Implicaciones del presente

Existen varias preguntas en el aire: ¿Cómo evolucionará la manera de dirigir a las organizaciones
Peter F. Drucker

Tratándose de asuntos humanos –políticos, sociales, económicos o de negocios– no tiene sentido tratar de predecir el futuro, mucho menos, hacer un intento por mirar 75 años adelante. Pero sí es posible –y fructífero– analizar los grandes acontecimientos pasados porque tendrán efectos predecibles en la década siguiente o en las dos posteriores. En otras palabras, se puede determinar el “futuro que ya transcurrió y prepararse para él”.

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En los próximos 20 años, el factor dominante para los negocios –en ausencia de la guerra, la peste o una colisión con un cometa– no será el económico ni el tecnológico, será el demográfico. Sin embargo, el punto clave tampoco consistirá en la sobrepoblación del mundo, sino que sentará sus reales en la creciente subpoblación de los países desarrollados. Es un hecho: los ciudadanos de Japón, Estados Unidos, Canadá y las naciones de Europa no procrean los bebés suficientes y su mundo camina hacia el suicidio colectivo.

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La causa es bastante clara: sus jóvenes ya no tienen la capacidad para sostener una población creciente de personas en edad avanzada y que no trabajan. La única manera de compensar esa carga, así parece, consiste en reducir el otro extremo del espectro de la dependencia: tener menos niños, o ninguno.

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Estados Unidos es el único país de ese bloque donde el número de nacimientos –un promedio de 2.4 por mujer– es apenas suficiente para mantener el nivel de su población actual; pero su tasa de alumbramientos es muy inferior con respecto al índice general de crecimiento de sus habitantes. En el sur de Europa –Grecia, Italia, Portugal, España–, dicho indicador apenas supera un niño por mujer. En estas naciones, la población alcanzó su máximo y disminuye paulatinamente. En Estados Unidos también decrecería de no ser por la inmigración masiva procedente de los países situados al sur de su frontera y Asia.

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De hecho, el pronóstico oficial de la Unión Europea es que la población de Italia disminuirá de 60 millones –cifra actual aproximada– a menos de 40 millones dentro de 50 años y al cabo de un siglo será inferior a 20 millones. En Japón, los peritos en estadística predicen que la población del país se reducirá de 125 millones a 55 millones –una caída de 56%– en el transcurso del siglo XXI.

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Algo quizá más importante es que en todos esos países, incluido Estados Unidos, la brecha entre los jóvenes –en la plenitud de su capacidad de trabajo– y la gente de edad avanzada empeorará casi dos veces más aprisa que la disminución de la población.

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Es posible que las tasas de nacimiento vuelvan a subir, aunque hasta la fecha no hay ninguna señal de un nuevo boom en la natalidad de alguna de las naciones desarrolladas. Pero, aun si la tasa aumentara de la noche a la mañana, por ejemplo a la cifra de más de tres nacimientos que tuvo Estados Unidos hace 50 años, se requerirían cinco lustros para que los nuevos bebés llegaran a ser adultos bien preparados y productivos.

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En concreto, la subpoblación de los países desarrollados será un hecho consumado y tendrá las consecuencias siguientes:

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1. En todas las naciones del bloque, la edad efectiva de retiro –el momento en que la gente deja de trabajar– aumentará a 75 años para las personas saludables, que son la gran mayoría.  Ese incremento ocurrirá algo antes del 2010.

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 2. El crecimiento económico dejará de ser el resultado de un avance en la demanda de los consumidores. Sólo ocurrirá por un aumento muy agudo y continuo en la productividad y maximización del recurso humano.

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3. No habrá una potencia económica mundial dominante porque ningún país desarrollado cuenta con la base de población necesaria para desempeñar esa función.

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Entonces, la única ventaja comparativa de los países desarrollados es la disponibilidad de trabajadores del conocimiento. No es una supremacía cualitativa, pero sí cuantitativa. Por ejemplo, China tiene una población de 1,250 millones de personas, pero la cantidad de estudiantes vocacionales y universitarios no supera los tres millones. Compárese esta cifra con la de los 12.5 millones de estudiantes de Estados Unidos (una nación con la cuarta parte de la población china) que tienen ese nivel de preparación.

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El conocimiento es diferente a todas las otras clases de recursos.  Se vuelve obsoleto de una manera muy rápida. Está sujeto a cambios rápidos y abruptos. Aunque la productividad del conocimiento y de sus trabajadores no será el único factor de competencia en la economía mundial, es probable que se transforme en el elemento decisivo, por lo menos en lo que respecta a la mayoría de las industrias de los países desarrollados. La posibilidad de que llegue a concretarse tal predicción conlleva diversas implicaciones para los negocios, al igual que para los ejecutivos.

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Una de esas implicaciones importantes –y quizás la más extensa de ellas– es que la economía mundial continuará turbulenta, competitiva y predispuesta a cambios en el contenido del conocimiento moderno. Es probable que las necesidades de información de las empresas y los ejecutivos cambien rápidamente. Durante los años recientes nos concentramos en la tarea de mejorar la información tradicional, que se refiere, casi exclusivamente, a lo que sucede en el interior de una organización.

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La contabilidad  –un sistema de información tradicional del que todavía dependen casi todos los ejecutivos– registra la operación endógena de la compañía. Todas las modificaciones y mejoras recientes en esa disciplina –tales como la determinación de costos con base en la actividad, la tarjeta de anotaciones de los ejecutivos y el análisis del valor económico– tienen por objeto, todavía, proporcionar datos mejores acerca de los acontecimientos intrínsecos de la organización.

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Pero de manera creciente, cuando se aspire a una estrategia ganadora, se necesitará contar con información sobre los sucesos y las condiciones exógenas de la institución: las empresas o personas que no son clientes; tecnologías distintas de las usadas corrientemente por la compañía y sus competidores actuales; mercados que normalmente no se atienden, y cosas por el estilo.

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Si los ejecutivos disponen de toda esa información, tendrán más elementos que sustenten la asignación de recursos y obtendrán un rendimiento mayor en su negocio. El desarrollo de métodos rigurosos para reunir y analizar datos externos será un reto –cada vez más importante– para los negocios y los expertos en información.

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¿Predicciones? En absoluto. Lo expuesto sólo es un conjunto de implicaciones razonables para un futuro que ya transcurrió.

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