Hyl. Sí se puede

La división tecnológica de Hylsamex comprueba que sí es posible exportar sistemas de avanzada des

El mercado siderúrgico es tan segmentado y especializado, que 98% de la demanda mundial de tecnología para producir acero es satisfecha por dos proveedores: la empresa regiomontana Hylsamex ‑a través de Hyl, su brazo tecnológico‑ y la estadounidense Midrex, que opera con capital japonés.

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Cada concurso por un proyecto se vuelve, pues, una verdadera batalla campal entre ambos competidores, ya que lo que está en juego son contratos de alrededor de $15 millones de dólares.

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Aunque suene irreal en este país, Hyl, la división tecnológica de Hylsamex desde 1980 (a su vez subsidiaria de Grupo Alfa), creó tecnología propia para la producción de acero, que ha dado tan buenos resultados a esta siderúrgica que ha logrado afianzar una posición importante en los mercados internacionales. Así lo asegura Carlos Domínguez, director comercial de Hyl, para quien su gran competidor, Midrex, tiene un proceso "que ha sido bueno por mucho tiempo, pero que hoy está cumpliendo un ciclo. Hace bastante que no invierten en desarrollo por lo que somos optimistas, ya que hacemos cosasstate of the art y presentamos ventajas económicas importantes".

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Lo cierto es que, desde su nacimiento, Hyl ha desarrollado 35 plantas de acero en ocho países, lo cual representa 38% del mercado, mientras Midrex controla 60%. Sin embargo, reitera Domínguez, en el último lustro se ha revertido la tendencia, ya que en ese lapso 70% de las plantas nuevas "se han adjudicado a Hyl", y sólo 24% para su archirrival. En mineros, esto le ha representado ventas por $40 millones de dólares anuales en promedio a la firma regiomontana. "Aunque la historia toda vía no nos da la mayoría, la tendencia sí nos favorece", apunta el ejecutivo.

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Pero, ¿por qué sólo quedan dos diseñadoras de tecnología para plantas de acero? Simple y sencillamente, no se construyen estas plantas todos los días. Domínguez tiene su teoría: "Es el tamaño del mercado. Es una situación similar a la de la aviación: no se requieren 18 fábricas distintas de aviones; con dos o tres son suficientes para cubrir la demanda". Gana el que hace funcionar con mayor eficiencia los procesos.

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Desarrollar o morir. Llegar a este nivel no ha sido fácil para esta subsidiaria de Alfa. La historia de sus experimentos es larga: se remonta a 1957, año en que entró en operación el proceso llamado HYL I. "Fue cuando se vio funcionar por primera vez en el mundo una planta de acero con un método de reducción directa", recuerda Domínguez.

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El proceso no fue perfecto, ya que tenia un pequeño detalle: un voraz consumo de energía. Y si bien en aquellos años el precio de los energéticos era muy bajo, lo cual hacia competitivo este proceso, la situación cambió a fines de los 70, cuando estalló la crisis internacional del petróleo y el gas natural.

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En vez de replegarse y dar por perdido su avance, Hylsa siguió investigando y desarrollando nuevas opciones. El segundo resultado fue HYL II, aunque en realidad éste se quedó en el papel, ya que casi simultáneamente el consorcio regiomontano tuvo listo el sistema HYL III, que fue aplicado en Monterrey antes de lanzarlo formalmente al mercado en 1980, cuya tecnología resolvió el problema del consumo de energía y eficientó aún más el proceso de producción de fierro esponja.

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Y es que, desde un principio, Hylsa decidió casarse consigo misma en el desarrollo tecnológico, "para no depender de nadie" ‑subraya Domínguez- Ciertamente, en donde si necesitaba de un apoyo era en la parte de la comercialización.

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Para ello, desde 1964 se asoció con la firma estadounidense Pullman, en virtud de que ésta le ofrecía una labor mundial de mercadeo. El primer contrato se dio en México, en 1967, cuando Tubos de Acero de México (TAMSA) instaló en Veracruz su planta para producir acero. Sólo cuatro años después se abrieron las puertas del mercado internacional: USIBA, una compañía siderúrgica brasileña, adquirió la tecnología de Hylsa para desarrollar una planta en Bahía.

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De ahí siguieron Indonesia, Irak y Venezuela, y también la necesidad de diversificar más sus asociaciones comerciales. Así, en vez de trabajar sólo con Pullman, a principio de los 80 la empresa regiomontana recurrió a otras compañías, como la estadounidenseDavy, la alemana MAN y la japonesa Kawasaki Industries. Fue el momento en que nació Hyl como división independiente de Hylsa, por lo cual debería sobrevivir con sus propios recursos y generar nuevos negocios para Alfa, a través de sus 120 ingenieros, concentrados en el drea de investigación y desarrollo, aunque de viaje permanente por diversos países. Por esta labor, precisamente, Hyl recibió el Premio Nacional de Exportación 1994, en la categoría de servicios.

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Trabajo de arquitectos. Cada proyecto requiere al menos tres años de trabajo de un equipo interdisciplinario. "Diseñamos las plantas desde Monterrey ‑explica Domínguez y trabajamos la mayor parte de la ingeniería con nuestras compañías asociadas (Davy, MAN o Kawasaki). Nos asociamos caso por caso y conformamos una sola empresa, para responder unánimemente a las obligaciones de un contrato."

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Hyl trabaja estos proyectos en dos niveles: el primero es un servicio básico, que incluye licencia, ingeniería conceptual, adiestramiento y asistencia técnica; el segundo es un servicio ampliado que, además de lo anterior, implica ingeniería básica, instrumentación y control, ingeniería en refractarios y producción de equipo especialmente desarrollado para cada planta.

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En estos tiempos de crisis, el trabajo fuera de tóxico ‑donde, pese a todo, hay algunas plantas en estudio‑ cobra vital importancia para la salud financiera de esta empresa de tecnología. De hecho, la firma neoleonesa está desarrollando plantas en India, Malasia, Indonesia y Brasil en estos momentos, y se encuentran en fase de estudio otros proyectos en Rusia, Venezuela, Irán, Arabia Saudita, Tailandia (cuatro), Sudáfrica (dos), Malasia (dos) y Australia. Cada uno de éstos, de concretarse, representa ingresos de $15 millones de dólares.

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Y mientras se da lo anterior, Hyl trabaja en otras innovaciones, como un sistema neumático de 300 metros de longitud para transportar el fierro esponja caliente directamente a la acería. "Si logramos dominar esto, nos pondremos en la punta del negocio", subraya Domínguez. Pero como nadie quiere ser conejillo de indias (la industria siderúrgica es muy conservadora", acota), será la propia Hylsa la que haga la prueba en su planta de la sultana del norte. "Nosotros sí necesitamos la tecnología para sobrevivir. Por lo tanto, podemos tomar los riesgos de la inversión", asegura.

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