Fusiones: ¿fiebre benigna?

Las alianzas se perfilan como la mejor medicina ante la debilidad financiera que provoca la investig
Valentín Fuentes

Las grandes farmacéuticas del mundo llegan al siglo XXI con un apetito voraz por fusionarse o adquirir otras empresas para convertirse en megacompañías y no rezagarse en la carrera por descubrir nuevos productos en uno de los mercados más competidos del orbe.

- Siguen, a su modo, los espectaculares ejemplos de otras industrias, como la automotriz, energética y de telecomunicaciones, que con sus alianzas han sabido hacer frente a un nuevo orden económico mundial.

- Los laboratorios internacionales tienen la necesidad de financiar investigaciones cada vez más costosas para el desarrollo de nuevos medicamentos y, aún los líderes del mercado, se ven obligados a planear estrategias de coalición.

- Una verdadera lluvia de dólares caracteriza los negocios en las empresas del sector de los fármacos, que hasta el momento han dado como resultado grandes matrimonios por conveniencia de los últimos tiempos. Destacan las uniones entre la alemana Hoechts y Rhône Poulenc, de Francia, entre la inglesa Astra y la sueca Zeneca, para formar AstraZeneca, y la recién anunciada fusión de las estadounidenses Pfizer y Warner Lambert (WL). Algunas están en proceso, entre las que destaca la de SmithKline Beechman y Glaxo Wellcome, ambas británicas.

- Para Alain Verliere, director general de Aventis Pharma México, las uniones entre colosos les permite sumar recursos para sus proyectos de investigación, que de manera individual difícilmente podrían solventar. Así es como han empezado a fabricarse medicamentos contra males que, hasta hace poco, resultaban intratables.

- Para esta tarea las carteras tienen que ser muy abultadas, y es que, de acuerdo con Michel Durand, director en América Latina de Aventis Pharma, para crear un nuevo fármaco la inversión mínima es de $500 millones de dólares y mucha paciencia. “Se requiere de ocho años antes de que pueda llegar a los pacientes”, asegura el especialista. Tan sólo en 1998, Boehringer Ingelheim destinó más de $900 millones de dólares en investigación y desarrollo, cifra equivalente a cerca de 20% de sus ventas netas.

- Las exigencias para canalizar recursos a los laboratorios van en proporción directa con los avances científicos que día a día se presentan en el sector. William Haseltine, presidente de Human Genome Sciences, uno de los institutos más importantes en la identificación de genes, con sede en Maryland, Estados Unidos, dice que el campo genético “está aportando una cantidad de oportunidades de investigación nunca antes vista en la industria farmacéutica”. Este panorama hace pensar en las alianzas como un eficaz remedio para las compañías que tienen que realizar magnas inversiones.

- El reacomodo que generan las fusiones altera necesariamente la cuota de un mercado cotizado en $300,000 millones de dólares. Antes de unirse, en forma individual, ninguna de ellas tenía una participación superior a 5%.

El Goliat
De materializarse, la de Glaxo y SmithKline será el Goliat de las alianzas. La inversión acumulada para investigación sería de unos $4,000 millones de dólares y cuenta con una fuerza laboral de 40,000 empleados. El nuevo titán espera ahorrar $1,600 millones de dólares en tres años y reinvertir la cuarta parte en más programas de investigación. - Analistas de Lyonnais Securites Europe, un reconocido instituto de origen francés dedicado a estudios de biología molecular y genética, considera que el abismo creado por Glaxo SmithKline frente a sus perseguidores obliga a éstos a pisar el acelerador, lo que prevé nuevas bodas empresariales.

- Pero así como anima matrimonios, el dinero también puede provocar infidelidades. Tal es el caso de la unión entre American Home Products (AHP) y Warner Lambert (WL), que se disolvió cuando Pfizer ofreció $82,400 millones de dólares por ésta última, $10,000 millones más que la oferta de AHP, que de este modo se quedó sola en el camino.

- Ante ese fracaso, AHP se une a las numerosas firmas que buscan pareja en un afán de consolidarse financieramente y jugar en el mercado global. Aunque casi todas cuentan ya con algún tipo de alianza, todavía falta darse a la tarea de buscar consortes más poderosos. En esa condición se encuentran las estadounidenses Eli Lilly, Bristol-Myers Squibb, Shering-Plough y Merck, el alemán Bayer, y los suizos Roche y Novartis.

- La necesidad de ajustarse al nuevo contexto de competencia es apremiante. Aun quienes hasta ahora han caminado solos, como Bayer, BASF y Roche, han hecho modificaciones a sus estructuras corporativas, como impulsar la expansión global o vender algunas áreas de su negocio, dice en un informe Manfred Schneider, presidente mundial de Grupo Bayer. El ejecutivo explica que aproximadamente 12% de las ventas del grupo alemán, que suman $2,991 millones de dólares, provienen de negocios adquiridos desde 1994. Por otra lado, “hemos vendido partes de la empresa con un volumen de ventas de $1,495 millones de dólares.” Con todo, concluye Schneider, la industria farmacéutica es todavía más dispersa que la automotriz o eléctrica.

- Contrario a la corriente, Carlos Sagasta, presidente de Boehringer Pro-meco de México, explica que los altos directivos de su compañía no consideran a las fusiones como la manera de abordar los retos del presente ni del futuro inmediato. Hay un compás de espera, dice, para poder establecer si alguna de las grandes alianzas “realmente es exitosa, hasta ahora no lo han sido, y nuestra empresa ha tomado una posición clara hasta que algunos elementos de juicio obliguen a revisarla”, expresa el directivo. En su opinión, las compañías pueden sobrevivir sin grandes coaliciones y dice que una prueba es que muchas empresas medianas han logrado mantenerse. Coincide con él Jorge Octavio Ocampo, director de Psicofarma, laboratorio mexicano con 25 años de vida. Solos en el mercado, “nosotros no hemos dejado de crecer, incluso ya tenemos prospectos para abrir nuevas plantas en el país”, afirma.

Expediente México
La puesta en operación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) convirtió a la región en tierra fértil para grandes multinacionales instaladas en México. Boehringer Ingelheim destinó alrededor de $70 millones de dólares en la construcción de un complejo industrial para la producción de sólidos orales y el acondicionamiento de su planta para la fabricación exclusiva de medicamentos líquidos. - Sagasta asegura que el TLCAN ha sido motor clave en el desarrollo de la  firma. “Ha sido una auténtica bendición para México porque ha traído inversión, empleo, más trabajo, nueva tecnología y exportaciones.”

- Boehringer Ingelheim desarrolla productos para el tratamiento de padecimientos cardiovasculares, respiratorios, del sistema nervioso central, oncológicos y otros provocados por virus o que afectan el sistema inmunológico.

- Uno de los atractivos que las farmacéuticas encuentran en México es la posibilidad de utilizarlo como plataforma de exportación a países latinoamericanos. Aventis Pharma, con cuatro plantas en el país y ventas por $240 millones de dólares en 1999, tiene exportaciones a la región por $15 millones de dólares anuales, dice su director general, Verliere. México se sitúa, junto con Brasil, entre los países de Latinoamérica con la más importante planta productiva de fármacos, explica Rafael Gual, director de la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF).

- A diferencia de la manufactura, la investigación no es una actividad fuerte en México. Gual señala que el país tiene que conformarse con investigaciones de segundo y tercer nivel, pues las de primer nivel las hacen compañías con amplio presupuesto que invierten varios años para elaborar un producto. “Son inversiones a largo plazo y con poca rentabilidad y en México la masa crítica no justifica una investigación de ese tamaño.” México tiene una limitada capacidad para realizar pruebas clínicas de biodisponibilidad y le falta de infraestructura para estudios de bioequivalencia, aceptan en la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma).

- La investigación que aquí se desarrolla es en las áreas química, farmacológica, y en materiales, comenta Maricela Plascencia, de Roche y Syntex. Una investigación local, explica, no puede incursionar en aquellas que generan nuevas moléculas que exigen inversiones de cifras  de millones de dólares y que sólo realizan las grandes compañías.

- Uno de los retos para estos gigantes es financiar investigaciones tan sofisticadas como la exploración del genoma humano, que una vez conocido en 100% podría dar respuesta a enfermedades todavía incurables.

- La manera en que el mercado premia a quienes llegan primero a esos descubrimientos bien vale arriesgarse con un consorte.

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