Imprimiendo la historia

&#34Somos como el caimán, nos gusta estar bajo el agua. Salimos a respirar y volvemos a bajar.&#34
Louise Guénette

Las únicas publicaciones relativas a negocios en 1969 eran las de las cámaras y asociaciones del sector. Las noticias sobre ese mundo en los periódicos eran meras notas sociales acerca de los eventos que organizaban las grandes empresas. Las compañías por sí mismas no eran consideradas como tema de noticias y tampoco los hombres de negocios eran vistos como fuente informativa, afirma Luis Enrique Mercado, fundador de El Economista. Los editores de los diarios ni siquiera querían que se mencionaran los nombres de las organizaciones en las cabezas, porque les parecía publicidad.

- En esos tiempos terminaba la época relativamente tranquila del modelo de desarrollo estabilizador. No había mucha demanda de información por parte de los lectores sobre la economía, y en consecuencia, sobre las firmas, señala Pablo Aveleyra, quien trabajó 43 años en el departamento de Estudios Económicos de Banamex.

- "La presidencia de Luis Echeverría [1970-76] comenzó con el desorden y causó desequilibrios profundos en la economía", dice el especialista. Como consecuencia de las condiciones imprevisibles, aumentó la necesidad de informarse.

- El Sol de México, con Gregorio Rosas, fue el primero en publicar, en 1970, una sección sobre el tema. Cuando Mercado ingresó a trabajar al El Universal, en 1971, el diario ya tenía algunos meses con la sección Mundo Financiero.

- Había pocos documentos sobre la macroeconomía, explica John Christman, uno de los tres fundadores de Expansión. Algunos bancos publicaban reportes. Había en la Secretaría de Industria y Comercio un buró de estadísticas que informaba periódicamente. El Banco de México tenía sus puertas cerradas; las abría sólo tres veces al año.

- Hasta 1982 los periodistas tuvieron que cuidar sus palabras cuando hablaban de la economía. El lenguaje de los textos estaba muy estudiado. No escribían “aumento de impuestos”, sino “adecuaciones fiscales”, relata Mercado. Cuando llegó el boletín del banco central que decía que el gobierno se retiraba del mercado cambiario, el reportero no pudo escribir la palabra “devaluación”.

- Las secciones financieras y económicas abordaban muy poco los temas de negocios. Seguían reportando las juntas importantes y los viajes de los hombres de negocios, sin mencionar siquiera los objetivos de sus desplazamientos. Sólo columnistas como Antonio Isse Núñez, de Novedades, Fernando Motta, de El Universal, Rosas, de El Sol de México, y Luis de Cervantes, de Excélsior, hablaban de cambios en las administraciones o en la propiedad de las empresas, compras y adquisiciones.

- Como reportero de El Universal, Mercado fue el primero, autorizado por el Consejo de Administración de la Bolsa Mexicana de Valores, en entrar al piso de remates y cubrir esta fuente de información. El diario que lo empleaba fue el pionero en publicar las listas de precios de las acciones.

- Fuentes reticentes
En ese entonces, los hombres de negocios temían a los medios, no querían hacer ruido, recuerda Newman. Casi no había conferencias de prensa, a diferencia de las 10 diarias que hay en promedio hoy.Christman, quién fungía como editor en los inicios de Expansión, obtenía su información de manera personal e informal en desayunos, comidas y cocteles, y hasta con suscriptores de la revista. La mayoría de ellos trabajaban en la iniciativa privada. Se comunicaban para obtener datos de la publicación y luego, en una comida, el directivo cobraba el favor en el espíritu del toma y daca.

- Los hombres de negocios  y directores de empresas aceptaban, aunque no fácilmente, darle entrevistas, pero era muy difícil conseguir que contestaran preguntas sobre cualquier aspecto problemático de su firma.

- Por su parte, más que un mercado bursátil, la Bolsa Mexicana de Valores era un club de caballeros, según el fundador de Expansión. La información que la autoridad  exigía que publicaran las empresas –ventas, utilidades y utilidades por acción– no permitía cerciorarse de la verdadera salud financiera de una organización.

- A partir de la mitad de los 70, y con mayor fuerza en los 80, los empresarios empezaron a hablar públicamente de la macroeconomía a través de los medios, sobre todo para criticar las políticas del gobierno. Decían, entre otros juicios, que la economía mixta era un fracaso, que la inflación estaba fuera de control y que el gobierno tenía una voracidad desmesurada con el dinero, lo cual estaba endeudando el país, cuenta Mercado.

- La crisis económica le dio a los hombres de negocio un gran motivo para entablar una relación con la prensa y defender sus intereses en la arena pública. El mejor ejemplo de este fenómeno, según Charlie Oppenheim, ex editor de Expansión, es el avance en los 70 y 80 de Manuel Clouthier, el agroindustrial sinaloense y crítico más elocuente del Estado. Los miembros de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) lo eligieron para dirigirlos en 1978. Dos años después presidió el Consejo Coordinador Empresarial (CEE). El gordo simboliza el cambio de la relación de la prensa con la iniciativa privada. Ya querían comunicar a los medios lo que antes sólo se comentaba en privado.

- Al principio, esto no se tradujo en el deseo de hablar más de sus firmas. "La actitud del empresario era ‘yo sólo tengo que rendir cuentas a mis accionistas’ –relata Oppenheim–. La sociedad no tiene que enterarse de lo que pasa aquí internamente." Por supuesto, la prensa combativa se ocupaba de las compañías cuando había crisis en ellas: una huelga, un caso de contaminación. Expansión también. Pero muchas veces el acercamiento de la revista era amable. Sus editores querían contar cómo una agrupación manejaba exportaciones y presentar buenos ejemplos de políticas laborales.

- La confianza se ganó poco a poco, con reporteros realizando un buen trabajo y, según Oppenheim, hablando de empresas, quisieran o no. Él publicó un informe sobre las compañías más contaminantes del país, que había conseguido del gobierno de la ciudad de México, encabezado por Manuel Camacho Solís. Su intención no era señalarlas, sino hablar de qué estaban haciendo para contrarrestar las emisiones. Ninguna quería proporcionar información. Cuando se publicó, llegaron las llamadas. "Se escandalizaron a posteriori, pidiendo oportunidad de dar su punto de vista.”

- A finales de los 80, unas 20 empresas industriales, comerciales y de servicios empezaron a cotizar en la Bolsa, a las cuales se sumaron 150 emisoras financieras. Era una forma de conseguir capital durante la crisis. Los informes, ya más completos, se volvieron fundamentales.

- Poco a poco empezaron a surgir otras fuentes de información: analistas de Bolsa, expertos, empleados de las empresas que decían cosas en forma confidencial y otros periódicos. En particular, la llegada de El Financiero y El Economista en los 80 contribuyó a generar más datos. Hacia finales de esa década ya no se dependía nada más de lo que había declarado la compañía, sino que había un coctel de elementos que el periodista usaba para armar su nota, relata Oppenheim.

- Conforme arreció la crisis y la crítica del sector privado al gobierno, las organizaciones hablaron más de sus noticias, inversiones y alianzas. "Buscaban mejorar su imagen porque querían fortalecerse frente al Estado, que los acusaba de insensibles y explotadores", explica Mercado.

- Aunque la primera agencia de relaciones públicas –Alonso y Asociados, hoy Group GCI– nació en los 60, esta área no se desarrolló plenamente sino hasta finales de los 80 y principios de los 90.

- Newman estima que sólo después de la entrada en vigor del TLCAN dicha actividad perdió su connotación negativa, pues se creía que consistía en organizar eventos y asistir a cocteles.

- Las oficinas y agencias externas de relaciones públicas se volvieron muy comunes. Ayudaron al periodista a generar información, pero también trataron de controlar la imagen de su cliente que se difundía en los medios.

- Aunque Oppenheim afirma que los publirelacionistas siempre han sido para él más un facilitador que un obstaculizador, se queja de las empresas que querían leer el artículo antes de que se publicara, como si se tratara de un material publicitario.

- Prensa inmadura
La relación que existe hoy entre la iniciativa privada y la prensa se ha ido construyendo gradualmente, conforme las fuentes de información y los periodistas empezaron a confiar la una en la otra.

- En la década de los 70, Newman vivió situaciones que eran prácticamente asaltos. Una vez se acercó un reportero que le mostró un artículo donde se hablaba mal, y con información falsa, de la empresa que representaba. Dijo: “Estamos a punto de entrar a imprenta. Si usted nos compra un anuncio para que salga en lugar de este texto, así podremos cubrir el espacio." Él no cedió. La revista era un mero pasquín, del tipo que surgía y desaparecía rápidamente. "Pero en general, hay mucho temor en la gente sobre lo que publica un medio." En tiempos pasados, muchas dependencias públicas y firmas privadas compraron protección y colocaron periodistas en su nómina.

- Aun sin corrupción, era un relación difícil, asevera Aveleyra. En su gran mayoría, los reporteros que cubrían finanzas habían estado antes en las secciones de deportes o en internacionales. El entrevistado recuerda que Banamex y el Banco de México intentaron dar algunos cursos a informadores. “Fue inútil”, sentencia, porque los reporteros seguían cambiando a menudo.

- La especialización empujada por los periódicos enfocados exclusivamente en economía, finanzas y negocios llegó en los años 80.

- El desmantelamiento de los sistemas gubernamentales de control de los medios también contribuyó a liberar y profesionalizar la prensa de negocios. El primer paso fue en 1990, cuando se liberó el suministro de papel. En 1992, el Estado impuso la primera de una serie de medidas que racionalizaron los presupuestos gubernamentales, de tal modo que se volvió más difícil colocar su publicidad en medios con pocos lectores y cuyo único mérito era apoyar la administración. Las medidas pusieron en riesgo la supervivencia de los diarios y revistas que vivían principalmente de los anuncios oficiales. Todos los medios tuvieron que concentrarse en su quehacer para ganar dinero, o cerrar sus puertas.

- Con internet llegó un acceso casi inmediato a mucha información, antes inimaginable. También aumentó la necesidad de contratar a un reportero más profesional y con preparación universitaria, porque si antes informaba hoy su función consiste en analizar.

- Las fricciones de hoy
Todavía quedan polvos de aquellos lodos, asegura Newman. En cualquier evento público es posible que un reportero se acerque y pida algo "para el refresco”. Normalmente, estos informadores representan a títulos que él ni conoce. Pero en general el nivel de la prensa ha mejorado y la relación con los empresarios también. Aveleyra afirma que todavía se exagera el tono de la crítica en una nota y los periodistas hablan con autoridad sobre la economía cuando desconocen el tema. "Ha crecido más la capacidad de análisis de las instituciones públicas y privadas que la de comprensión de los medios de comunicación."

- Los clientes de Newman se quejan con frecuencia de las cabezas de las notas que buscan escandalizar y se salen un poco del contexto de la nota.

- Por parte de las empresas falta más apertura. A pesar del aumento en el número de profesionales, "todavía la mayoría de las compañías no conoce los beneficios que les puede redituar una inversión en relaciones públicas", declara el entrevistado.

- "Las organizaciones con una concepción avanzada de la comunicación corporativa son una minoría. Aún hay mucho camino que recorrer en la apertura de información, transparencia y ventaja competitiva de mantener con los medios una relación permanente y profesional", agrega.

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