Industria del calzado <br>Primeros pasos

Poco a poco, las numerosas empresas zapateras de Guadalajara recuperan el ritmo. Sin embargo, todav?

Después de un traspié que pudo haberla dejado fuera del camino, la industria tapatía del calzado vive ahora un proceso de recuperación, no obstante que a éste, el segundo centro zapatero del país, responsable de alrededor de 28% de la producción nacional, aún le quedan algunos obstáculos por superar si no quiere sufrir una recaída.

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Número uno en la fabricación de zapato para dama en México, segmento al que dirige 90% de su oferta, la industria empezó a tambalearse desde 1989, cuando una sobredosis de importaciones leales y desleales, aunada a una contracción de la demanda interna, hicieron que la producción disminuyera año tras año. Sumamente debilitada, esta planta productiva, formada en 96% por pequeñas y medianas empresas, no pudo soportar el “mal paso” de diciembre de 1994, al grado que, para el primer semestre de 1995, trabajaba a 30% de su capacidad instalada.

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Benjamín Fuentes Talavera, presidente de la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Jalisco (CICEJ), cuenta que fueron seis críticos meses de paros técnicos, de suspensión de actividades y cierre de negocios —75 de los cuales estaban afiliados a la cámara—, que trajeron como consecuencia la pérdida de 2,000 empleos, sin contar los recortes masivos que se dieron en Calzado Canadá.

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Repentinamente, a partir de junio de 1995, justo cuando el ánimo de los industriales del ramo se encontraba peor, surgió una avalancha de pedidos como si San Crispín, el santo patrono del gremio, hubiese obrado un poderoso milagro.

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Nada de milagros. Lo que sucedió, explica Fuentes, es que, debido a la -implantación de cuotas compensatorias al zapato de origen asiático, los comerciantes comenzaron a frenar sus importaciones y a demandar más producto nacional para resurtir los inventarios que ya se les habían agotado. Al mismo tiempo, cambios muy notorios en la moda del calzado femenino, como la aparición de hormas cuadradas y tacones acampanados y anchos, actuaron también en favor de la reactivación de las ventas, dado que muchas mujeres mexicanas buscan estar al día con las nuevas tendencias.

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Paso a pasito
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Paradójicamente, pese a que a los zapateros jaliscienses les llovieron los pedidos —como para estar trabajando de inmediato a 50% de su capacidad instalada—, su reacción no pudo ser lo rápida que ellos hubiesen deseado. Y es que, como argumenta el líder del gremio, además de que la planta industrial se hallaba en parte desmantelada por los recientes recortes de personal y los cierres de algunas líneas, a lo largo de la cadena productiva se habían acumulado cuellos de botella que impedían retomar el paso: “Nuestros proveedores también tenían problemas, por los que muchos de ellos desaparecieron, algo que también ocurrió con algunos preacabadores. Aparte, hubo muchas importaciones de materia prima y subió el precio internacional del cuero crudo”.

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Por si fuera poco, aunque en mayo de 1995 la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (SECOFI) había anunciado un programa de apoyo a la cadena cuero-calzado con un capítulo especial para -financiamiento, el flujo de dinero nunca llegó a los productores. El problema fue el de siempre: “Los créditos se atoraron en la banca de primer piso”, se queja el presidente de la CICEJ.

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A falta de financiamiento y de capital de trabajo, los industriales de la entidad tuvieron que ingeniárselas para salir adelante. ¿Cómo? Recortando a 15 días el plazo de los créditos que otorgaban a sus compradores, cuando no exigían el pago de contado.

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Otra de las estrategias fue explorar nuevos mercados en el exterior. Señala Fuentes que todavía hace tres o cuatro años no eran más de cuatro las empresas que vendían sus productos fuera de México. Hoy, gracias a la -competitividad que han logrado en precio, calidad y diseño, hay 60 empresas que tienen “proyectos exitosos de exportación”, no sólo hacia el norte, sino también hacia Centro y Sudamérica, por lo que estima que 20% del calzado que se produce en Jalisco está siendo exportado.

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Así pues, aun cuando el sector ha avanzado de tres a cinco puntos mensuales hasta trabajar a 70% de su capacidad instalada actualmente, que le permite producir de 80 a 90 millones de pares anuales, su dirigente considera que todavía no llega el momento de celebrar. “Sí hay una recuperación, pero no tiene todas las bases firmes como para que no hubiera otra posibilidad de recaída”, reconoce.

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Para alejar ese peligro y, sobre todo, para que el ramo termine de recuperarse, el dirigente dice que deben darse ciertas condiciones, algunas de las cuales dependen de los propios productores y otras de las autoridades: acceso real al financiamiento; programas de apoyo al comercio exterior; un tipo de cambio competitivo que permita fomentar las exportaciones, a la vez que importar materias primas; mejorar el servicio y el diseño de los productos para seguir presente en los mercados internacionales y, aunque suene increíble, que exista mano de obra calificada disponible.

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De conjuntarse esos factores, entonces sí, no duda que los zapateros jaliscienses empezarían a caminar con el pie derecho.

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