Final feliz, tras duro proceso

Japón buscará consolidar la presencia de sus empresas en el país.
Alberto C. Talavero

Año y medio de duras negociaciones entre México y Japón culminaron a mediados de marzo con la firma del Acuerdo de Asociación Económica (AAE), que incluye un Tratado de Libre Comercio (TLC).

- Lo que para México representa uno más entre la treintena de convenios de este tipo con que cuenta, para Japón significa un auténtico hito, pues sólo tenía uno suscrito con Singapur en 2002, del que la agricultura está excluida.

- La satisfacción nipona por el pacto es muy clara.  “Es la primera vez que, de hecho, tenemos un TLC”, explica el director ejecutivo de la delegación de la Organización Japonesa de Comercio Exterior (JETRO) en México, Tadayuki Nagashima.

- Su país, primera economía asiática y segunda del mundo tras la de Estados Unidos, logró en buena medida lo que pretendía: equiparar las condiciones de competencia de las empresas japonesas implantadas en México con las de la unión americana y Europa.

- Según la Keidanren, la poderosa patronal japonesa, ese país pierde cada año $400,000 millones de yenes ($3,600 millones de dólares) al competir con estadounidenses y europeos, que se benefician de sus tratados con México.

- El alto funcionario comercial prefiere olvidar los dolores de cabeza de las largas negociaciones entre mexicanos y japoneses y cita un proverbio de su tierra: “Si el final es feliz, el proceso no importa.” Japón tuvo que vencer la oposición de un sector agrícola muy reacio a cualquier atisbo de apertura comercial. Sin embargo deberá acostumbrarse a situaciones similares, pues Tokio negocia ya con Corea del Sur, Malasia, Tailandia y Filipinas la firma de otros TLC.

Ahora ve
No te pierdas