Hemisferio sur. Democracia a la peruana

La fiesta de Fujimori desembocó en una crisis política.
Sara Beatriz Guardia

La reelección del presidente Alberto Fujimori para un tercer mandato consecutivo originó en Perú una grave crisis política: su principal adversario, Alejandro Toledo, se abstuvo de participar  aduciendo falta de garantías y transparencia en el proceso electoral, al tiempo que la misión de observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA) abandonaba el país. La solicitud de Toledo, presentada dos días antes de las elecciones, fue declarada “improcedente y extemporánea” por el organismo electoral, lo que originó una intensa polarización. En la votación Fujimori obtuvo 51.20%, Toledo, 17.68%, y los votos nulos ascendieron a 29.93%.  

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Desconociendo la victoria de Fujimori, el candidato opositor llamó a sus seguidores a continuar las movilizaciones de protesta. Estados Unidos buscó sin éxito que el Consejo Permanente de la OEA aprobara una moción de censura  contra Perú. En cambio, la Asamblea General del organismo acordó enviar una misión de ministros presidida por el secretario general, César Gaviria, con el objetivo de explorar soluciones a la crisis.

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Ante esta situación, el Departamento de Estado anunció que en caso de no lograr una firme respuesta colectiva, Estados Unidos no descartaba acciones unilaterales a través de sanciones económicas. 

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Una de las primeras repercusiones de la crisis que podrían ocasionar estas medidas se produjo en el mercado de los bonos Brady que se cotizan en Nueva York, donde los papeles de la deuda peruana registraron una caída de 4.26% frente a 1.24% del mercado en general. Importantes organizaciones empresariales peruanas se pronunciaron en favor de la actitud adoptada por los países latinoamericanos de impedir que se tomen “represalias en contra de un país que necesita desarrollarse y crecer”. En tanto, la Confederación de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep) anunció la creación de consejos empresariales con compañías de diversos países con el objetivo de mejorar la imagen de Perú a escala internacional.

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Tampoco se puede descartar la realización de nuevas elecciones. No sólo porque Estados Unidos apoyaría esta iniciativa basándose en el informe preliminar de Eduardo Stein, jefe de la misión de observadores de la OEA, quien sostuvo que las elecciones no fueron libres ni equitativas, sino porque Toledo busca el respaldo de los congresistas de la oposición para impedir la asunción de Fujimori ante un congreso donde el oficialismo ya no será mayoría.

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Pero la inestabilidad política no necesariamente asegura el derrocamiento del gobierno de Fujimori, y la intervención estadounidense podría producir una ola de nacionalismo que juegue a favor del mandatario peruano que todavía cuenta con un importante apoyo popular. Además, Toledo es el candidato de la oposición, pero no es el jefe político de la misma. En esa perspectiva, las protestas populares podrían desgastarse ante el vacío de un liderazgo que trascienda los grupos y que logre canalizar el descontento por la vía política con una visión de futuro y una propuesta programática.

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