Gas. Las puertas de un nuevo negocio

Parece extraño, pero México, productor por excelencia, necesita importar el gas natural licuado, d
David Shields

Casi toda la planeación de nueva generación eléctrica en México se basa en centrales que utilizan gas natural, el combustible que se espera será el predilecto en el futuro, por las bondades ambientales y la eficiencia energética que se dice posee.

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Sin embargo, las autoridades energéticas reconocen que la producción nacional de gas natural será insuficiente para abastecer a las nuevas plantas de electricidad que se instalarán en el norte del país en los próximos años.

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En alguna parte fallaron las previsiones. Pero lo cierto es que este déficit energético esperado en México, sumado al que ya existe en California, Estados Unidos, abre una nueva oportunidad de negocios que ha despertado el interés de poderosas compañías privadas del sector: instalar terminales, tanto en la costa del Atlántico como en la del Pacífico, para recibir allí gas natural licuado (GNL), importado por barco. Son proyectos de elevado costo y riesgo económico, inimaginables hace poco tiempo, para traer el combustible desde Trinidad y Tobago, Bolivia, Alaska, Australia, Indonesia y algunos países de Medio Oriente y África.

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Se trata de una tendencia mundial: el transporte por mar –y no por gasoductos–, que permite el acceso a las grandes reservas de gas natural del planeta, estén donde estén. Es un cambio dramático que ya se siente en México.

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El proceso completo es relativamente sencillo. En la regiones donde hay tal abundancia que supera con holgura la demanda, transportan por ductos el combustible hasta una planta de licuefacción, donde se licúa el gas, sometiéndolo a presión para transformarlo en líquido, de manera que se reduce 600 veces el espacio que ocupa. Dichas plantas están ubicadas en la costa, junto a un puerto. Licuado, el gas puede almacenarse y transportarse por barco, en tanques, hasta los países donde se requiere para su consumo o distribución, pero tiene que ser recibido en una terminal marítima junto a la cual exista una planta que haga el proceso contrario: regasificar, transformar nuevamente en gas el combustible líquido. Esto último es lo que no existe todavía en México y es necesario para importar GNL: regasificadoras.

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Aunado a la percepción de que la producción de América del Norte es insuficiente para cubrir sus requerimientos, la extrema volatilidad de los precios del gas natural ha dado vida y urgencia a este tipo de proyectos. Sus promotores aseguran que el déficit de abastecimiento en Estados Unidos y Canadá obedece a la misma causa que en México: prácticamente la totalidad de los planes de generación eléctrica descansan en plantas de ciclo combinado que quemarán gas natural.

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"Hay necesidades importantes en México, como las centrales de ciclo combinado y el desarrollo de redes de distribución de gas en beneficio de clientes industriales, comerciales y residenciales. La reducción en los costos para surtir GNL, más el incremento del precio del gas en América del Norte, ha concitado el interés en nuevos proyectos en esa región", asegura Laurent Yana, director de Proyectos de la división internacional de Gaz de France, una de las empresas que analizan opciones para participar en este nicho energético, y uno de los jugadores actuales del mercado privado de gas natural en el país.

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El secretario de Energía, Ernesto Martens, ha señalado que "son varios los proyectos que están siendo evaluados por las autoridades mexicanas para el suministro de GNL al país".

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El proyecto de Altamira

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Shell Gas & Power (de la anlgo-holandesa Royal Dutch/Shell Group) y El Paso Global lng –subsidiaria de la estadounidense El Paso Corporation– anunciaron formalmente su decisión de desarrollar de manera conjunta una terminal de regasificación de GNL en el puerto de Altamira, en Tamaulipas. Ya adquirieron los terrenos y avanzan en el diseño de las instalaciones. Cada uno de los dos socios tendrá 50% de participación en el proyecto.

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Según el consorcio conformado por ambas compañías, esta terminal estará enfocada a cubrir la cada vez mayor demanda de gas en los sectores industrial y eléctrico del noreste de la república. Se venderá el gas importado a Petróleos Mexicanos (Pemex) y a otros clientes industriales en ciudades pujantes como Monterrey, Saltillo y Reynosa. Además, una parte menor del combustible recibido en Altamira podría ser re-exportado a Estados Unidos.

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La terminal de regasificación tendrá una capacidad inicial suficiente para satisfacer la demanda de la región mencionada, con un potencial para procesar hasta 1,300 millones de pies cúbicos diarios (10 millones de toneladas de GNL anuales), volumen que equivale a casi 30% de la actual producción nacional de gas. La inversión inicial se estima en $300 millones de dólares, y se espera que la planta comience la importación del energético durante la primera mitad de 2004.

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El proyecto incluye inversiones en los buques tanque que trasladarán el combustible. Se prevé que el gas será importado desde Trinidad y Tobago –el único exportador de GNL en la costa atlántica del continente–, suministrado por el Proyecto Atlantic lng de licuefacción, un complejo energético cuyo auge ha sido notable en los últimos años, con inversiones por casi $2,000 millones de dólares de parte de las británicas BP Amoco y British Gas, la española Repsol-YPF y la belga Tractebel.

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Proyectos en Ensenada

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Según el secretario de Energía, Ernesto Martens, podrían ser dos los proyectos de regasificación que se instalarían próximos a Ensenada, Baja California, para abastecer a centrales eléctricas ubicadas cerca de Rosarito y Mexicali, pero sobre todo a las de California, Estados Unidos.

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De acuerdo con fuentes empresariales, son por lo menos tres los proyectos que se encuentran en una etapa avanzada de análisis. Uno de ellos lo promueve un consorcio petrolero integrado por Repsol-YPF, BP Amoco, British Gas, la francesa TotalFinaElf, ExxonMobil de Estados Unidos y Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), con el fin de amarrar un mercado para sus vastas reservas de gas en Bolivia y Argentina. Ya han anunciado su intención de licuar y exportar gas natural boliviano a la costa oeste de la Unión Americana y México para 2005 o 2006. El proyecto, conocido como Pacific lng, demandará una inversión cercana a $5,500 millones de dólares.

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En exploración y explotación, el consorcio invertirá unos $1,200 millones de dólares. La construcción de un gasoducto de 900 kilómetros desde el campo de gas de Margarita, en Tarija, Bolivia, hasta el puerto de Mejillones, Chile, costará más de $1,000 millones. La construcción de la planta de licuefacción del gas en el puerto chileno costará cerca de $2,500 millones de dólares, y los barcos necesarios para el traslado del energético representarán entre $500 y $1,000 millones de dólares. Se calcula que la construcción de la terminal de regasificación en Baja California, México, implicará erogar $400 millones de dólares.

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Otro proyecto es el encabezado por El Paso Global, que ha anunciado formalmente que planea, a través de un acuerdo con Phillips Petroleum –empresa estadounidense propietaria de grandes reservas de gas en el Mar de Timor, entre Australia e Indonesia–, transportar gas desde Darwin, Australia, a una terminal en Ensenada, Baja California. Se habla de inversiones por más de $3,000 millones de dólares. El dinero se destinaría a la creación de infraestructura para producir y transportar el gas, la compra de una flota de buques-tanque y la construcción de la terminal de gasificación en el mencionado puerto bajacaliforniano. El proyecto operaría a partir de 2004.

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Un tercer candidato fuerte para levantar una terminal cerca de Ensenada –que compraría gas a diversos proveedores en todo el mundo– es Sempra Energy, con sede en San Diego y dueña de gran parte de la nueva infraestructura de gasoductos que se construye en Baja California. Su presidente, Stephen Baum, afirma que la evaluación del proyecto está avanzada y comenta que podrían construir una terminal en tierra, o bien una flotante con novedosas tecnologías a 13 kilómetros de la costa.

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"California y el noroeste de México siempre han estado al final de los gasoductos. Es hora de pensar en las ventajas de que los ductos comiencen en esa región y la surtan primero, no al último", opina Darcel Hulse, vicepresidente de la compañía.

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Una de las razones por las cuales se estudia la localización de estos proyectos en la entidad mexicana y no en California es la existencia de estrictas reglamentaciones de seguridad y ecología del lado estadounidense, normas que son más laxas en Baja California.

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En el ámbito energético se especula que otros dos lugares del Pacífico mexicano donde se podrían instalar terminales de regasificación son los puertos de Mazatlán, Sinaloa, y Lázaro Cárdenas, Michoacán. El primero, para abastecer gas al noroeste de México (principalmente Sonora y la propia entidad) y quizás a Estados Unidos, mientras que el segundo surtiría a la ciudad de México y sus alrededores. Sin embargo, aún no hay planes concretos para estos sitios.

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La filial de Repsol-YPF en el país, Gas Natural México GNM –una de las grandes distribuidoras privadas de este energético en el mercado nacional–, asegura que no tiene una propuesta específica para instalar una terminal de GNL. "Esperamos que otros corporativos desarrollen plantas de este tipo en México para participar como clientes en estos proyectos", señala Sergio Aranda, presidente de la empresa.

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Las incertidumbres

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Fueron ൔ compañías internacionales, quizás más," las que se dirigieron a la Comisión Reguladora de Energía (CRE) para explorar la posibilidad de construir terminales de regasificación en el norte de México", comenta Dionisio Pérez-Jácome, presidente de dicho organismo. La CRE espera expedir los primeros permisos a principios de 2002, los cuales establecen la posibilidad de que los dueños de las terminales compartan capacidades de importación y proceso con otras compañías interesadas en obtener el energético.

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"Como es un tema nuevo, hemos tenido que realizar una tarea interna para ver qué tipo de regulación se necesita, qué tipo de permisos, cuál será el ámbito legal y cuáles los estándares técnicos, además de hacer cambios al reglamento de gas natural."

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Pese a que todavía no se emiten autorizaciones para la instalación de plantas de gasificación, la CRE ya expidió un permiso con el fin de construir un gasoducto transfronterizo para llevar gas desde Ensenada hasta California, lo que hace pensar que finalmente los proyectos de GNL también tendrán vía libre. La compañía autorizada fue PG&E, y se trata de un ducto que abastecerá una central generadora conocida como Otay Mesa Generating Company, ubicada en San Diego, en aquel estado de la Unión Americana.

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Consultado sobre si existe el riesgo de crear nuevos monopolios del gas, ya que el dueño de la terminal podría también ser distribuidor del combustible y/o propietario de redes de ductos que surten a México desde el sur de Estados Unidos, el presidente de la Comisión se limita a decir que "en la evaluación de los proyectos se estudiarán cuestiones de poder de mercado y de integración vertical. Como hay acceso abierto en los ductos, no prevemos problemas."

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Las empresas no parecen dudar del éxito. Yana, de Gaz de France, recuerda que el GNL en América del Norte se negocia incluso en el mercado spot, cuyo volumen comerciado se incrementó a más del doble en 2000.

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Sin embargo, reconoce que el negocio del GNL implica numerosos riesgos: de oferta, de mercado, financieros, cambiarios, de construcción, y aun de tipo político. Admite la posibilidad de que los países de la región aumenten sus reservas y su producción de gas; por ello, destaca que en México "será muy importante la relación con las autoridades y que haya una regulación apropiada".

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"Por primera vez en 20 años, parece que la dinámica del mercado permitirá que se construya una instalación para GNL [en el Pacífico]. Hemos platicado con el secretario Martens y estamos evaluando tres sitios posibles, dos en tierra y uno en el mar", dice Hulse, de Sempra Energy, pero advierte sobre la urgencia de saber cuáles serán las normas y las reglas que serán aplicables.

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Muchos creen que México tiene ventajas competitivas en su territorio para infraestructura como las terminales de GNL, que atiendan a ambos lados de la frontera norte.

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Podría ser un paso importante para garantizar la seguridad energética de las dos naciones, pese a una posible desventaja para México: la compra al exterior de grandes volúmenes de gas podría llegar a tener un impacto negativo sobre su balanza comercial, puesto que el saldo neto del comercio sería claramente importador.

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Sin embargo, todo indica que la moda de usar gas natural en vez de otros combustibles en las centrales eléctricas y en la industria se impondrá en México y el resto de América del Norte por muchos años.

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Siendo así, será indispensable complementar la producción regional con importaciones de GNL desde países lejanos.

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