenta salvar del desempleo a los universitarios.

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Para Adrián Méndez Salvatorio, jefe de la División de Administración de la UNAM, los programas y talleres que se imparten tienen como objetivo que cuando el alumno termine la carrera, tenga un empleo remunerado. “Para ello, es necesario que los jóvenes se compenetren con la cultura empresarial: que sean patrones y no sólo empleados. El seminario de titulación Emprendedores plantea la creación y operación de organizaciones productivas a partir de ideas innovadoras, que desarrollen una microempresa real y viable con proyección en su mercado.”

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Antes de llegar a dicho programa, los universitarios tienen que aprobar el taller de creación de empresas, realizar un plan de negocios, respetar los reglamentos y superar la prueba de la creatividad.

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Recientemente, al sur del DF, se montó una carpa de exposiciones en donde los muchachos presentaron 38 productos innovadores: toallas desempañantes para los parabrisas de vehículos con un efecto duradero de 24 horas, pastillas efervescentes para lavar sin que manchen la ropa, chaleco de estilo juvenil con cuatro vistas, etcétera.

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Los alumnos tuvieron que allegarse de fondos para participar en la exposición. De $3,000 a $5,000 pesos fueron reunidos por las empresas escolares por medio de rifas y ventas de acciones a familiares y amigos. Fuera de su mundo feliz, estos universitarios tuvieron que lidiar con la realidad que les espera, como la falta de modernización de la microindustria del país, la principal generadora de empleo.

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El Centro de Desarrollo Empresarial de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM se divide así: Programa de Emprendedores, Centro de Asesoramiento para Creadores de Empresas, Formación Empresarial y Programa de Apoyo a la Micro y Pequeña Empresa. Este último tiene como misión la formación de profesionistas con grado académico capaces de analizar (contando con un marco teórico respectivo) los problemas de las organizaciones mexicanas para que, mediante métodos y técnicas, puedan resolver los problemas que se presenten.

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De esta manera, cualquier microempresario que tenga de uno a 15 trabajadores y ventas netas anuales hasta de 110 veces el salario mínimo de la zona económica “A”, y pequeños empresarios con 16 a 100 trabajadores y ventas netas anuales de hasta 1,115 veces el salario mínimo de la misma zona, pueden recibir gratis un diagnóstico administrativo integral, asesoría y capacitación especializada.

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Los resultados no se han hecho esperar. Debido a la experiencia que han venido acumulando durante cuatro años, hoy los estudiantes “consultores” son capaces de ofrecer asesoría a pequeños empresarios. Gracias a ello, a la fecha logran sobrevivir 25 empresas universitarias que están legalmente dadas de alta.

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NUEVOS PROYECTOS, MUNDO HOSTIL
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Un ejemplo de estas empresas es Uniformes Industriales (Unifani), dirigida por la ex alumna de contaduría Teresa Alderete Peña –generación 90-95–, quien encabeza una pequeña empresa familiar de confección de ropa deportiva. Alderete señala que fue difícil aplicar en la realidad el proyecto de inversión realizado en la UNAM, debido a la multitud de detalles que surgieron: uno de ellos, la insuficiencia de capital. Después de recorrer varios bancos, se percató que sólo se apoyaba con créditos a “proyectos viables”, respaldados con bienes raíces.

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Tuvo que conformarse con la maquila familiar que realizan siete personas, limitar su mercado a la ciudad de México y dejar un jugoso pedido de -pants requerido por Cuba. Las prendas de vestir de Unifani son confeccionadas con tela de importación y, a decir de su propietaria, compiten en calidad con cualquier marca internacional. Pese a tener sólo 20 clientes, no resintió la recesión de 1996, pero se queja de los requisitos que piden Nacional Financiera y los bancos comerciales para otorgar un crédito que haga crecer a su empresa.

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Yolanda Taracena Sanz, directora de Atención Primaria al Exportador del Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), comenta que uno de los factores negativos de los pequeños y medianos empresarios es su falta de capacidad para exportar: “Llegan sin idea de a dónde exportar o de los trámites aduaneros que deben hacer”.

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Un hecho es cierto: el banquero tradicional ha carecido de personal adecuado para atender a los microempresarios, debido a la baja rentabilidad de esta actividad para la banca y el alto riesgo implícito.

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Asimismo, otro obstáculo es el tratamiento fiscal –que incluso es el responsable del cierre de microempresas–. La legislación no diferencia entre micro, pequeña y gran empresa, pero las cargas que impone han estado basadas en la capacidad de las medianas y grandes.

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Méndez señala que no solamente la empresa de pants de Alderete ha logrado subsistir a la tormenta de la crisis económica. Otras son Portacredenciales de México, de Martín Rodríguez y Viajes Fénix, con clientes satisfechos por llevar a sus hijos a todo tipo de actividades recreativas. El tan sobado “ingenio” mexicano ha tenido que ser utilizado para que esas firmas no caigan en bancarrota.

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La facultad citada tiene convenios con la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) para apoyar a la pequeña y mediana empresa en capacitación, para la realización de conferencias y la organización conjunta de la Semana Nacional de Administración, Contaduría e Informática.

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También se ha realizado el contacto con la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio (Concanaco), a través de la División de Educación Continua, para que los alumnos realicen prácticas en las áreas de trabajo de las empresas e incrementen sus oportunidades en el campo de trabajo.

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La anterior estrategia coadyuvó para que 80% de los egresados de esta carrera tengan ya un empleo remunerado, cifra alta si se compara con 69% de universitarios varones de todo el país que no ha logrado laborar en su profesión. De las tres carreras que se ofrecen en esta facultad (contaduría, administración e informática), sólo esta última tiene una demanda óptima (quizá por el estándar de calidad que posee), lo que ha originado que 99% de sus egresados ya tengan empleo.

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Antonio Castro, jefe del Departamento de Operaciones y coordinador del Programa de Emprendedores, señala que “México está lleno de comerciantes, pero pocos son los que hacen industrias; se necesita innovación y creatividad, reto que tendrán que enfrentar los 300,000 estudiantes de la UNAM para poder atravesar el difícil camino que les depara el futuro”.

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