Juego millonario

A diferencia del futbol, el basquetbol no tenía tradición de patrocinios... Hasta que llegó Gonz?
VF

Los encestes de Eduardo Nájera valen algo así como $8 millones de pesos al año. Por supuesto, sin equipo no cobraría lo mismo. Además de hacerlo con sus compañeros en los Mavericks de Dallas, juega con Roberto González, estratega responsable de su imagen. "Cada vez hay más empresas convencidas de que el basquetbol es rentable, que se pueden ligar sus marcas con el deporte, una actividad sana y formativa", explica el manejador. Dice que en México no hay mercadotecnia para el basquetbol como sucede con el futbol. "Es muy difícil porque las empresas no tienen la seguridad acerca de lo que ofreces. Venderles la idea es muy difícil", dice.

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Para lanzar a la popularidad a gente como Horacio Llamas o el propio Nájera empezó por organizar espectáculos con figuras como Earvin Magic Johnson. "Vino a México a prender el fuego para que la gente supiera que el basquetbol es un escaparate de marcas." A partir de ese momento comenzaron a caer los patrocinios de firmas importantes como Telmex y Bimbo.

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Para González, este es un mercado tan arriesgado como el de la bolsa de valores. Aquí, la visión es clave. "Desde que conocí a Eduardo sabía que iba a destacar, porque tiene un ingrediente muy importante: disciplina. Sé que tiene la constancia para ser un gran jugador (como lo fue cuando jugó en la liga colegial) y ya lo demuestra ahora que comienza como profesional en los Mavericks."

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Otro elemento necesario, además de ser un buen jugador, es la confianza que le pueda dar a los patrocinadores. "Deben construirse relaciones con ellos a partir de hechos concretos y de credibilidad."

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Aunque hay deportes como el futbol que atraen mayores recursos y hacen más fácil la vida de un promotor deportivo, González no deja de confiar en el negocio del baloncesto. "En México, 43% de la población juega futbol y 18%, básquet, así que hay un nicho tremendo por explotar", destaca.

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El negocio que realiza le recuerda cuando jugaba en la liga estudiantil estadounidense. "Hubiera querido tener a alguien que me apoyara y manejara, porque cuando se juega a nivel estudiantil uno necesita que alguien haga trabajo fuera de la cancha para poder desarrollarse como profesional. A veces se empieza a ganar dinero y no importa ver a futuro. Sin embargo, si hay alguien atrás es distinto."

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Eso es precisamente lo que hace con Eduardo Nájera. La experiencia le ha enseñado que no sólo los jugadores deben ser disciplinados, también es una obligación del manejador; a esto hay que sumarle fuertes dotes de persuasión. "Los empresarios han de decir: ahí viene otra vez el latoso de Roberto."

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