Helicópteros &#34para la ciudad-región

El helicóptero es un artefacto sumamente versátil. En las megalópolis se ha popularizado, por su

Todo ciudadano sabe que en una concentración urbana tan grande como la Ciudad de México, el transporte público y los autos hace mucho tiempo que dejaron de ser medios a los que se podría confiar la puntualidad personal. Las circunstancias habituales impuestas –el desmesurado flujo vehicular, contaminación, inseguridad, neurosis colectiva, embotellamientos de apariencia irresoluble– impiden hacer cualquier pronóstico sobre la situación en la cual tocará realizar un recorrido.

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Sin embargo, existe un recurso–poco habitual, por cierto– que evita muchas congojas para quien pueda pagarlo. Casi literalmente una burbuja de cristal que puede transportar a varias personas de manera rápida y con menores posibilidades de contratiempo, por encima del territorio urbanizado. Todo ello sin dejar de considerar la mayestática aura de glamour que otorga este aparato de aviación.

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La ciudad-región es una denominación geográfica que incluye los límites políticos de una megalópolis, sus zonas conurbadas y otras ciudades de la misma área. Nueva York-Boston-Washington y Tokio-Osaka son dos ejemplos típicos. En el caso de México, representa toda la zona central de la república, unida por los polos industriales aledaños al DF y los corredores industriales que vinculan a la capital con otras urbes.

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La de México es considerada, incluso, una ciudad global, en virtud de que concentra el control financiero y político del país. La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio permitió la proliferación de empresas estadounidenses que establecieron su área directiva en la región central del valle y su motor en la periferia, lo que contribuyó aún más a aumentar la concentración de la decisiones de poder y de las zonas industriales.

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Sin embargo, la capital del país y su zona conurbada no están organizadas en sectores semi independientes, como ocurre en Nueva York, sino en una masa relativamente uniforme en su desorden estructural.

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La enorme mancha urbana obliga a los empresarios a considerar alternativas al transporte terrestre para desplazarse a sus fábricas o a otras empresas. Más que nunca, la metáfora de que “el tiempo es dinero” cobra en la actualidad un significado especial.

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En 1991, el aeropuerto internacional de la Ciudad de México (AICM) elevó sensiblemente el pago de derechos por uso a aeronaves cuya velocidad crucero no alcanza más de 250 nudos, categoría en la que se encuentran los helicópteros. Debido a que este aeropuerto constituye un espacio aéreo congestionado muchos aviones y avionetas cambiaron de sede, principalmente al aeropuerto de Toluca, por lo que se hizo indispensable un medio más rápido que la carretera para llegar a la capital del país.

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Según expone el doctor Javier Delgado, en su libro Ciudad-región y transporte urbano en el México central, editado por Plaza y Valdés, entre noviembre de 1991 y enero de 1992, 66% de los viajeros pertenecientes a altos círculos empresariales utilizaron este medio de transporte entre tres y cinco veces por semana, por lo que su uso puede considerarse como regular.

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Respecto de su destino, explica Delgado, 88% de los vuelos son intraurbanos: de helipuerto a helipuerto, o de estos al AICM ; 12% restante tiene como principal destino el aeropuerto de Toluca.

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RAPIDITO Y SEGURO
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La lógica para utilizar helicópteros está sustentada en dos premisas fundamentales: una es la velocidad, que se traduce en puntualidad como una norma; otra es la seguridad, porque evita exponerse a los eventos de la jungla asfáltica. Se concluye que los trayectos comunes de los helicópteros suceden dentro de la ciudad y su zona conurbada, pero también deben incluirse como destinos frecuentes las ciudades vecinas de Toluca, Pachuca, Puebla, Querétaro, Tlaxcala, e incluso León y Acapulco.

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“El uso de los helicópteros es conveniente porque evita el tráfico y la inseguridad; siempre llegas a tiempo y puede desplazar heridos”, asevera Roberto Romero, director general de Aerolink, una empresa dedicada a transportar gente en estos artefactos.

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Definido como un aparato de aviación cuya sustentación y propulsión se deben a hélices horizontales, el helicóptero es sumamente versátil tanto por el reducido espacio que requiere para aterrizar y despegar, lo cual lo convierte en un vehículo ideal para transporte en zonas de difícil acceso, como por su capacidad de mantenerse estático en el aire, lo cual lo hace inmejorable para tareas de rescate y salvamento. En las megalópolis se ha popularizado básicamente por otra virtud –la rapidez–, como transporte ejecutivo indispensable.

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El helicóptero está lejos de ser un transporte de masas; su utilización está reservada para el transporte de ejecutivos o técnicos relacionados con actividades financieras y bancarias, mineras, inmobiliarias, de seguridad, comerciales, hoteleras, de la construcción, la salud, el transporte y la comunicación. Ejemplo de ello es el uso que hacen firmas como ICA, Tribasa, TMM, Infored, TV Azteca y Televisa.

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Se utilizan también para realizar inspecciones sofisticadas como revisión de ductos, planeaciones arquitectónicas y reconocimientos orográficos. Pemex y la Comisión Federal de Electricidad son las empresas que más lo utilizan por parte del gobierno. Es común su empleo, también, entre altos funcionarios de los gobiernos estatales.

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Según su uso, los helicópteros se clasifican en: a) médico aéreo, que funcionan como ambulancias; b) off shore, utilizados en las plataformas petroleras, para transportar personal, provisiones y abastecimiento; c) policía y militar, para las instituciones militares y de seguridad, y d) corporativos, como transporte para ejecutivos.

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Los precios de los helicópteros varían según la utilidad y tamaño de los aparatos. Por ejemplo, el Sikorsky S76, el más común para funciones civiles, con capacidad de hasta 12 personas, tiene un costo aproximado de $6,000 dólares; el Blackhawk, que posee el ejército mexicano, $10,000 dólares, y el CH 53, con gran capacidad de carga, $20,000 dólares.

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Por supuesto, no es necesario desembolsar tanto dinero. En la Ciudad de México hay varias compañías que rentan aeronaves o dan servicios de “aerotaxi”. Una hora cuesta aproximadamente $23,000 pesos; un viaje a Toluca, de 15 minutos de duración, cuesta alrededor de $6,000 pesos.

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En México circulan varias marcas de helicópteros, como Bill Textron, Boeing, Augusta, EMI y Eurocopter. Esta última tiene una representación en México dedicada a rentar y vender aeronaves, cuenta con servicio de mantenimiento, venta de accesorios y cursos para pilotos; además, pueden instalar en el helicóptero equipos de vigilancia y rescate con sistemas de visión infrarroja y faro de búsqueda.

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EN LAS AZOTEAS
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Para todo edificio de más de cinco pisos es obligatorio –supuestamente– tener un helipuerto para facilitar labores de rescate. Un helipuerto debe tener, como condición mínima, una longitud 1.5 veces mayor que la del diámetro de la hélice principal del helicóptero que ahí aterrice, lo que en promedio significa, aproximadamente 20 x 22 metros. En esos helipuertos civiles se debe pintar la estructura y, si los estudios sobre plataformas y trayectoria así lo señalaran, debe agregarse una plataforma de aterrizaje.

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Uno de los inconvenientes para que un edificio pueda tener un helipuerto es la existencia de otras edificaciones más altas a su alrededor. Según cálculos empresariales, la Ciudad de México cuenta con apenas 40 helipuertos civiles y con 200 helicópteros.

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Las compañías dedicadas al transporte en helicópteros gozan de relativa buena salud. “No hay déficit, pero la recuperación no es inmediata: a nuestra empresa le tomó unos tres años”, dice Romero, refiriéndose a Aerolink, que cuenta con tres aeronaves en el hangar 5 del aeropuerto capitalino.

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Sin embargo, es un negocio que, literalmente y tomando en cuenta el gigantismo de las ciudades, va para arriba. Útil para aliarse, en vez de combatirlos, al tiempo y al espacio en una ciudad-región ilógica y desmesurada.

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