Industria discográfica e internet. Melo

La distribución electrónica de música se expande en México. La industria fonográfica local prep
Andrés Piedragil Gálvez

A los 19 años, Sean Fenning se convirtió en el hombre más odiado por la industria discográfica internacional. Mientras estudiaba en una universidad del noroeste de Boston, el joven estadounidense diseñó una plataforma de software que permitía, vía internet, el intercambio de documentos. A través de la aplicación basada en la web, Fenning y sus amigos compartían obras musicales, las cuales, previamente, eran convertidas en archivos de formato MP3 –MPEG audio layer 3,– tecnología de codificación que, al comprimir 12 veces el sonido, habilita la transmisión de audio por la Red, así como su correcta reproducción en un equipo de cómputo–.

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La obra del estudiante fue un éxito. En unos cuantos meses toda la comunidad universitaria distribuía canciones con el programa. Fenning abandonó la escuela y, en mayo de 1999, fundó su propia compañía: Napster. Respaldada por una inversión privada de $15 millones de dólares, la empresa entrega en forma gratuita la aplicación que lleva el mismo nombre. Actualmente, en el ámbito internacional, 30 millones de personas utilizan Napster para buscar, enviar y recibir música. Cada semana, la organización añade más de un millón de nuevos clientes –algunos días, los servidores de la empresa están saturados por 800,000 individuos que se conectan simultáneamente–. Bandas sin disquera suben a la red sus canciones –lo cual es legal-, pero cualquier usuario puede poner en la web un disco compacto (CD) que haya comprado, que después puede bajar otro cibernauta. En este último caso, sí hay una violación a la ley.

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La capacidad musical de la web también representa una enorme oportunidad para la industria del hardware. Compañías del sector –como Diamond Multimedia, Creative Labs, Sony e Imation– comercializan dispositivos portátiles que almacenan y reproducen archivos MP3. Los equipos son similares a los walk-man o disc-man actuales. La única diferencia radica en el contenido. Un aparato como el Nomad (creación de la firma Creative Labs) reproduce documentos MP3 y no cintas o CDs. En lugar de grabar el audio de un CD o cassette, el usuario descarga canciones de internet, las archiva en su computadora personal y después transfiere el material al sistema MP3 móvil. Por otro lado, las ofertas de los fabricantes, por lo general, incluyen convertidores de software: programas que el cliente utiliza para transformar al formato MP3 piezas de su colección particular de discos.

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Según la consultora Cahner In-Stat Group, para el ámbito mundial de 2002, las ventas de reproductores MP3 generarán $1,250 millones de dólares. Hace un año, el mercado sólo representaba $126 millones de dólares. Asimismo, en 1999, únicamente 19 empresas fabricaban tecnologías de este tipo. Hoy día, más de 50 organizaciones se disputan el éxito comercial.

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El triunfo de Napster y los sistemas MP3 es del mismo tamaño que el enojo de la industria discográfica. Según los voceros del sector, la tecnología también sirve para fomentar la piratería. La aplicación, aseguran, distribuye gratuitamente canciones  protegidas por las leyes internacionales de derechos de autor; es decir, los usuarios del servicio intercambian contenidos que deberían implicar el pago de regalías a disqueras y artistas musicales. Según cálculos de la Asociación Estadounidense de la Industria Discográfica (RIAA, por sus siglas en inglés), más de 90% de las obras que se manipulan con Napster viola las legislaciones autorales vigentes. Añade que los sistemas MP3 promueven el uso de un formato tecnológico que lastima los intereses económicos del ámbito disquero. El disgusto de la asociación ya generó acciones legales concretas: apoyada por un grupo de artistas, la RIAA demandó a Napster una compensación de $100,000 dólares por cada canción que se haya bajado. El año pasado ese organismo trató de impedir, a través de una corte estatal estadounidense, el lanzamiento del dispositivo MP3 de Diamond Multimedia.

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La reacción de la sociedad industrial, desde un punto de vista estadístico, está más que justificada. Según Forrester Research, programas como Napster provocarán que las firmas discográficas, en el presente año, reporten pérdidas por $3,100 millones de dólares debido a la piratería. El sector no enfrenta un enemigo pequeño: de acuerdo con investigaciones de AMR Research, diariamente –y en una escala global –se descargan 17 millones de archivos MP3. ¿Cuántos pagan las regalías correspondientes? Menos de 10%.

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Ritmos mexicanos

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La relación entre internet y la industria discográfica está marcada por el enfrentamiento y la controversia. No obstante, el paisaje de los mercados disqueros de Latinoamérica todavía no muestra señales graves de conflicto. En términos generales, los países de la región poseen limitadas infraestructuras de acceso a la web, lo que reduce de momento el poder dañino de la tecnología MP3. Por ejemplo, las cifras más optimistas aseguran que en México sólo existen 1.5 millones de cibernautas. Según estudios realizados por Select-IDC, 90% de los hogares mexicanos no cuenta con dispositivos de acceso a la Red.

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Aunque las aplicaciones MP3 son una presencia no deseada,  la industria discográfica local está más preocupada por la copia ilegal de CDs y cassetes musicales. De acuerdo con números de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI, por sus siglas en inglés), el año pasado, en Latinoamérica se confiscaron más de 20 millones de discos compactos piratas (las copias ilegales de CD representan 30% del mercado total).

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A pesar del gran alcance de la distribución ilegal, durante buena parte de la década de los 90 el continente latino fue el de mayor crecimiento, según la IFPI. Hoy día, el mercado regional representa $2,400 millones de dólares en ventas (6% del total global). En México, las ventas de CD aumentarán 10% en 2000, según estimados preliminares del organismo; parece que no extrañan demasiado a Sean Fenning por estos lares.

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México tampoco está al margen de los impactos del MP3. “Internet es un fenómeno global y su alcance –para bien y para mal– es ilimitado. Sin embargo, detectar los efectos negativos sobre el mercado mexicano no es una tarea sencilla. Además de considerar el lugar desde el cual se realiza la descarga, se debe tomar en cuenta el espacio donde reside el servidor que almacena el contenido (para medir el impacto en el país). En la web, rastrear los datos exactos resulta prácticamente imposible. De cualquier forma, la distribución ilegal es un robo y cualquier actividad de ese tipo afecta a la industria en su conjunto”, comenta Alicia Cazorla, directora general de la Asociación Mexicana de Productores de Fonogramas y Videogramas.

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Por tal motivo, las disqueras mexicanas no deben minimizar la amenaza web. En primer lugar, los índices de acceso a internet crecerán en forma impresionante. De acuerdo a una investigación de International Data Corporation y Media Contacts, dentro de dos años el país será el hogar de más de ocho millones de cibernautas, una audiencia que, en opinión del gerente en México de Yeyeye.com, Rafael Gárate, “no aguardará a que las disqueras entiendan la lógica de la web. Tradicionalmente, la industria discográfica mexicana reacciona tarde ante las evoluciones tecnológicas. Todavía hay discos o ediciones especiales que llegan al país dos o tres meses después del lanzamiento original. Si puede conseguir el material inmediatamente en internet –adquiriendo el CD en un sitio extranjero o descargando de la Red las canciones de éxito–, por supuesto que el usuario no esperará a la disponibilidad en el mercado local”.

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Para Cazorla, el factor de la infraestructura tampoco debe representar un excusa: “A escala latinoamericana, México es uno de los países que más crece en número de usuarios de internet. Además, la nación realiza inversiones muy importantes en el desarrollo de nuevas plataformas tecnológicas. Para las disqueras mexicanas, la web, tarde o temprano, será un tema crítico.”

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Discrepancia

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El representante de Yeyeye.com aún no observa señales de interés en el ámbito disquero nacional. “Para las empresas discográficas mexicanas, internet, en términos de distribución y mercadotecnia, representa un mundo totalmente extraño. Por desgracia, la respuesta del sector está lejos de ser la adecuada. Hace varias semanas, Yeyeye quiso organizar el lanzamiento en línea del nuevo sencillo de Alejandro Sanz. La oficina mexicana de la disquera se negó a apoyar la iniciativa. Al final, el proyecto se concretó a través del corporativo internacional y gracias a nuestros representantes en Londres.”

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Gabriel Richaud, gerente de Mercadotecnia Estratégica y Merchandise en BMG Entretainment México, niega los cargos: “El sector reconoce la trascendencia de internet. Como formato de distribución, la Red abre nuevas oportunidades de mercado. La batalla de la industria está enfocada a trasladar el uso de la tecnología de un marco ilegal hacia uno que se apegue a ley. Además, y al margen de las condiciones técnicas que prevalecen en el país, la web ya demuestra su potencial como herramienta de mercadotecnia y promoción. BMG México organiza eventos especiales en web sites locales y el resultado siempre es excelente. Cuando los niveles de acceso mejoren, las empresas también aprovecharan el aspecto de la distribución electrónica.”

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En ese sentido, vale la pena señalar que los proveedores de tecnología, en colaboración con instituciones como IFPI y RIAA, trabajan en el desarrollo de una versión del formato MP3, la cual no podrá reproducirse ilimitadamente. Asimismo, los portales especializados que respaldan las iniciativas antipiratería de la industria –como Yeyeye.com–ya utilizan mecanismos que restringen la copia de archivos. Por ejemplo, el usuario escucha la canción en el sitio, pero no está habilitado para descargarla en el disco duro de su PC.

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A pesar de las protecciones que se cocinan en los laboratorios, Gárate percibe sensaciones de temor en la industria mexicana del disco. “Las empresas no quieren crear otro medio de difusión que resulte difícil de manejar. Hoy, la radio decide quién vende y quién no. Sin promoción radiofónica, cualquier producción musical está condenada al fracaso. Las estaciones de radio están conscientes de ello y se aprovechan de su poder. Ahí nace la llamada payola: ‘quieres que te toque, entonces págame. No pagas. No suenas.’ En el fondo, creo que las disqueras están preocupadas por el nacimiento de un canal de promoción poderoso. Por número de usuarios y alcance geográfico, internet se convertirá en la plataforma de lanzamiento más importante del mundo. Una payola en la web sería virtualmente invencible.”

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En opinión de Cazorla, dicha preocupación no es real: “No hay miedo. Por principio de cuentas, no se puede hablar de competencia entre la radio e internet. El alcance de cada medio es distinto. Para el mercado mexicano, la web sólo representa beneficios. Una muestra: al eliminar la intermediación, el precio al consumidor de los productos tendrá que bajar. Además, si consideramos que la piratería ya casi acabó con los puntos de venta en el país, la Red nos brinda una nueva opción de distribución masiva, la cual es más rápida, más barata y más personalizada al gusto del cliente.”

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La opinión de Richaud apunta en la misma dirección: “Ningún sitio de internet posee un nivel de captación realmente masivo. A diferencia de lo que ocurre en el ámbito punto com, no cualquiera construye una radiodifusora. Entrar en el mercado de la radio es difícil. Existe gran cantidad de sitios que se dedican a la transmisión de canciones; no obstante, muchos están desapareciendo y de los que sobreviven ninguno puede garantizar un liderazgo absoluto en su nicho.”

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Poderosa o no, la música vía internet es una realidad a la que tendrá que enfrentarse la industria discográfica mexicana. Para las nuevas generaciones de usuarios el formato MP3 no es un misterio. Si alguien revisa las computadoras portátiles de los alumnos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, en el menú principal de aplicaciones, seguramente, aparecerá la imagen de un gato que porta audífonos: el símbolo oficial de Napster.

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