Infiltrados

La resistencia de las Pymes a instalar costosas terminales de pago fue su oportunidad de negocio.
Jesús Hernández

ALEJANDRO VILLALÓN
LEONARDO SHAPIRO
TIENDAKIT

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El momento crucial se presentó en la banqueta que antecede a sus oficinas en Polanco. Allí fue donde Alejandro Villalón y Leonardo Shapiro desarrollaron sus dos primeros negocios: una aplicación de e-commerce para restaurante y un software para crear tiendas virtuales en 15 minutos. Ambas fracasaron. Cigarro de por medio, surgió entonces la idea de reorientar la empresa hacia un nuevo horizonte: las transacciones de pago vía tarjetas de débito o crédito.

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Así surgió Tienda-Kit, una empresa que empezó a colocar terminales en marzo de este año y hasta agosto tenía 2,500 instaladas (1.5% del mercado). Cada día suman unas 50 terminales nuevas a su red, por lo que calculan llegar al punto de equilibrio en febrero o marzo de 2006, cuando concreten su ingreso proyectado anual de $3.8 millones de dólares.

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La meta, según Villalón, es llegar en un máximo de tres años a una cobertura de 10 a 12% del mercado. “Entonces nos convertiremos en el fiel de la balanza en la industria”, dice sin ruborizarse.

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Actualmente trabajan en asociación con Santander-Serfin, Mastercard y la empresa de switch de procesamiento bancario Prosa. Pero en su horizonte están otros bancos de México, Centro y Sudamérica e incluso Sudáfrica, de donde han recibido peticiones para obtener sus servicios.

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¿Cómo lo lograron? “Corrigiendo las distorsiones del mercado”, apunta Villalón. Aunque la Asociación de Bancos de México (ABM) intenta colocar terminales en pequeños y medianos comercios, hay resistencia en ese sector por los costos de comisiones. Justo ésa fue la ventana por la cual se infiltró Tienda-Kit al negocio.

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Al usar internet como vía de transmisión de datos, esta empresa redujo el monto de cada transacción de $2.20 a $0.98 pesos. No sólo eso, su tecnología hizo posible que 310,000 establecimientos pequeños y medianos se sumarán a la terminalización. Eso implicaría un incremento potencial de 59% del dinero que movieron las tarjetas en el país durante el año pasado (unos $55,800 millones de pesos adicionales).

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Y es que pese a que el número de tarjetas de crédito y débito –según la ABM– se incrementó de 13 millones a 42 millones en los últimos seis años, las terminales instaladas se estancaron en 110,000 desde hace una década.

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Para los bancos, colocar una terminal –que cuesta entre $250 y $1,200 dólares– sólo se justifica con una facturación mínima de $35,000 pesos mensuales y los establecimientos afiliados son penalizados si no llegan a ese monto.

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Con el modelo de Tienda-Kit, la instalación de la terminal en una computadora es gratis y sólo requiere un aparato sin memoria que imprima los comprobantes de compra y donde deslice la tarjeta.

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El servicio que vende la empresa  incluye aplicaciones de caja registradora, construcción de página web y administrador de catálogos, todo por $130 pesos mensuales, que se reembolsan si el establecimiento rebasa los $15,000 pesos de facturación mensual. La rentabilidad proviene de la comisión por cada transacción.

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Tienda-Kit no sólo atiende pymes, también tiene grandes usuarios con ventas mensuales de $20 a $30 millones de pesos como ADO, muebles Dico, Nine West y la Europea.

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En octubre de este año, calcula Shapiro, Tienda-Kit empezará operaciones con otros bancos, además de explorar nuevas rutas.

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Para los propios directivos el potencial de esta tecnología los puede convertir en una empresa global con nuevos negocios horizontales: desde la impresión de boletos de cine o autobús hasta soluciones de seguridad contra fraudes. Según Shapiro, “hay todo por desarrollar”.

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