Hierbas mágicas

¿Estreñimiento, caída del pelo, hongos? Estos productores tienen el remedio... sólo les falta di
Roberto Morán

De repente, los jabones hechos a base de romero y de árnica empezaron a venderse como pan caliente. Miguel Ángel Gutiérrez, presidente de Ecología y Desarrollo de Tlaxcala y Puebla –asociación civil que promueve la producción de hierbas medicinales–, se felicitaba por haber encontrado una compradora tan eficiente, quien distribuía hasta 100 jabones semanales en el mercado de Sonora, en la Ciudad de México. La cifra era una esperanza para los productores tlaxcaltecas. El contrato terminó cuando uno de los productores descubrió que la distribuidora vendía los jabones atribuyéndoles propiedades mágicas.

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Esa no era la intención. Miguel Ángel Gutiérrez señala que la herbolaria tiene propiedades terapéuticas y alimenticias reales, por lo que no hay que recurrir a la magia para venderla. Por ello, él y un grupo de académicos fundaron la asociación que trabaja con 90 agricultores que han prestado parte de sus parcelas para experimentar la mejor manera de producir estas plantas.

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Según Gutiérrez, algunas de las 25 hierbas cultivadas sirven para tratar a enfermos de sida, otras para combatir el estreñimiento, algunas más como insecticida o para evitar la caída del pelo o combatir los hongos en la piel y aliviar síntomas premenstruales. Para que estas hierbas tengan todas sus propiedades es necesario, según explica, cultivarlas con los principios de la agricultura orgánica: no utilizar fertilizantes ni pesticidas no recurrir al monocultivo. Con estos métodos, los costos de producción se elevan –por lo menos en los primeros tres años– hasta 30 o 40% más que en la agricultura tecnificada.

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Sus ventas anuales suman cerca de $300,000 pesos, que alcanzan para cubrir 40% de la inversión. Gutiérrez estima que el año próximo recuperarán costos.

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Pero ¿a quién vender? En México, el mercado de cultivos orgánicos prácticamente no existe, según Arturo Moreno, presidente de Productos Orgánicos Mexicanos (Promesa) –la mayor exportadora de orgánicos en México–. Para exportar, añade, se requieren mayores volúmenes que los que alcanzan estos productores. "De lo contrario, la venta se va en pago de fletes, permisos y aranceles",

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Gutiérrez propuso a Moreno que comercializara sus productos. Pero Moreno prefirió no entrar a ese mercado, porque ya no quiere diversificarse. Hace tres años, su empresa manejaba 16 productos, y vendía $5.5 millones de dólares anuales. En lugar de batallar en diferentes frentes se concentra en tres productos: café, miel y ajonjolí, con ventas por $900,000 dólares. La competencia y el desprestigio que muchos productores trajeron a los productos mexicanos (que pasaban cultivos normales por orgánicos) redujo el campo de acción de la empresa.

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Gutiérrez no pierde la esperanza. "Se nos han acercado compradores bastante chonchos, lo importante es que podamos dar el salto".

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