IMPSAT <br>Satélites en renta

Esta compañía argentina quiere convertirse en uno de los amos del outsourcing de las telecomunicac

Curiosidades aparte, el avance en las telecomunicaciones se ha convertido en el origen de grandes negocios. Son muchas las empresas que contemplan con espanto el imparable avance de las nuevas tecnologías, por el efecto que ello tiene en su tesorería. Pero hay otras que, si bien no son desarrolladores de tecnología de punta, se frotan las manos con cada innovación que sale al mercado. Entre estos casos se podría contar a la compañía argentina Impsat, cuyos ejecutivos se muestran convencidos que la velocidad en el avance de los procesos tecnológicos es directamente proporcional al número de clientes que potencialmente podrían caer en sus redes.

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El esquema de Impsat parece sencillo y parte del ya famoso -outsourcing, sólo que aplicado al ámbito de las telecomunicaciones satelitales, campo poco explorado hasta hace unos años. “Las compañías tienen que poner en la balanza qué es lo que les conviene más —señala Jorge Sardaneta, director de Mercadotecnia y Relaciones Institucionales de esta compañía—: comprar un equipo que con el tiempo se volverá obsoleto o pagar por nuestros servicios.” Impsat asegura que se puede hacer responsable de proporcionarle tecnología de punta a aquellas firmas que la requieran, sin verse obligadas a realizar grandes inversiones en activos o en capacitación del personal.

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Por una cuota mensual —que varía de acuerdo con el paquete contratado—, Impsat pone a disposición de los corporativos un abanico de servicios de telecomunicación, que van desde la transmisión de voz, datos y -videoconferencias hasta el acceso a Internet. Además, la empresa se hace cargo de la instalación, mantenimiento, monitoreo y mejora continua de los equipos.

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¿Operación independiente o parasitaria?
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Parece un negocio seguro. Sin embargo, pocos lo vieron así a mediados de los años 80. Con el auge de las comunicaciones privadas vía satélite muchas compañías buscaron establecer su propio sistema de telecomunicación. Tales fueron los casos de Hughes (General Motors) e Infratel (Banamex). En cambio, Impsat decidió hacer a un lado cualquier proyecto de lanzar un satélite propio o vender tecnología a empresas, y optó por rentar espacios y subarrendarlos a quienes necesitaban incrementar su acceso a este tipo de servicios.

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“Operamos independientemente de quién sea el dueño de la tecnología: Hughes, Panamsat, Telecomm o Intelsat. Estamos conectados a nueve satélites y contamos con una capacidad total de transmisión de más de 400 Mhz en ancho de banda. Es decir, más de la que puede ofrecer un único satélite.” En México, la firma dispone de un transpondedor completo en el Solidaridad II.

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Si bien para algunas compañías dedicadas a la venta de equipos no dudarían en calificar este esquema como “parasitario”, el caso es que surge como una estrategia para enfrentar un entorno inflacionario. Durante el pasado decenio, mientras las empresas instaladas en Argentina sufrían en carne propia los estragos de la hiperinflación, cayeron en la cuenta de que la única manera de mantener el ritmo tecnológico era a través del arrendamiento. Cuando a finales de los 80 se liberalizó el uso de las terminales de amplitud muy pequeña -(o Very Small Amplitude Terminals, VSAT), desarrolladas en Estados Unidos para fines militares, IMPSA —el grupo de empresas capitaneadas por Enrique Pescarmona— fue de los primeros en hacer uso de esta tecnología. Ello constituye el origen de Impsat, la cual desde entonces buscó conquistar el espacio latinoamericano.

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Para asegurarse la apuesta, la empresa estableció una asociación con la compañía Stet-Italia —poseedora del 25% de las acciones—, gracias a lo cual Impsat dispone de enlace satelital directo con los cinco continentes.

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Ocho años después de su fundación, la firma cuenta con más de 700 clientes y ya ha instalado un total de 5,500 estaciones en Argentina, Colombia, Chile y Ecuador, presentándose como la principal red satelital de telecomunicaciones empresariales en América Latina. Impsat domina 54% del total instalado en la región, en lo que se refiere a telepuertos compartidos (antenas centrales maestras que permiten acceder a la comunicación con satélites) y en 1996 registró una facturación superior a los $120 millones de dólares, la cual confía en triplicar durante los próximos tres años.

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No resulta extraño que la empresa se interese ahora por emprender la conquista de Brasil y México, pues ambos países suman más de 50% del mercado total de telecomunicaciones latinoamericano. Sin embargo, los tiempos de la empresa no se han ajustado a lo que sucede en la realidad. Mientras que a Brasil llegó demasiado temprano —en la nación carioca apenas comienza el proceso de desregulación de las telecomunicaciones—, en México operan desde enero pasado y Sardaneta admite que no llegaron “en el momento justo”.

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Señala el directivo: “El mercado privado satelital en México es maduro”. Con más de 14 años de desarrollo del sector en el país, las 5,000 antenas terrestres instaladas aquí para transmisión de voz, datos y videoconferencia —sin tomar en cuenta los tres millones de antenas de televisión— dan fe del buen impulso que han experimentado las empresas mexicanas en materia satelital con respecto a sus vecinos latinoamericanos.

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Sin embargo, de acuerdo con Sardaneta, llegar a destiempo no necesariamente significa llegar tarde: el desembarco en México de la competencia para la telefonía de larga distancia así como el lanzamiento del sistema de televisión -Direct To Home (DTH) auguran un futuro esperanzador para la multiplicación de los negocios de Impsat.

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Prueba de ello son los $50 millones de dólares que la empresa piensa invertir durante los próximos tres años para la instalación de telepuertos en la ciudad de México y, posteriormente, en -Guadalajara y Monterrey, a través de los que pretende enlazar a toda la república. El directivo calcula que esta inversión se recuperará en poco más de cuatro años: “En este negocio los costos son bajos porque se trata de una empresa de capital intensivo. Además, es relativamente barato operar en México en relación con el resto del mundo”.

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Los grandes corporativos —financieros, subsidiarias de multinacionales y consorcios de construcción— son los principales clientes que la empresa busca atraer. Con un costo promedio mensual cercano a los $20,000 dólares —sólo para obtener un canal sencillo de transmisión de voz y otro de datos—, difícilmente podrían dirigirse a un segmento menos selecto.

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“No es lo mismo depreciar una red de fibra óptica de 5,000 kilómetros entre 30 millones de usuarios de teléfono que una red satelital para 350 empresas, que son las que realmente requieren un canal privado de comunicación en el país. A pesar de que los precios relativos están disminuyendo, todavía queda pendiente el reto de masificar esta tecnología.”

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En espera de ello, Impsat calcula por lo pronto hacerse de los 95 clientes corporativos instalados en México que ya utilizan su sistema en otras partes del mundo. “Estamos en conversaciones con ellos. La aceptación es muy fuerte.” Pero conseguirlo no es tan rápido: la empresa planea terminar 1997 con 40 clientes en el país, los cuales vendrían a agregarse a los seis que ya han contratado sus servicios —entre los que se encuentran Radio Beep, Wang y Bufete Industrial—. De cumplirse esa cifra, Impsat lograría abarcar 15% del mercado mexicano, que hasta ahora utiliza los servicios de Telecomm (empresa estatal, que pronto será desincorporada).

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La otra telefónica
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¿La llegada de los nuevos carriers para telefonía de larga distancia pondrá en entredicho esas metas? Sardaneta lo niega y destaca las ventajas de su sistema con respecto a los cables de fibra óptica: “La llamada satelital permite un control específico de los costos. Por un mismo precio se puede utilizar el servicio durante 24 horas continuas; la fibra óptica cobra por distancia y por tiempo.”

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Sin embargo, el ejecutivo insiste en que Impsat no es otro contrincante en la guerra por el dominio del mercado telefónico. “La tecnología nos ha enseñado que no todo es competencia: el negocio es establecer asociaciones virtuales, porque ninguna compañía sola es capaz de ofrecer toda la gama de servicios que requieren las empresas. Nosotros nos vemos como un complemento de la fibra óptica.” Entre los competidores directos de esta firma se cuentan compañías como Redsat, Satelitron, Cersa y Bitecom, si bien Impsat se distingue de ellos al no vender equipo.

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Para ello, Impsat dice haber iniciado conversaciones con los grandes -carriers con el fin de ayudarles a cubrir las más de 1,000 ciudades mexicanas que por ahora no están incluidas en sus planes de instalación de red de fibra óptica.

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Competencia o complemento, la transmisión vía satélite guarda otras ventajas que el ejecutivo cuida en destacar. Costos aparte, destaca que el nivel de confiabilidad de la transmisión vía satélite es de 99%, mientras que para la fibra óptica es de 93% y en el caso de la red digital disminuye hasta 80%. “Creemos que podemos ser respaldo del servicio en algunos puntos estratégicos del país para muchas de las nuevas empresas telefónicas”, señala.

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Pero todo en el mundo de las telecomunicaciones funciona de acuerdo con la lógica de la interdependencia y el caso de esta compañía no es la excepción. Para enlazar sus telepuertos y brindar soluciones integrales de comunicación a sus clientes, Impsat cuenta con valerse de las redes de fibra óptica que instalan actualmente las telefónicas. “La idea es crear sinergias”, dice. Además, la compañía está a la espera de que el gobierno haga pública la subasta de frecuencias altas (de 10 a 18 -gigabytes) de radio láser para establecer su propia red interna de enlaces digitales en la república en aquellos lugares a donde no llegue la fibra óptica.

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Queda sin embargo una interrogante: ¿se animarán los corporativos a dejar en manos de una empresa ajena la transmisión de sus datos internos, sin miedo a que surjan problemas en la -confidencialidad y confiabilidad de la información? “La tecnología moderna permite encriptar la transmisión —afirma Sardaneta— para que sólo la conozca el receptor. Además, cada compañía puede tener su propio ancho de banda, basado en los -inroute y outroute, para que ni siquiera se mezclen los datos que se transmiten con los que se reciben.”

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Prueba de la confiabilidad del sistema, según el directivo, es que la mayoría de los bancos centrales y de los ministerios de Hacienda de América Latina son clientes de Impsat. “Nosotros no vemos la información que circula, sólo controlamos la parte tecnológica, para que llegue en el momento y con la calidad que requiere el cliente”, dice.

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Pero este tipo de prejuicios aún son difíciles de eliminar en el mercado mexicano, admite Pescarmona, pues “aún no está preparado para asumir el concepto de outsourcing en telecomunicaciones” y prefiere gastar en la instalación de una red propia. “Eso sale carísimo y tarde o temprano se darán cuenta que tienen que realizar las inversiones en su verdadero negocio, no en aquello que no dominan.”

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