Hacerse oruga: el embrujo de Charlize Th

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Ya es leyenda cómo su manager descubrió a Charlize Theron haciendo fila en un boulevard de Hollywood. Todos nos sentimos en deuda con el instinto, el olfato, la sensibilidad de este hombre que, impactado por la belleza de una mujer, detuvo su coche y le dio su tarjeta. Tres o cuatro películas bastaron para ponerla en otra fila: la de tantas caras bonitas del cine estadounidense que esperan pacientemente ser reconocidas como verdaderas actrices.

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Decidió seguir el ejemplo de otra belleza extraterrestre, Nicole Kidman. Si quieres que te vean, aféate todo lo que puedas, conviértete en negra oruga, radiante mariposa. Lo hizo, con idénticos resultados que su vecina austral. La ex esposa de Tom Cruise se plantó una nariz de competencia para transformar su rostro de antológica armonía y alzarse con la estatuilla por su encarnación de Virginia Woolf en Las Horas (2003); Charlize Theron lo consiguió convirtiéndose en un Monster en 2004.

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Cambió el vivo y aplaudido azul de sus ojos por el negro glacial en la mirada de Eyleen Wournos, una prostituta asesina. Borró del rostro su sonrisa de apuesto-a-que-te-derrito y adornó su piel de sílfide con el escarnio de la vida callejera. Todo para decirnos, mírenme, soy una actriz. Convenció a todos. Tuvo que bajar a las profundidades del inframundo para que la viéramos como un ser humano, de carne y huesos golpeados por la vida.

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Andrésjorge: ajorge@hotmail.com.

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