Grupo Ciervo. ¿Ingenuidad o astucia?

Ni carteras vencidas, inventarios abultados, ventas nulas y moratoria de proyectos intimidan a este
Eduardo Huerta

El sueño guajiro de casi todos los mexicanos de tener casa propia parece haberse esfumado. Una economía con crecimiento nulo, bancos más interesados en cobrar deudas que en prestar, industrias y empleados luchando por sobrevivir, altas tasas de interés y falta de liquidez, son elementos más que convincentes para que hasta José el Soñador despierte a la cruda realidad.

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Pero también es cierto que en México existe un déficit crónico de vivienda de 4.6 millones de inmuebles (según la Secretaría de Desarrollo Social), que se incrementará con un millón de demandas anuales durante el próximo decenio, sin importar si el Producto Interno Bruto crece o no.

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Ante este panorama, Grupo Ciervo sólo tiene una solución: seguir construyendo. "Estamos dedicados a satisfacer un mercado que tiene una demanda impresionante en este país -dice Javier Cervantes y Omaña, director general del consorcio-, y aunque en este momento está frenado por la caída del 50% del poder adquisitivo de la gente, la demanda esta ahí, latente”.

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Este joven empresario de bienes raíces afirma que su estrategia de expansión, debido a los acontecimientos económicos vividos, registró un importante giro, aunque no radical. El mercado ahora dicta la pauta. Ante la falta de liquidez y escasez de créditos hipotecarios, los mismos clientes buscan rentar un departamento con opción a venta en el mediano plazo, explica. En estos momentos de incertidumbre que vive la industria de la construcción, Grupo Ciervo tiene por seguro que su esquema de trabajo es a largo plazo.

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La cartera vencida, el inventario de más de $20 millones de dólares con que cuenta, la cancelación de ventas realizadas el año pasado, ventas nulas en 1995 y moratoria en algunos de sus proyectos, no parecen asustarlo. Y para respaldar sus afirmaciones, Cervantes asevera que continuará acudiendo a inversionistas extranjeros para tener acceso a capital, que tienen un costo financiero reducido, aunque hay que pagar un riesgo, pero siempre mucho menor que el costo local.

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Pero el optimismo de este empresario tendrá que sortear grandes obstáculos macro y propios para construir su futuro sobre bases sólidas. El PIB de la industria de la construcción registró una caída de 7.3% durante el primer trimestre de 1995, 50% de las empresas constructoras del país está inactivo, 40% tiene grandes problemas y 10% ha desaparecido, todo esto como resultado del decremento del 70% que registra el sector desde enero pasado.

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En terreno propio. Grupo Ciervo cuenta con dos proyectos declarados en suspensión de pagos por una deuda de N$20 millones de nuevos pesos, con dos bancos que Javier Cervantes y Omaña prefiere no mencionar. Para él la moratoria fue el mejor camino. Pero, ¿por qué no reestructurar en UDIs? "Aunque es un esquema que esta empezando a trabajar no sabemos cual pueda ser su resultado final; además es un crédito disfrazado a una tasa muy alta," afirma.

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Pero antes de llegar a ese futuro promisorio al que quiere acceder, también el grupo tendrá que sortear la cartera vencida que tiene con sus clientes, ya que de los $15 millones de dólares que vendió durante 1994, 30% se canceló, 20% no paga sus créditos, mientras que este año las -"ventas han estado muertas".

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Ante este panorama, el empresario anota: "Todos caímos en un círculo vicioso en el que el banco prestaba la mitad de lo convenido, al triple de tasa, se reduce la capacidad de pago de los clientes y, por consecuencia, nosotros también dejamos de pagar. Nuestra empresa está en una situación crítica, no estamos sentados esperando que pase el huracán, se toman medidas como la reducción de costos, aplazamiento de inversiones, proyectos, sin embargo estamos planeando nuestro desarrollo de aquí a dos años".

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Añade que el alto costo financiero, la devaluación y la falta de una política de motivación y apoyo a la industria es lo que llevó a las empresas a esta situación crítica que viven. "El empresario que diga que no está viviendo una situación crítica no ha realizado un buen análisis de su situación", dice.

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Los números apoyan sus palabras: mientras en 1993 Grupo Ciervo llegó a tener $50 millones de dólares de producto en el mercado y cerca de 1,000 obreros en acción, ahora cuenta con un inventario de $20 millones de dólares, proyectos de vivienda media (de un costo de entre $200,000 y $300,000 dólares) en Santa Fe, Cuajimalpa y Las Lomas por $17 millones de dólares guardados en el escritorio en espera de mejores tiempos.

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Pero no todo está perdido y después de la tormenta viene la calma. Cervantes afirma que también sus principales competidores, como Terrum y Fondo Opción, tienen los mismos problemas; que utilizaban los mismos esquemas de asociación con empresas extranjeras, ventas a crédito y altos costos financieros. De los pequeños constructores, ni hablar: desaparecieron.

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Con todo y la crisis en la que se encuentra sumido el país, la industria de la construcción, los compradores y su empresa, Cervantes espera que 1996 sea un año de expansión y sus proyectos mixtos, de oficinas, comercio y vivienda se vendan. Espera mejores tiempos. Ciertamente, tendrá que llegar vivo para contarlo.

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