Humo en las organizaciones

Las empresas que sepan mezclar la experiencia y la tecnología podrán revolucionar armónicamente s
Gabriela Ruiz

Jóvenes ejecutivos portando vestimenta informal trabajan en oficinas donde las jerarquías no existen, nadie registra su hora de entrada o salida y, en esos mágicos lugares, se puede oír el CD favorito sin espantar a nadie. Aunque parece un sueño, este nuevo ambiente puede convertirse en un proceso doloroso e improductivo para muchos. En la medida que las viejas reglas del ambiente laboral se relajan, también se abre una brecha ideológica que puede partir en dos a una organización, según Eliyahu Goldratt.

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Además de ser el creador de la Teoría de las Restricciones (Theory of Constraints, TOC), Goldratt es también autor de libros como La Meta y No fue la Suerte, entre otros. “Tenemos cosas nuevas sobre la mesa que no existían hace tres años. Por eso estoy escribiendo un nuevo libro que va a cubrir todos los aspectos de una organización (en las actuales condiciones). Se va a titular Necesario pero no Suficiente”, adelanta.

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La idea de usar este título gira entorno a que la tecnología es necesaria pero no suficiente para operar más eficientemente. Aún cuando la avalancha del cambio no tiene regreso, este escritor se detiene a reflexionar sobre sus desventajas y los reajustes que implica. La base de su análisis, por supuesto, es la TOC.

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Dicha teoría se refiere a la restricción como algo que imposibilita, tanto a las personas como a los negocios, lograr un mejor desempeño para alcanzar metas. Las restricciones pueden residir en creencias, reglas, métodos, entre otros elementos, que impiden seguir adelante.

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A Goldratt le gusta romper con lo establecido, cuestionar reglas de oro y proponer nuevas formas de pensar. Dice que el conocimiento no es eterno y que, en ocasiones, es mejor desaprender lo que ya se tomaba como verdad. En otras palabras, la sabiduría caduca en ciertos aspectos y se puede convertir en un cuello de botella de la eficiencia. “Hay que recordar que las leyes y reglas fueron creadas por el hombre y que por lo mismo se pueden cambiar”, explica. A su parecer, el mundo corporativo ha cambiado sustancialmente pero las reglas no han sido modificadas para ajustarse a las nuevas condiciones. “Se han cometido grandes errores por no cuidar ese balance”, agrega.

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Arrieros somos
Por fuerte que sea la avalancha del conocimiento y la tecnología, Goldratt insiste en la importancia de adaptarse a los nuevos parámetros del juego. Y pone como ejemplo a la intuición: “El proceso de canalizar la intuición se va afinando en la medida que una persona tiene mayor experiencia, pues le permite tener una mayor capacidad de análisis. Los empleados más jóvenes, por ejemplo, no aprecian la experiencia de la misma manera que uno maduro, simplemente porque carecen de ella. Claro, no se trata de creer ciegamente en lo que dice alguien mayor, pero sí en considerarlo y respetarlo”.

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Y es que muchos adultos también suelen negar problemas por llevar muchos años buscando soluciones sin encontrarlas. Según Goldratt, el único recurso que dichos trabajadores encuentran, para preservar su dignidad, es negar que existe un problema al que nunca le han encontrado salida. La brecha filosófica entre los más adultos y los jóvenes es preocupante, piensa el autor, pero no irreconciliable.

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Para los jóvenes, el boom del conocimiento comenzó con la tecnología. Sin embargo, a la gente de mayor edad le resulta más difícil ajustarse a este cambio y pensar en los mismos términos. Por otra parte, los más adultos cuentan con un arma de la que los jóvenes carecen y que sigue siendo un activo invaluable para cualquier empresa: experiencia.

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Aunque lejos de rechazar los cambios recientes, el autor predice pérdidas sustanciales en el futuro y sufrimiento por parte de los protagonistas del cambio. “Desafortunadamente el ámbito tecnológico está cambiando tan rápido que la sociedad no puede absorber los cambios. Hay mucha tristeza y sufrimiento en la brecha filosófica que se está creando y se están desperdiciando muchos recursos económicos”, explica.

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Según él, la función de la tecnología es eliminar limitaciones. “La tecnología es nueva pero las limitaciones no. ¿Qué hacíamos con las limitaciones antes de que existiera la tecnología? Eran parte de nuestra existencia. Esto quiere decir que hemos desarrollado nuevos hábitos que convierten estas limitaciones en consideraciones con el advenimiento de la tecnología. ¿Qué pasa si no cambiamos las reglas? Se cometen errores garrafales porque las reglas que seguimos admiten la existencia de limitaciones y por consiguiente las mismas reglas se convierten en limitaciones. De esta manera obtenemos sólo una fracción del beneficio que nos puede brindar la tecnología”.

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Por mucho que se desarrollen nuevas tecnologías, cada vez más rápidas y sofisticadas, se antoja que también hace falta un ajuste mental y emocional que será mucho más complejo que desarrollar software. Después de todo, la tecnología se desarrolló para facilitar las cosas a la gente, no para dejarla fuera del juego.

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