George Yeo / Ministro de comercio de Sin

A este país le urge negociar un acuerdo con México antes del cambio de gobierno. ¿Qué ofrece?
Lucía Pérez-Moreno

Singapur tiene prisa por concretar un tratado de libre comercio con México. Ese país del sudeste asiático –que concentra gran parte de la industria electrónica de dicha región– busca mayor seguridad a sus inversiones en territorio mexicano, hoy cercanas a $130 millones de dólares, y cuya expresión más clara son las compañías que establecieron en Jalisco durante los últimos años para producir componentes de computadoras y teléfonos. Su ministro de comercio e industria, George Yeo, tratará de convencer a la parte mexicana de terminar las negociaciones a más tardar en octubre, antes que salga la actual administración de gobierno. Si tiene éxito, pasará por encima de negociaciones con países latinoamericanos que llevan años.

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¿Cree que es posible negociar un acuerdo de libre comercio en apenas cuatro meses?
No es imposible. Nuestras economías son complementarias y no hay sectores sensibles. No tenemos agricultura ni textiles, así que no habrá resistencia a las importaciones de estos productos mexicanos. Claro que en una negociación siempre surgen diferencias, pero no veo razón para no poder superarlas rápido. Mi deseo es que (toda la negociación) termine en noviembre. Es un plan ambicioso, pero haremos lo que sea posible para que se concrete, pues el cambio de gobierno puede producir retrasos. Esto lo queremos evitar al máximo.

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Y la parte mexicana, ¿qué propone?
Secofi quiere un acuerdo más amplio, pero eso lo haría más complejo y perderíamos tiempo.

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¿Qué otros acuerdos bilaterales de libre comercio tiene Singapur?
Tenemos uno con Nueva Zelanda, que entrará en vigor en unos meses. Con Japón se formó un grupo de estudio oficial, el único que tiene Japón con otro país, que deberá presentar un informe pronto (sobre la viabilidad de negociar un TLC).

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¿Por qué con México y no con otro país de América Latina?
Hemos discutido con las autoridades de Chile la posibilidad de un acuerdo de libre comercio, pero ellos prefieren un tratado trilateral o tetralateral, que incluya a Australia y Nueva Zelanda.

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¿Qué tanto influyó el hecho de que México tenga un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá para que Singapur se interesara en él?
Si no fuera por el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) no habría condiciones para negociar un tratado de libre comercio. El TLCAN transformó la economía mexicana.

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¿Que porcentaje de sus exportaciones va a Estados Unidos?
Cerca de 20%. Es un socio importante, pero de ninguna manera somos tan dependientes de Estados Unidos como ustedes. Estamos más diversificados y tenemos fuertes vínculos con Asia y Europa.

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¿Por qué es tan determinante el TLCAN para estrechar vínculos con México?
No lo es. Si le apostáramos sólo al TLCAN estaríamos levantando maquiladoras, pero nuestro propósito es más vasto. Vemos a México como una puerta de entrada a América Latina. Abrimos aquí una oficina comercial. Es simbólica porque es la primera en esta región.

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¿Qué importancia tendría en este acuerdo el tema de las inversiones?
Un TLC hará que crezcan las inversiones de Singapur en México. Singapur es un importante inversionista en muchas regiones. Somos el número uno en Vietnam y Myanmar (Birmania), el segundo en Indonesia y el cuarto en China. Un acuerdo de libre comercio dará a los hombres de negocio (de Singapur) seguridad y confianza de que sus intereses serán vigilados y de que no serán apartados por otros big boys.

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¿Qué tan importantes son sus inversiones en América Latina?
Lo que hay está básicamente en México y se concentra sobre todo en Jalisco.

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En Estados Unidos los sindicatos critican al TLCAN por reducir empleos, al trasladar puestos de trabajo a México. ¿Cree que este temor surja en Singapur?
Singapur no tiene problemas de empleo. Exportamos compañías e inversiones e importamos trabajadores.

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Además de proteger las inversiones, ¿qué beneficios obtendrían las compañías de Singapur con este acuerdo?
Ustedes tienen tarifas que podrían bajar. Singapur, en cambio, es un mercado muy abierto.

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Y las empresas mexicanas, ¿de qué manera se beneficiarán de un TLC con Singapur?
Muchas compañías usan nuestro territorio como base regional y centro de comando para sus operaciones en el sudeste asiático. Cuando piensan en países como Myanmar, Indonesia o Vietnam vienen a Singapur, porque siempre hemos jugado el papel de una ciudad cosmopolita en la región. Singapur es como la Venecia de la antigüedad, a donde las personas iban a conseguir información y cerrar tratos. Últimamente, varias empresas mexicanas están aumentando su presencia en nuestro país.

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México es campeón mundial de acuerdos de libre comercio. Una de las razones es que las autoridades consideran que lo mejor es no esperar a que se concrete la apertura multilateral. ¿Cuál es la estrategia de Singapur?
Es muy similar. Debo reconocer que nos inspiró el ejemplo mexicano. Hace como dos años vino a verme Juan de VillaFranca (ex embajador de este país en Singapur y actual oficial mayor de la Secretaría de Relaciones Exteriores) para hablarme de la estrategia de México. Yo me quedé impresionado. La experiencia de México influyó para diseñar nuestra propia estrategia.

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En México hay mucha preocupación por la inminente entrada de China a la Organización Mundial del Comercio. ¿Cómo ven en Asia este suceso?
Nosotros lo vemos como una cuestión de seguridad. Es mejor tener disputas comerciales en tribunales que movilizar ejércitos y gastar en cohetes. China está creciendo mucho y si se la deja fuera existe el riesgo de un choque entre ese país y Estados Unidos. Al entrar a la OMC, este país deberá aceptar que las disputas se resuelvan en cortes internacionales. Habiendo dicho esto es cierto que hay algunos sectores que van a sufrir una gran presión. Si se llega a dar una libre competencia entre China y México en el sector de los textiles, las empresas mexicanas la tendrán muy difícil en Norteamérica. Hay razones de inquietud y no sólo aquí, también en Asia.

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¿Qué opina de los grupos opuestos a la globalización?
Son inevitables, pues la globalización mueve muchas fuerzas. Creo que este proceso tiene un gran efecto de desintermediación en las estructuras económicas y sociales. Una compañía que compite contra otra que está en el otro extremo del planeta provoca desconexión. Esto preocupa a mucha gente y causa molestia.

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¿Habrá cada vez más resistencia a la globalización?
La nueva economía crea divisiones entre países y entre personas. Creo que las personas que usan una computadora se están distanciando cada vez más de los que usan sus manos. El reto es encontrar maneras de acortar estas diferencias pues, de lo contrario, las fuerzas de la reacción crecerán. Lo que es un hecho es que la globalización es un proceso imparable.

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