Fernando Gutiérrez Saldívar

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Jaime Santiago

Su ramo es el de la petroquímica, ha figurado en cuanto consejo y asociación le han puesto enfrente, es ampliamente reconocido en su medio... y, sin embargo, algunos opinan que es un poco introvertido.

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Don Fernando Gutiérrez Saldívar no es tan conocido como los Senderos, de Desc, pero dentro de su ambiente es algo así como un Juan Sánchez Navarro. Sereno, con fama de muy educado y cierto gusto por la cultura, este capitalino hasta los tuétanos fundó junto con su padre la empresa Síntesis Orgánicas hace 41 años. Esos nombrecitos, como salidos del sueño febril de un ingeniero, continuaron dándose al momento de crearse las otras cuatro empresas que terminarían formando Grupo Idesa, que es una forma más cómoda de decir Industrias Derivadas del Etileno. Pero, bueno, a quién le importa tener un nombre "vendedor" cuando se trata de fabricar todo tipo de materias primas para empresas que sí dependen de su marca. Porque Idesa es un consorcio gigantesco, con una docena de plantas y una producción de más de 500,000 toneladas anuales (de cosas innombrables en su mayoría). Es más, según los que saben, se trata de la empresa mexicana más grande del enorme ramo de los derivados del petróleo.

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Así, no por nada Gutiérrez ha sido presidente de la Asociación Nacional de la Industria Química, del Instituto Mexicano de la Industria Química, de la sección correspondiente en Canacintra y del Comité Empresarial México-Japón del CEMAI (cuando los nipones le tenían echado el ojo a la privatización de la petroquímica, allá por 1993).

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Como cabeza de su sector, muchas miradas de esperanza se dirigieron hacia su empresa cuando la venta de plantas petroquímicas parecía más que un hecho, y muchos temían que todo acabara en manos de multinacionales. No les quedó mal: Idesa formó –junto con Alfa, Celanese, Resistol y Cydsa– el llamado Consorcio Petroquímico Mexicano, dispuesto a pujar por las 61 plantas que, se planeaba, estarían a la venta entre 1995 y 1996.

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Claro que otros industriales se pusieron nerviosos cuando supieron la noticia. Y es que el tema es delicado, pues Pemex le surte a muchas empresas que libran una feroz competencia. ¿Qué pasaría si la producción de un componente básico quedara en manos de uno solo de los competidores, seguramente el más grande? De hecho, durante 1995 algunas empresas demandaron a Pemex porque, aseguraron, ésta le vendía sus productos más baratos a Idesa y a Alpek.

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Los propios interesados tuvieron que quedarse como niños sin pelota cuando el gobierno les cambió la jugada, al modificar el esquema de privatización, estableciendo que sólo vendería 49% de las plantas, y cuando se desató la crisis económica. Pero don Fernando se aguantó como los buenos las ganas de comprar el complejo Morelos, ése junto al cual había construido dos plantas para hacer sinergia. Y no sólo eso, fue uno de los primeros en elogiar las nuevas reglas de privatización. Ni por aquí le pasó argumentar que esto desalentaba a la inversión extranjera, pese a que él mismo alguna vez exploró con japoneses y chinos la posibilidad de entrarle juntos.

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Es más, las ganas no se le acaban a don Fernando, que seguro le entrará al asunto de la petroquímica, si la hoy opositora Cámara de Diputados no empieza a cambiar todo de nuevo. Mientras tanto, sigue invirtiendo en sus plantas de etileno. Al fin y al cabo, a Idesa la crisis le hizo lo que el viento a Juárez.

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A sus 64 años le sobran energías, aunque ha dejado mucho de la operación en manos de Arturo García, lo cual le dio tiempo para mandar editar un libro sobre la colección de pinturas de la familia, un pasatiempo que empezó su padre, y que cuenta con Riveras, Tamayos, Siqueiros y Orozcos. No tiene hijos varones, pero sus dos hijas y un yerno están por ahí, muy pendientes del negocio de los estirenos, glicoles y etilenos.

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