Jugadas millonarias

A golpes o batazos, hacen fortuna. Además de su habilidad, requieren algo de suerte y buenos contra
María José Martínez

Son los ídolos de multitudes, esas mismas que además de ser admiradoras, seguidoras o fanáticas de sus favoritos, hacen posible que el deporte sea un gran negocio, porque pagan los boletos a las competencias y, principalmente, porque conforman el gran público consumidor de las compañías que, a su vez, directa o indirectamente proveen las cuentas bancarias de los deportistas.

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Aunque para tramitar el pasaporte al éxito necesitan buena forma física, técnica y disciplina, eso no es suficiente. Con el fin de mostrar su destreza en los cuadriláteros, canchas, o pistas de primer nivel, los deportistas deben saber promoverse o, lo que ocurre más comúnmente, requieren de un representante, buscador de fortuna, que los descubra como a un tesoro, y los lance al mundo de la fama y el dinero. Tendrán que saber "venderse", y no sólo a los clubes u organizaciones deportivas sino, sobre todo, al mundo empresarial, que los financia en última instancia. Pero, ¿quiénes son los más afortunados? ¿Cuánto ganan?

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Muchos creen que los mejores futbolistas gozan del estrellato no sólo entre el público… sino también entre las carteras de toda clase de campeones. Su millonario éxito económico es un secreto a voces, aunque también una verdad a medias. Porque el suyo es un deporte de masas, o porque se trata además de un espectáculo en el que se pueden desplegar anuncios de cualquier tipo en carteles y hasta en la indumentaria de los jugadores, es cierto que, por lo general, los futbolistas se llevan una recompensa muy alta tras cada partido. Sin embargo, ni son sólo ellos, ni son todos ellos los que ganan mucho dinero. El deportista mejor pagado en la historia de México no practicaba el balompié, sino el boxeo, y entre los futbolistas, las diferencias salariales según el club, e incluso dentro del mismo equipo, son inmensas.

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Mientras un joven jugador de los Pumas de la UNAM o el Atlas de Guadalajara gana cerca de $5,000 dólares mensuales de nómina, frente a sus $60,000 dólares anuales se sitúan quienes, como el goleador Jared Borgetti, del Santos de Torreón, rozan los $1,5 millones de dólares en 12 meses. Sin embargo, Borgetti no es el que ha ganado más; Luis Hernández se embolsaba cerca de $2 millones de dólares cuando militaba en préstamo en el Galaxy de los Ángeles, además que cada mes el América –equipo al cual su carta pertenecía en propiedad– le pagaba otros $40,000 dólares al mes, sólo de sueldo.

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Hay otros pasaportes a la abundancia. Se estima que sólo entre 1989 y 1993 el pugilista Julio César Chávez ganó –fisco aparte– entre $40 y $50 millones de dólares, es decir, cerca de $10 millones al año, quizás el deportista mexicano mejor pagado de la historia. Y si bien es cierto que pasaron los tiempos del boxeo multimillonario para los mexicanos, todo indica que pueden volver: Marco Antonio Barrera engancha por pelea $1.5 millones de dólares, y se sube al cuadrilátero entre dos y tres veces por año. Sin golpes de por medio, y como algo establecido en el mundo del box, su representante se embolsa 15% del botín, aunque la tasa es variable. La cadena televisiva HBO le ofreció un jugoso contrato, pero lo rechazó para seguir cobrando por pelea. En su último combate de abril pasado en Las Vegas ganó $2 millones de dólares.

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Erik Morales es otro pugilista que obtiene cantidades similares a las de Barrera, y tiene un buen extra con los servicios de televisión Pay Per View, que le reportan $200 pesos por televidente en cada presentación.

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El automovilismo no es el deporte más popular de México y, sin embargo, en materia económica Adrián Fernández no tiene nada que envidiar a los que sí lo son. Tan veloz en la pista como en los contratos, el corredor de Fórmula Cart acelera sabiendo que al año no recibirá menos de $3 millones de dólares. Este año montó su propia escudería: Fernández Raising. Antes estaba con Patrick Raising, propiedad de un empresario estadounidense dedicado a la actividad petrolera. Un muy buen negocio para las escuderías y los corredores es vender los espacios publicitarios de los autos: Adrián muestra en ellos a Tecate, de Femsa, a Quaker State, Firestone y Telmex, entre otros, que le proporcionan un ingreso mucho mayor al que recibe por sus victorias deportivas.

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Militando en el extranjero, se encuentra el deportista mexicano que hoy gana más dinero: el beisbolista Vinicio Castilla, de los Astros de Houston, cobra nada menos que $7.2 millones de dólares anuales. En México, sin embargo, esta actividad no remunera tan bien como el futbol; un principiante puede cobrar sólo $5,000 pesos al mes, mientras que el ingreso más alto no supera los $12,000 dólares mensuales.

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Por el contrario, aunque el futbol pague bien aquí, en el extranjero no hay seguridad de aumentar la cuenta bancaria: el delantero Cuauhtémoc Blanco quemó las naves y se fue a España por un préstamo de $100,000 dólares. "En Valladolid, Blanco gana lo necesario para alquilar un pequeño departamento y vivir sin grandes problemas –comenta un especialista deportivo–. En realidad lo apostó todo por muy poco."

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En cuanto al basquetbol, en el país no se puede pretender mucho: hay federación, pero no hay una liga nacional. Y lo más cerca para triunfar es lo más difícil de conquistar: la estadounidense National Basketball Association (NBA). Sin embargo, tres mexicanos lo lograron; quien abrió la brecha fue Horacio Llamas en 1997, aunque ahora arrastra una lesión; los otros dos son Víctor Ávila, que intenta escalar desde la Liga de Desarrollo de la NBA (NBADL), y el que parece que lo hizo mejor, Eduardo Nájera: su salario en su actual equipo, Dallas Mavericks, es de $500,000 dólares al año, aunque Wonder, de Bimbo, Telmex, Telcel, la cervecera estadounidense Anheuser-Busch (accionista de Grupo Modelo) y Nike le aportan patrocinios por más de $900,000 dólares, con lo cual acumula ingresos cercanos a $1.5 millones.

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Quien coqueteó recientemente con la fortuna fue el seleccionado nacional de futbol Rafael Márquez; en Europa se comentaba su posible pase al equipo que ha pagado las cartas más caras de este deporte en el mundo, el Real Madrid español; hasta ahora, sin embargo, no se ha podido dar ese lujo, todo ha quedado en un flirteo, y él continúa en el Club Mónaco, de Francia.

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Menos vale el oro

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Quienes tienen peor fortuna en México son los atletas, a pesar de que su esfuerzo, entrenamiento y preparación es tan o más exigente que en el resto de los deportes. Sus ingresos fijos, incluso en casos como los de la halterófila Soraya Jiménez, medalla de oro en los pasados Juegos Olímpicos de Sydney, Australia, o la velocista Ana Gabriela Guevara, medalla de bronce en el mundial de Edmonton, en Canadá, dejan mucho que desear, si bien ambas han tenido oportunidad de participar en publicidad comercial. En su caso no existe club, ni equipo, ni representante. Nacido en 1998 de un acuerdo entre el gobierno y la iniciativa privada, el cima (Compromiso Integral de México con sus Atletas) se ocupa de mantener económicamente a los mexicanos olímpicos.

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"Los atletas tienen una beca, pero es algo complejo, porque su salario depende de su clasificación", comenta el periodista deportivo Luis Manuel López. Para obtener la ayuda del cima, añade, tienen que figurar dentro de los 16 mejores del mundo en su disciplina. El organismo mixto otorga una beca mensual de entre $14,000 y $36,000 pesos (es decir, un máximo de $46,000 dólares al año) a un total de 75 atletas, más la promesa de un premio de $50,000 dólares en caso de ganar una medalla de oro olímpica.

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Nóminas aparte, ¿dé qué viven clubes, equipos y deportistas? ¿De dónde sale el dinero? Incluso en las más variadas disciplinas la respuesta es la misma: del patrocinio. "Las marcas trabajan de manera diferente con cada deportista. En el caso del patrocinio individual, las empresas pueden ofrecer dinero o productos al deportista que use su marca. En el caso de los equipos es tan simple como que las compañías pagan a los clubes porque en el uniforme de cada uno de los integrantes aparezca el logotipo que se haya acordado", explica Enrique del Castillo, directivo coordinador del Club América.

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No obstante, contra la creencia popular, los jugadores no siempre reciben un extra en su salario a cambio de recorrer el terreno mostrando una firma. Coca-Cola, por ejemplo, tiene un contrato de exclusividad con Grupo de Fútbol Televisa, por el cual los futbolistas del Necaxa y del América (clubes propiedad de la televisora) visten la marca en cada partido y no reciben nada a cambio. Más aún: en el Estadio Azteca sólo se venden refrescos de esta compañía. El monto de la inversión es misteriosísimo: "La política de nuestro presidente es no desvelar cifras de ningún tipo en lo que se refiere al club. Lo que sí puedo comentar es que en este momento también nos patrocinan Nike, Corona, y recientemente Roshfrans", comenta del Castillo.

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Si bien Pepsi no domina el Azteca, lo cierto es que no se queda atrás: su arma secreta es el patrocinio individual. "El mundo del deporte tiene mucho que ver con los valores de nuestra empresa y su filosofía –dice Adriana Mendizábal, vicepresidente de Mercadotecnia de Pepsico de México–. Con el eslogan Pide Más decimos pide más a la vida, y creemos que va muy de la mano del esfuerzo de los deportistas en disciplina y respeto a nuestro país."

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Suena bien, pero seguro hay más. Pepsi es el patrocinador oficial de los clubes de futbol Puebla, Cruz Azul y Los Tigres, además de tener bajo su ala a varios deportistas que de manera independiente y fuera de la cancha divulgan el mensaje de la marca y crean imagen para la empresa refresquera. Y una pista: el publicitado equipo Pepsi –conformado por futbolistas del tamaño de Braulio Luna, Luis Hernández y Rafael Márquez– supone para la compañía una inversión de alrededor de $500,000 dólares al año, con una fluctuación de más menos 30%, según la temporada.

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"En nuestro equipo hay varios jugadores que cuentan con patrocinio independiente pero, excepto en los guantes o los zapatos, no pueden salir a la cancha con una marca que no pertenezca al club", aclara del Castillo.

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Lo que sí pueden hacer es pasear su famoso y millonario cuerpo con la ropa que deseen mientras estén fuera de la cancha. Y como ellos, prácticamente todos: los atletas también compiten mejor gracias a la ayuda de Nike, Reebook o Fila, entre otras marcas y empresas. Aunque las compañías insisten en negarlo, el patrocinio es más una cuestión de negocios que deportiva. Se trata, para todos, de un trabajo en equipo.

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