Jugada imposible

Los clubes de futbol se preparan para su prueba más importante: ganar dinero. Una decisión de FIFA
Zacarías Ramírez Tamayo

Alrededor de 20 medios de comunicación nacionales y uno extranjero se apretujan en la reja que limita la cancha de prácticas. ¿Qué hizo el Club América para merecer tal atención? Fue uno de los ocho clasificados a las semifinales del campeonato local y se mantiene en la pelea por la Copa Libertadores (un torneo de equipos sudamericanos), contesta un reportero sin mayor entusiasmo.

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Difícilmente otro deporte puede tener una cobertura de prensa tan amplia para una simple sesión de entrenamiento. Lo extraordinario del futbol, dice el gerente de Mercadotecnia de una firma de refrescos, es que el interés de los aficionados no depende de temporadas o fechas especiales. Más aún lo es el que, pese a su gran popularidad, quienes administran a clubes y jugadores se declaren siempre al borde de la quiebra.

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En una encuesta del organismo que rige al balompié en el mundo, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), México aparece como uno de los países donde más adultos practican con cierta regularidad el juego, alrededor de 7.4 millones, por arriba de Brasil y China. Se calcula que en torno a este deporte se genera localmente un mercado de $60,000 millones pesos.

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Esto abre múltiples posibilidades para la difusión de marca, asegura Ricardo Rojas, gerente de Mercadotecnia de las bebidas de cola de Pepsi. A partir de 1998, esta corporación decidió que era momento de enfrentar a Coca-Cola en las canchas de futbol. Se decidió a participar en el patrocinio de equipos y jugadores, pero en vista de que en esta materia no hay mucho que enseñarle a su acérrima rival (cuyo logotipo aparece a menudo al lado del de la FIA, y en México se ha posado en la indumentaria de más de la mitad de los equipos) la compañía decidió ir por otro lado. Sin abandonar los patrocinios, se echó a cuestas la organización de un torneo entre unos 120,000 estudiantes adolescentes de escuelas de más de 20 ciudades del país. El propósito es que esto se convierta en una experiencia de la vida de los muchachos, señala el ejecutivo, y que involucre a sus familiares y amigos. Para reforzar este resultado, Pepsi invita a representantes de los clubes profesionales a que evalúen si algunos jóvenes pueden ser sumados a sus fuerzas básicas.

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Mecenas en apuros
Mientras los patrocinadores cultivan mercado para el futuro, quienes dirigen el futbol tratan de que no se les escapen las fuentes de ganancia. Un anuncio hecho por FIFA el año pasado, en el sentido de que los equipos afiliados de todo el mundo debían cambiar la manera en que compran y venden jugadores, encendió la luz de alerta. Al ver amenazadas sus inestables finanzas, los clubes volvieron a la letanía del riesgo de quiebras generalizadas.

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Prácticamente todas las asociaciones tienen dificultades financieras, dice Alberto de la Torre, presidente de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), especialmente aquellas que, como el León, no tienen el respaldo de una empresa importante, sino que están en manos de mecenas. Los propietarios del Club La Piedad han decidido retirarse de esta actividad después de que las deudas los obligaron a invitar como inversionistas a los actuales administradores del equipo.

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Los dueños de los conjuntos atribuyen las pérdidas al alto costo de adquisición de jugadores y en general a la onerosa manutención de su actividad. De acuerdo con el directivo de la FMF, tres cuartas partes de los gastos de los clubes están asociados con los futbolistas, desde la compra de la carta (contrato de servicios de un deportista, pero que se negocia entre equipos sin la presencia de éste) hasta los costos corrientes derivados de los constantes viajes y estancias en hoteles. "El futbol mexicano está totalmente inflado, sobre todo las transferencias, los sueldos y las primas."

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Los jugadores profesionales son clasificados en titular base, titular, reserva y novato, y sus ingresos son extremadamente desiguales: van de $10,000 dólares al año, que obtiene un novato en Atlas, el club de De la Torre, a $1.5 millones de dólares que ganan los jugadores consagrados (ver Expansión 796). Sus percepciones se integran por el sueldo mensual, la firma de contrato –de cuyo monto, se dice, reciben una cuarta parte– y compensaciones o primas ligadas al logro de objetivos, como alcanzar cierto número de puntos, ganar o empatar partidos clave, clasificar a rondas superiores y, evidentemente, ganar el campeonato.

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De la Torre afirma que ni siquiera las empresas cementeras, televisoras o cerveceras que poseen equipos en la primera división obtienen ganancias; los beneficios son en imagen y presencia de marca, señala.

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Un dirigente del Club América, propiedad de Televisa, le da la razón. El equipo reporta pérdidas, observa, sin embargo es un escaparate publicitario y aporta una porción importante de contenido para la barra deportiva de sus canales.

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Una razón para los altos precios es un mercado distorsionado por los torneos cortos, apuntan algunos involucrados. La obligación de acumular puntos desde la primera fecha acentuó el pragmatismo de los entrenadores a la hora de definir su lista de titulares. Los intermediarios, o promotores, capitalizaron esa necesidad inflando las cualidades de sus representados y su costo. Una práctica ilegítima que, se dice, ha sido consuetudinaria en el futbol, contribuyó a la irregularidad de precios: los entrenadores piden a sus directivos la compra de cierto jugador, impulsados por una comisión, antes que por su capacidad de juego.

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El hecho es que el nuevo procedimiento de FIFA fue mal recibido. El organismo pretende que los deportistas sean dueños de su propia carta, en un intento por poner fin al cuestionado comercio de jugadores sin su consentimiento. Salvo unos cuantos casos, ningún atleta tiene opción de decidir dónde quiere jugar, dice José María Huerta, presidente de la Asociación de Futbolistas Profesionales, un sindicato en ciernes.

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Los directivos mexicanos, aliados con los de otros países de Latinoamérica, se opusieron a la medida y lograron que FIFA concediera, para el caso del país, una prórroga de dos años en la aplicación de la medida. Clubes como América enfrentan hoy la tarea de amortizar en sus balances financieros el monto invertido en unos 100 jugadores, entre activos y jubilados que aparecen en el renglón de activos, con el fin de adaptarse a la disposición. Definitivamente hay una pérdida, dice una fuente del Club, pero ya ha sido asumida. Lo mismo deben hacer Cruz Azul –propiedad de la cementera del mismo nombre– y Tigres –perteneciente a Cemex–, poseedores de numerosas cartas. Muchas de ellas las prestan, es decir, rentan, a equipos de primera y segunda división.

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Administrar la pasión
Consciente de que la pasión por este deporte, tan saludable en los aficionados, es peligrosa cuando se le sobrepone a criterios de administración, la FMF ensaya una jugada inédita: hacer que los clubes ganen dinero. La premisa es sencilla –no gastar más de lo que ganan– pero casi ilusoria, dadas las circunstancias. No se puede aumentar la tarifa de ingreso a los estadios, acepta De la Torre, por lo que se debe aumentar la asistencia. Sin embargo, este propósito choca con los riesgos que representan las aglomeraciones y la violencia en las tribunas para el sector comercialmente más atractivo, compuesto de padres de familia y niños.

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Respecto a los derechos de transmisión por televisión tampoco hay mucho que hacer. El medio paga en función del nivel de audiencia y éste no se eleva por decreto. En el terreno donde el organismo del futbol nacional podría incidir, la comercialización de artículos asociados con los equipos y los jugadores, el atraso es notable. "Estamos en pañales en ese renglón –señala el directivo– por lo que tratamos de formar un nuevo departamento dedicado a él." En los 75 años que tiene de fundada la Federación, acepta, no ha habido un área que cubra específicamente esa función. La comercialización genera frutos, señala De la Torre, pero no a los clubes. "Es negocio para el que transmite, el anunciante, los jugadores de alto nivel, los que venden las mercaderías en los estadios y hasta para el gobierno, que recauda impuestos."

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Lo mejor que pueden hacer los equipos mexicanos es formar jugadores. Sin embargo, eso requiere de instalaciones adecuadas y, lo que es más importante, de un plan de trabajo de largo plazo y entrenadores profesionales.

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La historia no termina ahí. Una cláusula de la nueva disposición –que establece la obligación de indemnizar al equipo vendedor de un futbolista por haberlo formado profesionalmente– ha sido vista como el camino a tomar por quienes buscan seguir negociando como hasta ahora.

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En otras palabras: apenas es el primer tiempo.

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