Joaquín Baeza <br>El precio del novicia

&#34Echando a perder se aprende&#34, dicen, y tal es el caso de este tapatío que creó un nuevo con

La historia de Joaquín Baeza Serrano parece dirigirse a quienes dudan que la experiencia se construye más con base en errores que en aciertos. Antes de que pudiera ver al Collage convertido en el centro de diversión nocturna líder en Puerto Vallarta, este empresario de 32 años de edad tuvo que pagar cara su novatez de un negocio del que nada sabía.

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Encargado desde los 18 años de tres ranchos propiedad de la familia (dos en Guadalajara y uno en Puerto Vallarta), lo que más conocía este tapatío era el campo. Ahí tampoco tuvo una trayectoria limpia y confiesa que a su papá le ponía las canas verdes con las regadas que daba. Como sea, su campirana actividad lo impulsó a estudiar ingeniería industrial, con el sueño de llegar a formar algún día una agroindustria para transformar los productos del campo.

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Si bien la oportunidad de la agroindustria no le llegó, un grupo de inversionistas lo invitó a asociarse para abrir un boliche en Puerto Vallarta. ¿Un boliche en un destino turístico de playa? Baeza justifica una decisión que se antoja como un volado al aire: “Un estudio de mercado dio como resultado que la gente que vivía en la ciudad no tenía nada qué hacer, pero que tampoco quería jugar boliche porque no lo conocían. Entonces, entrarle al negocio o no para crear una afición que no existía era más bien de feeling.”

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Pero, tal vez por ser el más joven de los socios, las inquietudes de Baeza iban más allá. De ahí que, con la asesoría profesional de un amigo –Job Hernández, quien por esos días había recibido el Premio Nacional de Arquitectura– propuso ampliar el proyecto inicial del boliche, añadiendo un área de usos múltiples y una serie de locales comerciales para venderlo en conjunto como un negocio inmobiliario. Después del estira y afloja, los socios dieron luz verde al proyecto. Los tiempos no fueron propicios: la depresión en la que cayeron los bienes raíces en Puerto Vallarta en esa época auguraba que no iban a vender nada y dieron marcha atrás.

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Buscando soluciones, a Baeza se le ocurrió que otro amigo –Moisés Shemaría, dedicado al negocio de los videojuegos (Diversiones Moy)– podría interesarse en el área comercial como punto de venta para su empresa. Shemaría no se quedó con el área, pero en cambio le dio muchas ideas al novato. Con ellas y otras más que captó en diferentes centros de diversión de Estados Unidos, finalmente concibió el concepto de lo que es Collage: a la idea original del boliche le agregó discoteca, restaurante, salón para banquetes, área de videojuegos y juegos de mesa.

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Baeza cree que Collage era justo lo que Puerto Vallarta necesitaba, pues ofrece diversión para todas las edades. “Es un concepto muy versátil y que no cansa.” Como lo indica su nombre, es una mezcla de ambientes: “A las ocho o nueve de la noche es muy familiar y se puede ir a cenar, a jugar boliche o videojuegos; más tarde, el ambiente es más de adultos.”

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LAS NOVATADAS
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De los seis accionistas iniciales que formaron la sociedad, hoy quedan cuatro. Los que se salieron no aguantaron el paso de una inversión que, para 1993, había llegado a $5 millones de dólares. El mismo Baeza fue invitado para aportar $100,000 dólares (para una participación de 20%), pero al final terminó poniendo casi $800,000 dólares.

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Además de las aportaciones de cada uno de los socios, se solicitó un crédito por $500,000 dólares. Con la lentitud que caracteriza a las instituciones financieras, los recursos llegaron casi cuando Collage estaba abriendo, lo que desbalanceó el análisis de gastos.

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Pero eso no fue lo más difícil del arranque. “Lo más difícil –confía Baeza– es que ninguno de los accionistas teníamos idea del negocio.” La cuarteta de socios quedó integrada por un hotelero, un industrial textil, un médico y Baeza, aún dedicado al rancho de Puerto Vallarta.

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Por ello se vieron obligados a “piratearse” a un gerente general de un centro de diversión de Estados Unidos, que no resultó ser tan bueno como esperaban. Fue entonces que Baeza entró de lleno a manejar Collage, haciéndole de todo, como Dios le daba a entender. “No obstante, el negocio fue tan bueno desde el principio que pagó muchas de las tonterías que hicimos.”

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La buena racha continuó hasta los fatídicos “errores de diciembre”. Obviamente, lo más afectado fue la amortización de una deuda que, de pronto, se duplicó. En contraste, las ganancias cayeron, pues para no ahuyentar a la clientela nacional decidieron no aumentar los precios de los servicios.

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Pasó 1995 y el negocio revivió al año siguiente. En 1997, Collage cerró con ventas por casi $15 millones de pesos, con un margen de utilidad de 40%.

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Para Baeza, una vez que se creó la afición por el boliche entre los habitantes de Puerto Vallarta, a diario los lugareños llenan esa área, volviendo el negocio muy estable. Con un promedio de ocupación de 35 líneas diarias por pista, no titubea en calificarlo como “un exitazo”.

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En cambio, la discoteca depende mucho de los altibajos turísticos. En diciembre, explica, se llega a manejar arriba de 35,000 personas nada más en esa área, pero en meses de temporada baja (como en octubre) las cifras caen a la mitad.

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Lo sorprendente es que, con fluctuaciones y todo, la disco es el corazón del negocio. El promedio anual de ocupación de Collage es de 287,000 personas. Por ello, Baeza presume: “Somos los líderes en Puerto Vallarta en diversión nocturna.”

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TODOS AL COLLAGE
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Consciente de que Collage nunca podrá competir contra el sol y la playa, Baeza considera factible darle un movimiento adicional al negocio durante la noche y, con esa mira, el área de restaurantes ha sido remodelada, intentando integrarla más con la discoteca. De este modo, a los 600 clientes adicionales les podrán dar todo tipo de espectáculos nocturnos.

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La meta es incrementar el volumen de ocupación del centro de entretenimiento en no menos de 15%, pero el empresario aclara que la intención es conservar la misma composición en los clientes: 60% nacionales y 40% extranjeros. “Queremos seguir con la misma mezcla, porque el nacional es el mejor turista del mundo. Es el que más gasta, se deja apapachar más y, aunque es muy exigente, deja muy buenas propinas.”

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Lo que también se busca es abrir más el abanico de edades de la clientela y llegar al segmento mayor de los 30 años que, si bien conforman el grueso de los turistas que visitan este puerto, Baeza reconoce que es el mercado al que el centro de entretenimiento ha tenido mayor problema para atraer.

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Para los próximos años, las metas son ambiciosas: “Quiero que cada uno de los turistas que visiten Puerto Vallarta conozca el Collage”, dice y, entrado en gastos, no descarta la posibilidad de abrir una sucursal en otra ciudad. “Tenemos el concepto, el nombre, un buen servicio; lo que nos hace falta son billetes.”

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En lo personal, al también ex presidente del Centro Empresarial de Puerto Vallarta le falta un sueño por realizar: formar su propia agroindustria. Aun estando al frente del centro de diversiones, a diario se da tiempo para encargarse del rancho que su familia tiene en el puerto. “Es mi terapia ocupacional”, dice.

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