Ganancias y confianza

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Arturo Damm Arnal

El gobierno de Carlos Salinas de Gortari se caracterizó, entre otras muchas cosas, por ser el que logró canalizar mayores flujos de inversión extranjera hacia la economía mexicana en prácticamente todo lo que va -y ya es mucho- del siglo XX. Estamos hablando de aproximadamente $25,000 millones de dólares de 1989 a 1994. Con ello se duplicó el volumen de inversión extranjera en México, lo cual es una muestra de lo que en el sexenio anterior se logró en materia tan importante para nuestra economía.

- Es un hecho que la economía mexicana necesita de la inversión extranjera. Con nuestros propios recursos (me refiero sobre todo al ahorro interno) no nos alcanza. Por ello tenemos que recurrir al ahorro del exterior. Ello se puede hacer de dos maneras. La primera: endeudamiento externo. La segunda: inversión extranjera. Evidentemente que de estas dos opciones la mejor es la segunda. Ello es así por una simple razón: más vale tener un socio (los inversionistas extranjeros) que un acreedor (la banca extranjera). Sin embargo, la inversión extranjera puede ser de dos tipos: financiera o directa. La diferencia es importante y los efectos generales y a largo plazo de una y otra son muy distintos. ¡Si lo sabremos en México!

- La inversión extranjera financiera, canalizada fundamentalmente hacia el mercado de valores y de bonos gubernamentales, es por naturaleza especulativa. Ello quiere decir que busca la ganancia fácil (¿o debiera decir "relativamente" fácil) y a corto plazo. Es por ello que como entra sale. No por nada se conoce a estos capitales como "golondrinos". Este tipo de inversión extranjera, mientras las ganancias que reporte sean suficientes para contrarrestar cualquier factor negativo, apuntala los mercados financieros y, se supone, es un indicador importante del grado de confianza que los inversionistas extranjeros tienen en el país. Sin embargo, bajo ciertas circunstancias (cuando su salida es masiva) desestabiliza los mercados financieros.

- Por su parte, la inversión extranjera directa, si bien busca la ganancia, tiene corno ingrediente fundamental la confianza y se realiza con una perspectiva de largo plazo. Es esta inversión, y no la financiera, la verdadera medida de la confianza que los inversionistas extranjeros tienen en el futuro del país. Es ésta la que se arriesga con la nación que la recibe. Es ésta la que un país como México necesita. Desafortunadamente no hemos recibido la suficiente y recibirla costará un gran esfuerzo.

- Del total de inversión extranjera que se canalizó hacia México en los últimos seis años 75% fue financiera. Solamente 25% fue directa. Ello fue (y resultó) muy arriesgado por dos razones: la dependencia de la economía mexicana de los capitales especulativos (ya vemos lo que nos pasó) y los acontecimientos de 1994 (guerrilla en Chiapas, asesinatos de políticos, secuestros de empresarios, crisis cambiara), poco favorables para garantizar la permanencia de dichos capitales especulativos en México. Para evitar la salida de los mismos, las tasas de interés pasivas tuvieron que elevarse considerablemente (Cetes a 28 días pasó de una tasa de 8.8% en febrero de l994, a una de 31% en diciembre del mismo año; el incremento fue de 252.3%) afectando, también al alza, las tasas activas. Por ese mismo camino la economía se convierte en un verdadero casino, en detrimento de la inversión directa. Inversamente proporcional al nivel de confianza y por ello se busca la ganancia fácil y a corto plazo. Nada de proyectos a largo plazo; nada de inversión directa. Quien resiente los efectos de la economía casino (dominada por elevadas tasas de interés y por la especulación) es el sector real de la economía: la producción de bienes y servicios y su comercialización.

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- La composición de la inversión extranjera en México muestra la falta de confianza (muchas veces mis que justificada) que existe entre los capitalistas foráneos en torno al futuro de nuestra economía. Sí trajeron sus capitales ¿los volverán a traer?), pero aseguraron una salida rápida. Ahora le toca al gobierno mexicano asegurar una entrada segura, basada no en la ganancia (sobre todo la financiera) sino en la confianza.

- El autor es economista egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana. Realizó también estudios de filosofía en la Universidad Panamericana, donde actualmente es profesor en la Escuela de Economía y en la Facultad de Filosofía.

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