José Serrano Segovia

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Jaime Santiago

Dicen que este hombre trabaja como burro. Otros lo han llamado “héroe de 1,000 batallas”; algunos más lo llaman arrogante y le encuentran aspiraciones monopólicas.

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Es lógico que el dueño del más poderoso (tirando a único) grupo naviero mexicano reciba este tipo de alabanzas y críticas. Sobre todo porque él no fundó el titánico grupo Transportación Marítima Mexicana (TMM). Apenas en 1991 le compró el Grupo Servia, que él preside, a Enrique y Rafael Rojas -Guadarrama, sus creadores.

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Una vez con TMM en sus manos, don José Serrano se dedicó a engrandecerlo, arrebatando todos los contratos que ha podido con el cliente más grande del país y, antes, su verdadera competencia en materia de barcos: Petróleos Mexicanos (Pemex).

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Luego de la compra de Tecomar, esta naviera controla más de la mitad del tonelaje que circula por barcos nacionales y tiene 70% de la flota privada en México. ¿Por qué esto no ha suscitado la intervención de la Comisión Federal de Competencia? Muy sencillo: porque el estado de la industria naval nacional es tan lastimoso que TMM domina apenas un 3.5 ó 4% del comercio que se realiza en las costas mexicanas. Lo demás es de extranjeros.

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Con todo, este pequeño trozo del pastel implica tantos millones de dólares que Serrano ha podido financiar ambiciosos planes de expansión hacia el transporte multimodal (utilizando camiones, ferrocarriles y barcos), adquirir concesiones en Manzanillo, Tuxpan y Acapulco, y todavía entrarle a cuanta -privatización tocaba a sus puertas, lo que le ganó el mote de “el ajonjolí de oro”.

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Es cierto, tuvo sus años malos: fue uno de los socios de Carlos Cabal Peniche en el grupo que adquirió Del Monte, en Global Reefer Carriers y en Cremi. No sólo perdió varios millones en el que fue el fraude del siglo, sino que, como San Pedro, tuvo que negar tres veces su amistad con el “sorprendente” Cabal.

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Tuvo que aguantar, por ejemplo, que el famoso Jacques Charveriat, el sacerdote-consejero de Cabal, afirmara ante la policía francesa que don José era uno de sus grandes amigos, que le pasaba honorarios hasta por $20,000 dólares mensuales por sus consejos (quién sabe de qué), y que alguna vez le confío que el “sorprendente” no le mostraba nunca los números del banco, ¡en donde era vicepresidente!

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Peor, ya repuesto del susto perdió las licitaciones de Cremi y Del Monte en 1996, una reventa que tal vez le hubiera permitido recuperar algo de dinero. No sólo eso: se le fue el puerto de Veracruz, contra ICA, y Altamira II, contra Tribasa.

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Mas la suerte le cambió pronto, y ya ganó una concesión que le está quitando el perfil de naviero para, ahora sí, convertirlo en el rey del transporte en México: en asociación con -ferrocarrileros de Estados Unidos, Grupo Mexicano de Desarrollo y otros más, ganó la ruta del noreste, un conjunto de vías que parte desde la ciudad de México y pasa por el vital Nuevo León, tocando a los principales puertos de carga en el país. Ahora sí, las mercancías mexicanas pueden irse desde la capital del país hasta Chicago en sus propias vías.

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El proyecto, sin embargo, va a costar bastante dinero: para asegurarse de no perder, su grupo ofreció tres veces más que su competencia más cercana. No pocos analistas cuestionaron de entrada la viabilidad de esa inversión, “degradando” la calificación de sus papeles de deuda.

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Pero ni hablar, si por esta vía continúa pasando 70% del comercio entre México y Estados Unidos como hasta ahora, Serrano está sentado en una mina de oro. El gobierno lo adora por haber subido tanto el precio de los trenecitos que vende, y se le están abriendo las puertas de otros interesantes negocios, como el de las telecomunicaciones (¿qué tal pasar cables por sus 4,800 kilómetros de vías concesionadas?).

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¿Tendrá suficiente don José Serrano? Quién sabe, por ahora sigue peleando por la concesión del Puerto de Vallarta, tiene una vicepresidencia en Grupo Financiero Inverméxico y buenos amigos en el medio, como Carlos Hank Rohn, importante accionista en TMM. Si todo le sale moderadamente bien, de ahora en adelante esta cara va figurar mucho más en la segunda mitad del sexenio.

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