¡Hay un ex procteriano en mi empresa!

¿Llegará el día en que el concepto de accountability eche raíces en México?
Javier Martínez Staines*

Contra todas mis tradiciones y costumbres, hace unos días, en una sala de juntas, me sorprendí a mí mismo explicando un asunto a mis colegas a través de matrices en el pizarrón, salpicadas de términos en inglés. Es contagioso. Les juro que se pega. También es inevitable: rondan por todas las empresas y, de hecho, conforman el ejército de vacas sagradas de la organización. Son, claro, los ex procterianos.

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Lugares comunes, pero certeros, para definirlos: presuntuosos, frívolos, pragmáticos, arrogantes, perfect bilinguals y totalmente orientados al negocio (para ellos, y no importa si son mujeres, los sentimientos son parte de la necedad femenina). Son los mejores amigos de BMW y de Hermés. Son incansables busca up-grades en los aviones (¡qué horror eso de sentarse con la tropa detrás de la cortina!). Y, como han trabajado en la multinacional por excelencia, el castellano está casi desterrado de su vocabulario. El español es para los poor performers. Hay que pensar en inglés, dormir en inglés y despertar en inglés, el idioma oficial de los negocios.

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Con su energía inagotable, cuestionan y corrigen todo. Es natural: siempre que alguien –que no sea ellos– haga algo, forzosamente existen errores. Dueños de la verdad absoluta, nunca dudan de sus premisas y harán hasta lo imposible porque te convenzas de que la percepción –la suya, obvio– corresponde siempre a la realidad. Ellos tienen ideas, sustentadas en la más depurada metodología del análisis; los demás sólo tienen ocurrencias, de vez en cuando amparadas por destellitos de creatividad.

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Para ellos, el mundo se divide en los segmentos A, B, C+, C y D. El resto es un simple error de la estadística y lo terrible de los pobres es que no tienen poder de compra. Como buenos brand managers, acostumbrados al incuestionable pedigree corporativo que acompaña a las siglas P&G, solían manejar presupuestos millonarios (en dólares, but of course!) para invadir de champúes y jabones los espacios prime time de la televisión. Que no te sorprenda, entonces, que tu colega ex procteriano sea tan vigoroso cazador de generosos presupuestos. ¿Quieres jugarle una buena broma o, de plano, complicarle la existencia? ¡Recórtale el presupuesto! Es infalible.

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Son los ayatolas del marketing. En el principio fue la Marca, con todo su valor y sus atributos de más valor, y entonces vieron que en el mercado todo estaba bien. Cuando llega la salvaje competencia a desvirtuar las estrategias, la respuesta es el camuflaje de empaques, las etiquetas de new and improved o la fighting brand. Lo importante es no obsequiar un solo punto de participación de mercado a nadie.

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Por eso son tan indispensables. Ninguna organización que se respete puede dejar de tener al menos a uno en sus filas.

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* El autor es director editorial de Grupo Expansión y, aunque nunca ha trabajado en Procter & Gamble, se está contagiando peligrosamente por culpa de un par de colegas. Retroalimentación: jstaines@expansion.com.mx.

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