Guía para el impuntual. ¿Tarde yo?

Una mentira repetida mil veces se vuelve verdad.
Max Clip

¿Alguna vez han llegado tarde a su trabajo? La pregunta es retórica, lo sé, pues la respuesta en todos los casos debe ser afirmativa. Todos sabemos que cuando algo puede pasar, pasa; es inevitable, “Ley de Murphy”, etcétera. Lo que quiero decir es que no creo que exista un solo ser humano sobre esta tierra que no haya llegado tarde a su trabajo o a una cita.

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Pero ¿qué podemos hacer cuando esta conducta es repetitiva y amenaza, digamos, el monto que el departamento de pagaduría deposita cada quincena en nuestra cuenta bancaria? Además hay otros inconvenientes, pues el asunto se complica, involucra a terceros, hay que dar explicaciones, ofrecer disculpas, decir que lo sentimos, que no vuelve a pasar... en fin. Pues bien, me propongo ofrecer una guía básica para todo esto quede en el pasado. Señoras y señores, les ofrezco la “Guía práctica para poder llegar tarde al trabajo”.

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Ya lo veo venir, muchos van a decirme que soy un cínico, que no hay nombre para lo que hago, pero recuerden, incluso los más acres críticos han llegado tarde, así que lo único que hago es romper la regla de oro del silencio y la complicidad. Vamos, que me arriesgo a decir lo que muchos quisieran saber, pero (como en la película) no se atreven a preguntar.

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Por supuesto, nada es definitivo, para todo hay remedios y, en suma, casi todo lo que nos sucede y le sucede a los demás puede ser entendido de muchas maneras. El remedio más efectivo para evitarnos llamadas de atención y descuentos en nuestra paga es, claro, llegar temprano. De hecho, parece que es el único remedio 100% efectivo para evitarnos todos los problemas, incluso la necesidad de elaborar excusas, y hasta ahorrarnos el esfuerzo de leer esta breve guía. Pero este remedio, además de aburrido, ofrece pocas alternativas de desarrollo.

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Así que, si ustedes lo permiten, me voy a atrever a sugerir otros caminos que ciertamente son más arriesgados pues, como todos saben, la mentira dura hasta que la verdad aparece.

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¿Cuántas excusas existen con las que podemos explicarle al jefe por qué llegamos tarde? Muchas, ciertamente, quizá infinidad de ellas, y sería laborioso enumerarlas todas. Pero, ¿cuántas de ellas son creíbles? Propongo unas cuantas, para uso de la comunidad corporativa nacional y la protección del salario. La siguiente vez que lleguen tarde, pueden argumentar lo siguiente:

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“Me tocó una manifestación de maestros.” Esta excusa es flexible y nunca pierde actualidad. Sólo requiere, a lo sumo, leer el periódico, para sustituir, dado el caso, la palabra “maestros”, con otros sustantivos igualmente válidos: por ejemplo: “policías”, “ambulantes”, “taxistas”, etcétera.

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“El poli no me dejaba entrar al edificio.” Es importante no abusar de esta excusa y usarla sólo cuando no existan otras. “Choqué y el tipo del seguro nunca llegó.” Excusa algo elemental, es cierto, pero no deja de ser infalible. Se sabe que los ajustadores tardan siglos en llegar al lugar del siniestro. Si les preguntan por qué no hablamos desde un teléfono público, un pequeña sonrisa le recordará al jefe que los teléfonos públicos de esta ciudad no funcionan.

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“Me quedé encerrado en el elevador.” Este excusa es redonda, perfecta: si el elevador siguiese descompuesto, no habríamos llegado; la prueba de que el elevador funciona es que, al fin, hemos llegado a trabajar.

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“Creo que sufro de narcolepsia.” Con su ligero sabor dramático, apela de inmediato a la compasión del jefe. No falla. Muy importante: no olviden estudiar el artículo “narcolepsia” en una buena enciclopedia, para poder explicar causas, síntomas, y remedios para la enfermedad. En internet hay varios sitios interesantes, en los que inclusive se pueden encontrar algunas anécdotas que nada cuesta hacer pasar por propias.

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Una posibilidad es negar que hayamos llegado tarde y, con firmeza, responder: “Estoy aquí desde las ocho de la mañana, lo que pasa es que estaba sacando copias y la máquina se atascó con papel.” Si pueden manchar ligeramente de toner alguna prenda, mejor.

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Recuerden: una mentira repetida mil veces se vuelve verdad; y si su jefe les dice que no les cree, respóndanle con tranquilidad que ya van mil veces que él les promete aumento de sueldo y que ustedes han terminado por creerle. El chantaje no falla, de veras.

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